El oro de los inmigrantes

2008-02-20 00:00:00 300x300

GUILLERMO ZAPIOLA

Puede ser un signo de los tiempos. Casi la mitad de las veinte candidaturas al Oscar por actuación corresponden a "extranjeros", es decir, gente no nacida en los Estados Unidos. La mundialización es en todo el mundo, y avanza.

Dar el número exacto se vuelve un poco complicado, porque hay casos fronterizos, pero simplificando se puede decir que son nueve en veinte. Uno de los casos fronterizos es la muy joven Saoirse Ronan, de Expiación, que nació realmente en los Estados Unidos pero sus padres son de origen irlandés (de hecho su padre, el actor Paul Ronan, ha desarrollado la mayor parte de su carrera en las Islas Británicas), y compite por el premio a mejor actriz secundaria con una película inglesa. Otra mezcla más larga de contar hay con Viggo Mortensen.

La lista de "extranjeros" empieza con Daniel-Day Lewis, favorito para el premio a mejor actor por Petróleo sangriento, nacido en Inglaterra aunque hijo de irlandeses, y que renunció a su ciudadanía británica para asumir la de sus padres; sigue con Cate Blanchett (dos candidaturas: actriz principal por Elizabeth: la Edad de Oro; actriz secundaria por I`m not There), que es australiana; con la británica Tilda Swinton (actriz secundaria por Michael Clayton); con otra británica (Julie Christie), una francesa (Marion Cotillard) y un español (Javier Bardem). La frase inscrita en la base de la Estatua de la Libertad, a la entrada del puerto de Nueva York, que alude a una tierra abierta a las esperanzas y los sueños del mundo sigue siendo válida, por lo menos para algunos.

Corresponden empero algunas precisiones. En realidad la Academia nunca ha estado totalmente cerrada al talento extranjero. De hecho, el primer actor protagonista que ganó un Oscar fue un alemán (Emil Jannings por The Last Orders), y una veintena de intérpretes de otras nacionalidades, mayoritariamente británicos, también lo obtuvieron. Los norteamericanos sienten una particular fascinación por la escuela inglesa de actuación, y lo han probado premiando a Charles Laughton, Robert Donat, Laurence Olivier, Alec Guinness, David Niven, Rex Harrison, Peter Finch, Jeremy Irons, Anthony Hopkins y varios más, aunque no ha faltado algún austríaco (Maximilian Schell), y hasta un italiano (Roberto Benigni) que hizo un papelón cuando fue a recibir su premio.

Lo mismo ocurre con el Oscar a mejor actriz. Cuando no lo llevó una norteamericana cayó generalmente en manos británicas (dos veces Vivien Leigh; las hermanitas Joan Fontaine y Olivia de Havilland, esta última también dos veces: Liz Taylor, dos veces; Julie Andrews; Julie Christie; Maggie Smith; Glenda Jackson; Emma Thompson), aunque ha habido también alguna sudafricana (Charlize Theron), alguna neocelandesa inmigrada de Australia (Nicole Kidman), alguna sueca (Ingrid Bergman), un par de italianas (Anna Magnani, Sophia Loren), alguna francesa (Simone Signoret).

Es cierto que en la mayoría de los casos, esos extranjeros y extranjeras han sido premiados por películas norteamericanas o, por lo menos, habladas en inglés, algo que se cumple este año incluso con la candidatura del español Bardem. Es más infrecuente que la Academia se fije en labores en otro idioma o en películas totalmente extranjeras, aunque lo hizo con la Sophia de Dos mujeres (primer Oscar a un trabajo de actriz en italiano), y podría no haberlo hecho con Benigni (también en italiano). Este año hay un ejemplo de ese tipo de excepción: Marion Cotillard solamente podía ser Edith Piaf en francés, o sería otra cosa.

APERTURAS. Por atrás de la erudición inútil del mero listado surgen algunas reflexiones. En primer lugar, la comprobación del incremento del fenómeno. Nueve en veinte es casi la mitad del total, lo que implica un fenómeno de

"internacionalización" creciente.

Tampoco ello es totalmente nuevo en Hollywood, cuya industria ha venido absorbiendo talento ajeno desde los años diez y veinte, desde Chaplin a Antonio Moreno, desde Ernst Lubitsch hasta Greta Garbo y hasta Salma Hayek, Russell Crowe y Antonio Banderas, pasando por los exiliados alemanes en los treinta y lo más valioso del cine australiano en los setenta. Lo llamativo, una vez más, son los porcentajes en que ello se produce.

El historiador Erik Hobbsbawm ha propuesto una explicación. Hollywood depende más que nunca de los mercados extranjeros. En los felices tiempos del sistema de estudios y los presupuestos razonables, los costos se recuperaban en el mercado interno norteamericano y todo lo que venía del extranjero era ganancia pura. Dicho en otros términos, Hollywood podía prescindir totalmente del mercado extranjero y seguir ganando dinero. Eso no ocurrre hoy. Las estrellas pueden ganar setenta millones de dólares por una sola película, pero a menudo los números solamente cierran gracias al mercado mundial. Hay que tener más en cuenta el gusto ajeno, y ello vuelve más fluidas las fronteras. Los protestones de siempre pueden quejarse por la invasión del imperialismo, pero el imperialismo también debe dejarse invadir por gente de afuera para fabricar un producto más internacional. El movimiento es en las dos direcciones.

Han quedado atrás los tiempos en que (según palabras de un empresario norteamericano) "donde entra una película norteamericana entran más refrigeradores norteamericanos, más autos norteamericanos, más televisores norteamericanos". Hoy los autos son japoneses, los televisores coreanos o chinos, y las películas deben incorporar a latinos, británicos, franceses o australianos para llegar a más gente. Para todos ellos, Hollywood sigue siendo por supuesto la gran vidriera, el lugar para llegar al mercado mundial. Un medio, no un fin. Y ambas partes salen ganando.

Los propios interesados lo entienden, por otra parte. Hollywood (donde se reciben sin duda presiones muy fuertes) no es visto como un lugar para vivir, sino donde se va a trabajar. Lo decía Antonio Banderas: "Hollywood es un mundo muy competitivo, muy fuerte, por lo que haberme mantenido diecisiete años con una media de trabajo interesante ya ha sido importante. ¿Cuántos años más voy a aguantar este ritmo de vida? No lo sé. Ahora me estoy planteando trabajar mucho más en mi propio país".

Bardem manejó la misma idea en un reportaje concedido a este diario: "Yo vivo en España, y a Los Angeles voy, paso por las oficinas, trabajo y vuelvo a casa. No vivo allí". Ambos tienen la suficiente inteligencia como para saber empero que ese lugar de trabajo es insustituible (por las posibilidades de difusión, por las cifras que les permite percibir), y que gracias a ello pueden hacer otras cosas. A veces hasta los premian con el Oscar.

Cuando los actores se repiten

Cate Blanchett es la primera actriz que ha sido candidata dos veces al Oscar por el mismo personaje: ya había sido la reina Elizabeth I hace diez años.

Cuatro actores a lo largo de la historia han repetido esa hazaña: Bing Crosby (El buen pastor y Las campanas de Santa María), Paul Newman (El audaz y El color del dinero), Peter O`Toole (el rey en Beckett y El león en invierno), Al Pacino (Michael Corleone en dos Padrinos).

El poeta hincha de San Lorenzo que se coló en las candidaturas

Un distraído lo llamó hace poco "la Cenicienta del Oscar". dando a entender que su candidatura había sido una sorpresa de último momento y que nadie esperaba que ganara. Esto último es casi seguramente cierto. Viggo Mortensen no va a ganar, aunque probablemente sea, junto con Tommy Lee Jones, uno de los dos mejores actores en competencia. Por supuesto, no practica los desbordes histriónicos de Daniel Day-Lewis, ni el desenfado posmoderno de Johnny Depp. Sin embargo ha habido verdaderos elogios para su trabajo en la película "Eastern Promises" de David Cronenberg, que se estrenará entre nosotros el 25 de abril.

Y hay un real talento en Mortensen, que nació en Nueva York, pero es sólo norteamericano a medias. Su padre era danés y su madre americana, vivió en Venezuela y Argentina, es hincha de San Lorenzo, habla seis idiomas, es fotógrafo y poeta, y ha dicho que no sólo él merecía ser candidato: Cronenberg debió también figurar como director.

Nueve candidaturas por actuación son de artistas extranjeros

Tom Wilkinson

Michael Clayton

Inglés, nacido en Leeds, West Yorkshire, el 12 de diciembre de 1948. Ya había sido candidato al Oscar por el drama "En el dormitorio", y repite por "Michael Clayton", aunque las evaluaciones previas no le auguran grandes posibilidades.

Julie Christie

Lejos de ella

Nacida en Chabua, Assam (India) el 14 de abril de 1941. Ciudadana británica, claro. Ganó un Oscar por "Darling" (1965) de John Schlesinger. Va por el segundo por "Lejos de ella", y tiene grandes posibilidades de ganarlo.

Marion Cotillard

La Vie en Rose

Francesa, nacida en París el 30 de setiembre de 1975. Es probablemente la más seria competidora de Julie Christie por el Oscar a mejor actriz protagónica. En "La vie en rose" no "hace" de Edith Piaf: "es" Edith Piaf.

Javier Bardem

Sin lugar para los débiles

Nacido en Las Palmas de Gran Canaria, Islas Canarias, España, el 1 de marzo de 1969. Es su segunda candidatura al Oscar (la anterior la recibió por "Antes que anochezca"), y esta vez casi seguro que llega.

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