En busca del cine del mundo

| A lo largo de su fugaz visita, se entrevistó con realizadores y autoridades oficiales uruguayas

GUILLERMO ZAPIOLA

Estuvo unas horas en Montevideo, y siguió viaje luego para Buenos Aires, Thierry Frémaux, director artístico del Festival de Cannes, uno de los encargados de seleccionar los films que habrán de participar en las diversas secciones de ese acontecimiento cinematográfico anual francés, uno de los más importantes del mundo en su género. Nacido en Lyon hace 45 años, Frémaux tiene a sus espaldas una sólida carrera vinculada con el cine, incluyendo entre otras responsabilidades la dirección del Instituto Lumiére, una de las cinematecas más completas y prestigiosas de Europa, que preside su amigo y mentor Bertrand Tavernier.

Cannes llega el próximo año a su edición número cincuenta y nueve, aunque su prehistoria pueda hacerse retroceder hasta 1939. Ese año, un puñado de franceses amantes del cine imaginó una respuesta al Festival de Venecia, creado antes por Benito Mussolini como una forma de promover a Italia y su régimen fascista. Sin embargo, un factor imprevisto o no tanto, la Segunda Guerra Mundial, postergó hasta el final del conflicto el verdadero comienzo del Festival.

La primera edición se inauguró a las 21 horas del 20 de septiembre de 1946. En una sala modesta, sobre una pantalla más o menos bien instalada, un público no demasiado abundante pudo ver, sin embargo, un film como La batalla del riel de René Clément, vigorosa recreación de la reciente resistencia contra el ocupante nazi, y descubrir algunas de las primeras manifestaciones de lo que ya había comenzado a denominarse "neorrealismo italiano". Quienes dieron una vuelta por la cercana playa de Croisette acaso también se cruzaron con algunas jóvenes soñadoras, bastante ligeras de ropas y de cascos, y muy dispuestas a abrirse camino en el mundo del cine, que pronto serían bautizadas con el término starlets. La historia posterior tuvo algunos tropiezos (no hubo festival en 1958, ni en 1950), pero a partir de los años cincuenta Cannes se afirmó (con Venecia y Berlín) como una de los tres festivales cinematográficos más importantes del mundo.

VOLUMEN. Una de las pruebas del enorme trabajo que Frémaux y los otros organizadores del festival deben encarar cada año la dan los simples números. Para la edición del año próximo, los programadores deben ver alrededor de mil quinientas películas, de las cuales se seleccionarán 23 para la muestra a concurso, un número similar para la sección Una Cierta Mirada, y una decena de títulos a exhibirse fuera de concurso. Ello da una idea de la complejidad y el rigor de la tarea, que busca además un equilibrio entre tres áreas: el valor artístico, el cine industrial de calidad y el descubrimiento de nuevos valores. En palabras de Frémaux: "Es importante tener Shrek, pero también la película pequeña y valiosa de Tailandia o Uruguay" (recordar que la verdadera rampa de lanzamiento de Whisky para el mundo fue Una Cierta Mirada de Cannes).

Para Frémaux, que viene todos los años a Buenos Aires y entendió que esta vez debía venirse también a este lado del río, se trata de "algo natural", una actitud de apertura hacia el cine latinoamericano (y también hacia Asia, o Africa). "Hay que salir a buscar las películas, no quedarse a esperarlas en París", sostiene.

Buen francés, reivindica el carácter colectivo y democrático del cine, la visión en sala ("Lumiére contra Edison") que a su juicio no va a desaparecer a pesar del DVD, la televisión u otras formas de consumo doméstico. Y defiende también la importancia de la actividad de los festivales (Cannes en primer lugar, claro, es parte interesada, pero también otros) en cuanto a "posicionar" (bendito neologismo) a una película de cara a su posterior distribución comercial: eso sirve para Whisky pero igualmente para Woody Allen, cuyas acciones críticas subieron con Match Point, su último film, luego de las opiniones mezcladas que generaran sus trabajos inmediatamente anteriores.

De todos modos, Frémaux insiste en que "mostrar películas es sola una parte de la actividad", y la punta del iceberg. El resto, desde la promoción al establecimiento de contactos, también contribuye a que la magia del cine perdure.

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