GUILLERMO ZAPIOLA
Si a Robert De Niro le ha funcionado, ¿por qué no a Jack? La fórmula sobre la que está construida Locos de ira, película que se estrena hoy en varias salas montevideanas, es la de reunir a un comediante probado (en este caso Adam Sandler) con un actor prestigioso, oscarizado y veterano (ahora Jack Nicholson), en una comedia que primero los enfrenta y luego los hace amigos. Los elementos anecdóticos no son por supuesto los de Analízame y su secuela Analízate, pero la idea de fondo puede ser la misma, con Jack y Adam en lugar de De Niro y Billy Crystal.
El mecanismo se dispara durante un vuelo de avión, en el que el tímido Sandler, que no se atreve a besar a su novia en público y es humillado por su jefe, es tomado erróneamente por un tipo irascible: ya se sabe que la distracción de las azafatas puede sacar de sus casillas a cualquiera. El hombre termina ante un tribunal, y la jueza lo enfrenta a una disyuntiva: puede elegir entre ir a la cárcel, o aceptar una terapia para el control de la agresividad junto con el psiquiatra Jack, que casualmente viajaba en el mismo avión.
Que el desorbitado y con frecuencia agresivo Nicholson encarne a un experto en el control de la ira puede ser el mejor chiste de esta comedia que se juega, muy notoriamente, a la diversidad de personalidades de sus dos intérpretes principales. El guionista David Dorfman explica que lo que más lo atrajo fue la idea de un individuo tranquilo y pacífico a quien se confunde con un tipo iracundo, y al que se lo obliga a tratarse con otro que lo irrita particularmente: el psiquiatra Nicholson obliga justamente a Sandler a hacer todo lo que le molesta
Por un lado, Sandler parece estar pasando por un buen momento, y tras varias labores de estricta comedia ha podido llamar la atención de la crítica por su labor en Embriagado de amor (Punch, Drunk, Love), el último film de Paul Thomas Anderson, aún no estrenado en Montevideo. Por otro lado, Nicholson había vuelto a arañar el Oscar con su reciente trabajo en Las confesiones del señor Smith, película de Alexander Payne en la que proporcionó una composición más interior y sentida de las que suele ofrecer habitualmente.
HUMOR. En un reportaje que se le realizara con motivo de Las confesiones del señor Smith, Nicholson pudo reconocer que últimamente ha venido haciendo demasiados personajes "tristes", algo que que el actor vincula a lo que denomina "su acercamiento al otoño de la vida". En cambio, Locos de ira lo devuelve a un territorio de humor que sin embargo nunca le ha sido del todo ajeno, y en el que suele disfrutar sobreactuando gozosamente (recordar sin ir más lejos su labor como El Guasón en el primer Batman de Tim Burton, o su oscarizada labor para Mejor imposible de James L. Brooks). Ciertamente, ha habido en la carrera de Nicholson más drama que comedia, con algunas culminaciones en Conocimiento carnal de Mike Nichols, Mi vida es mi vida y Castillos de arena de Bob Rafelson, Atrapado sin salida de Milos Forman o El resplandor de Kubrick, y el humor, cuando lo hay, suele ser negro (algunos de los títulos mencionados antes, o El honor de los Prizzi de John Huston, Marcianos al ataque de Burton o Las brujas de Eastwick de George Miller). Sin embargo, el actor parece dispuesto a seguir jugando un tono más ‘light’: tras Locos de ira, Nicholson se ha involucrado en un nuevo proyecto, una comedia romántica dirigida por Nancy Meyers en la que actúan también Frances McDormand, Diane Keaton y Keanu Reeves.
Varios cómplices habituales de Adam Sandler asoman en el elenco de Locos de ira: Luis Guzmán, quien actuara también en Ojos de serpiente y Atrapado por su pasado de Brian De Palma y en Un romance peligroso, Vengar la sangre y Traffic de Steven Soderbergh, había trabajado con Sandler en Embriagado de amor; Allen Covert ha aparecido en casi todo film previo de Sandler y es también coproductor ejecutivo. El elenco incluye también a Marisa Tomei (Mi primo Vinny, Bienvenidos a Sarajevo, Equinoccio, Chaplin, Cuando salí de Cuba), Woody Harrelson (Propuesta indecente, Asesinos por naturaleza, Larry Flynt, el nombre del escándalo, Bienvenidos a Sarajevo) y John Turturro.
director. Comandando la empresa está el director Peter Segal, un experto en comedia que debutó en el género en 1994 con La pistola desnuda 31/3, última incursión fílmica del inepto policía Frank Debrin encarnado por Leslie Nielsen, y luego estuvo a cargo de la secuela de El profesor chiflado interpretada por Eddie Murphy. Exhibió un mejor nivel en Desorden en la Casa Blanca, una comedia que no llegó a verse en cine en el Uruguay pero aparece de tanto en tanto en cable, y que se apoya sobre todo en Jack Lemmon y James Garner, dos grandes comediantes que encarnan a ex presidentes norteamericanos, antiguos rivales políticos que se unen para combatir un caso de corrupción. Este va a ser un año movido para Segal, quien también está trabajando en la serie televisiva Hidden Hills, para NBC.