Ayer a las cinco de la mañana falleció la actriz de El Galpón Sara Larocca, de forma repentina, producto de un paro cardíaco. Pese a contar con 84 años, la intérprete se encontraba hasta la víspera en buen estado de salud, habiendo asistido el jueves pasado a una reunión en la institución. Sus restos fueron velados ayer, desde el mediodía a las 16 horas, en el local de la compañía, que la contó entre sus filas desde 1954.
Nacida en Buenos Aires en 1922, se inició junto a Atahualpa del Cioppo en La isla de los niños, cumpliendo luego en El Galpón diversas tareas como actriz, directora y docente, llegando a dirigir la escuela de teatro de la compañía. Su actividad también se desarrolló en otros ámbitos institucionales, habiendo presidido la Sociedad Uruguaya de Actores desde 1968 a 1972.
Entre sus primeros trabajos como actriz de El Galpón sobresalieron el de Elena, de El gesticulador, que Del Cioppo dirigió en 1954 a partir del texto de Rodolfo Usigli. Esa misma temporada, y bajo las órdenes del mismo director, interpretó a una campesina en El círculo de tiza caucasiano.
Su talento como actriz fue creciendo a través de títulos como Androcles y el león (de Shaw, dirigida por Juan José Brenta en 1955), Las tres hermanas (Chéjov, dirigida por Del Cioppo en 1956), Más allá del horizonte (O`Neill, con dirección de Candeau) y El herrero y el diablo (versión teatral de Juan Carlos Gené de Don Segundo Sombra, de Ricardo Guiraldes, con dirección de Ugo Ulive.
Su participación en las puestas de El Galpón se sucede ininterrumpidamente hasta que Del Cioppo montó en 1973 un clásico de Florencio Sánchez, en una versión de la que la actriz dejó un sentido testimonio. "Nosotros estábamos dando justamente Barranca abajo cuando el personaje central, don Zoilo, que lo hacía Braidot, fue preso. Recuerdo que entonces Yáñez salió al escenario a leer el papel, y el público ya se dio cuenta cada vez que pasaba eso", declaró en una entrevista de 1991.
No tardó en caer presa, víctima de la dictadura, y luego recordó algún episodio gracioso de su vida carcelaria. Con un tomo de Lope de Vega como gran compañía, organizó en la prisión una serie de actividades de limpieza, logrando mejorar sensiblemente la higiene del lugar, en la calle Maldonado. "Nos convertimos (con Rosita Baffico) en jefas de limpieza. Una mañana escuchamos mucho ruido en el patio y vemos a unos 10 o 12 muchachos aprendices de `tira`. Estaban tomando una lección de gramática y discutían si `halla` se escribía con o sin hache. Al cabo de un buen rato, Rosita no resistió su vocación de profesora, se acercó y les ofreció ayuda. Ellos la miraron asombrados y le dijeron: `Sí, cómo no, siéntese acá`. Le hicieron un lugar y durante algunas horas Rosita les estuvo dando una clase de gramática".
De sus años de andar por el mundo destaca su estadía en Cuba, donde vivió una década, siendo jurado en el concurso Casa de las Américas, de 1977, y recibiendo la condecoración de la Orden de la Cultura Nacional en 1983. En sus viajes por América y Europa durante la dictadura procuró apoyo para los actores presos, participando en numerosos foros teatrales.
De su rica experiencia en el Exterior siempre subrayó el aprendizaje que supuso aprender a trabajar para públicos muy distintos.
De regreso a Uruguay, dirigió entre otros trabajos ¿Quién dijo miedo, Devic?, obra de Wilfredo Jiménez que fue realizada en la Asociación Cristiana de Jóvenes en 1996.
Su último trabajo como actriz fue en Cuentos de hadas, de Raquel Diana, una sentida historia sobre la vida cotidiana durante la dictadura, en la que interpretó el papel de Carmen, actuación que dirigida por Juan Carlos Moretti le valió el Florencio 1998 a Mejor Actriz de Reparto.