SEBASTIÁN AUYANET
El nuevo trabajo de los de Chicago los encuentra plantando bandera con un sonido propio y único. Eso no sería nada si además no viniera con varias canciones capaces de enamorar a cualquier oído.
Es probable que Wilco sea la banda más indiscutida en el mundo del periodismo musical. Desde la extraña edición de Yankee hotel foxtrot en 2002 (el sello Reprise de la Warner lo rechazó y le regaló los derechos que luego fueron comprados por Nonesuch, también perteneciente a esa multinacional), a Wilco le llovieron los elogios. Hoy, ni David Letterman se resiste a elogiarlos e invitarlos a tocar a su programa.
Además, han sido señalados como pioneros de cuanto género nuevo se inventara, desde neo-folk, country alternativo o nueva americana. Como también suele suceder, el disco que lo sucedió (A ghost is born) se llevó los premios que merecía el anterior -entre ellos dos Grammy- y siguió un camino saludado por la crítica hasta Sky blue sky, que en 2006 trajo más pasajes de arreglos musicales delicados y disfrutables en casi todas las canciones. Se puede revisar la canción Impossible Germany en Youtube para comprobarlo.
Decir que Wilco es (o supo ser) una especie de The Band contemporánea sería un poco duro para con el grupo que lideraba Robbie Robertson entre los 60 y los 70, y que Martin Scorsese retrató en la película El último vals. Ellos nunca tuvieron la proyección que hoy tiene Wilco en el mundo de la música popular. Pero a Jeff Tweedy y los suyos, que han homenajeado a próceres del folclore americano como Woody Guthrie y grabaron discos con el legendario Billy Bragg, la comparación no les queda grande.
¿Qué es lo que hace genial a Wilco? Para empezar, que sus músicos pueden generar confort y sonar virtuosos y a la vez inquietos; como una versión americanizada de Radiohead con pasajes delirantes de ruido, todo en el mismo paquete. De momento no hay otra banda que consiga todo esto sin saturar. La otra explicación quizá se encuentre en que todo esto lo logra un grupo de tipos que están más cerca de la paternidad que de la pretendida coolez del "indie" actual, lo que de alguna forma transmite su música.
Este nuevo trabajo no lleva el nombre de la banda porque no se les ocurrió algo mejor. Sucede que después de seis discos de estudio, hoy son una de las pocas bandas en el mundo del, digamos, "country folk rock" -géneros donde hoy la novedad no es frecuente y la originalidad pasa poco por lo musical- esta banda de Chicago confirma un sonido propio, apoyado en el somnoliento registro de voz de Tweedy y en las guitarras que por detrás y con sutileza activa Nels Cline, uno de los mejores ejecutores que han aparecido en los últimos diez años.
Esa confirmación le cuesta a Wilco el hecho de sonar menos audaz que en anteriores trabajos pero favorece a quien nunca escuchó a la banda. En Wilco confluye todo lo que es Wilco: las baladas más reposadas como You and I los momentos inquietantes de Bull black nova -una especie de alucinación en la que Tweedy se ve como un asesino dentro de un auto ensangrentado como el de la película Pulp fiction- y las piezas de pop perfectas como One way, I`ll fight o Sunny feeling.
Esa confianza y tranquilidad que invade al grupo se ve en todo Wilco, un disco relajado de "dad rock" (rock para papás, según la nueva denominación de algunos críticos del Norte) de un grupo que tiene al frente a un tipo que aún canta con la misma ternura sobre angustias de veterano, pinchazos y alucinaciones narcóticas.