El placer de la guitarra solista

| Critica | EDUARDO ROLAND CONCIERTO DE GUITARRA Programa. Obras de Agustín Barrios, Bach, Schubert (Mertz) y Gentil Montaña Intérprete. Eduardo Fernández Lugar. Espacio G, jueves 11 de setiembre

En un hecho fuera de lo común, el internacional Eduardo Fernández (La Paz, Canelones, 1952) se presentó ante el público en un auditorio ‘informal’, más cercano a un pub o boliche que a una sala de conciertos. Este insólito acontecimiento (que según trascendió se debió a una iniciativa Fernando Cabrera) constituía una atractivo extra, lo mismo que la realización de una entrevista en vivo con el guitarrista previo al inicio de cada parte del concierto.

La respuesta del público a esta novedad (concertista de música culta en ambiente de música popular) sorprendió hasta a los propios organizadores, en tanto los dos jueves la sala se llenó, hablamos de unas 150 personas ocupando la totalidad de las mesas disponibles.

Acorde con las botellas de cerveza y las picadas que se observaban sobre las mesas (mientras tocó Fernández el silencio fue total) el guitarrista, como es de sentido común, no vistió de gala. Otro detalle inusual para quienes lo hemos visto muchas veces en festivales guitarrísticos o siendo solista de orquestas sinfónicas.

Ahora bien, luego de la entrevista y de un breve comentario acerca del compositor y guitarrista Agustín Barrios, Fernández comenzó a ejecutar La catedral una de las obras más conocidas de aquel paraguayo bohemio que vivió un buen tiempo en nuestro país. Para quien escribe, los primeros compases trajeron una nueva sorpresa, esta vez desestabilizadora: Eduardo Fernández, el "monstruo casi sobrenatural" parecía algo inseguro y tocó algunas notas en falso.

Más allá de que la ejecución de ‘notas falsas’ no menoscaba la calidad de ningún intérprete (y menos tratándose de la guitarra), lo cierto es que uno de los aspectos que alimentaban la grandeza de Fernández era esa condición de "máquina sonora" infalible. Este traslado de las salas de concierto al boliche parece entonces haber humanizado por unos momentos a quien fuera artista exclusivo del prestigioso sello inglés Decca-London.

Luego de una interpretación algo racional de las tres obras del sanguíneo Agustín Barrios, llegó un momento casi insuperable: la ejecución de la Suite para laúd N° 1 en mi menor de Johann Sebastian Bach. En esta obra tan cara al repertorio de la guitarra ‘clásica’ (y muy popular por cierto), Fernández no solo se mostró como un gran intérprete sino que también dejó en claro su talento y oficio para el arte de la trascripción, ya que la "traducción" de la pieza al idioma guitarrístico le pertenece.

Además de la solidez y claridad con que el guitarrista hizo ‘visible’ la arquitectura bachiana, asombró la precisión y el concepto estilístico a la hora de ejecutar los permanentes adornos —barroquismos, al fin— que enriquecen la notable estructura contrapuntística del maestro alemán.

En la segunda parte, Fernández propuso primero un conjunto de canciones de Schubert (para canto y piano) en transcripción de Mertz, y luego la Suite colombiana N° 4 de Gentil Montaña, guitarrista y compositor colombiano que hace un par de años cautivara al público local en una actuación en la Sala Zitarrosa en la cual hizo un repertorio con obras propias inspiradas en ritmos folclóricos de su país.

Justamente la Suite que Fernández estrenó en estas actuaciones del Espacio Guambia basa sus cuatro extensos movimientos en diversas expresiones populares tratadas con un cuidado lenguaje guitarrístico de cuño erudito. El guitarrista uruguayo transitó la exigente partitura de Montaña de manera satisfactoria, imprimiéndole una variada gama de matices expresivos y acercándose en buen grado a esa fuerza "popular" que en Montaña parece natural y que en Fernández (de formación netamente clásica) se diría adquirida.

El broche de oro llegó como primer bis, en respuesta a los fervorosos aplausos (y gritos): Eleanor Rigby de Lennon & McCartney en trascripción de Eduardo Fernández. Una verdadera joya que seguramente pasará a ser parte del mejor repertorio guitarrístico del siglo XXI.

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