El mago bueno que salva Nueva York

| El viernes se estrena la película "El aprendiz de brujo"

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GUILLERMO ZAPIOLA

El arco temporal es bastante amplio: arranca en los tiempos del rey Arturo y el mago Merlín, y tras una vasta elipsis llega a nuestros días. Entre ambos extremos transcurre "El aprendiz de brujo", película protagonizada por Nicolas Cage.

De hecho, solo el prólogo se ubica en los tiempos de Camelot: allí, Merlín (James Ste- phens) combate a sus archienemigos Morgana Le Fay (Alice Krige) y Marvin Horvath (Alfred Molina), y los reduce largamente a una condición inofensiva.

La amenaza reaparecerá en tiempo contemporáneo, y ahí es donde transcurre la mayor parte de la película. Un mago "bueno" (Cage) debe salvar a Nueva York del personaje de Molina, la peor amenaza que la ciudad ha debido soportar desde Bin Laden, y para ello recluta a un joven estudiante (Jay Baruchel) para hacerlo su aprendiz. Cage deberá impartir a su alumno un curso relámpago de magia avanzada para poder hacer frente a sus crueles enemigos. El resultado es una aventura en la que hay gárgolas que cobran vida, dragones del Barrio Chino que escupen auténtico fuego, bolas incendiarias que brotan de las manos de los personajes, y otros acontecimientos inusuales.

MAGIA. Por supuesto, la historia tiene una larga prosapia. Fue primero una balada de Goethe, luego un poema sinfónico de Paul Dukas, y más tarde el más recordado episodio de Fantasía, una de las más ambiciosas producciones animadas de Walt Disney.

De hecho, lo que propone ahora la misma empresa Disney en complicidad con el superproductor Jerry Bruckheimer (responsable de la saga Piratas del Caribe y de casi cualquier cosa con explosiones y efectos especiales que se haya puesto a tiro del espectador en las últimas dos décadas) es una relectura muy libre del tema, que originalmente tenía que ver, sobre todo, con un ayudante de brujo que desencadenaba poderes que se le escapaban de las manos, y ahora se entronca y se amplifica en el marco de una ancestral lucha entre hechiceros buenos y malos.

El film constituye también la tercera colaboración entre Cage y el director Jon Turteltaub, quienes ya trabajaron juntos en las dos entregas de la saga La leyenda del tesoro perdido. Por debajo de esos antecedentes, el cineasta ha emitido también los efluvios políticamente correctos y más o menos New Age de Fenómeno (1996, con John Travolta) e Instinto (abajo la humanidad, vivan los monos, 1999), que querían ser tomados más en serio y lo fueron menos.

A Turteltaub le gustó la idea de instalar en un ambiente contemporáneo una historia de magos y brujos. "La idea es que los brujos y el antiguo arte de la hechicería aún están vivos en la Nueva York de hoy", explica el cineasta. "Más que crear cosas, es mucho más entretenido mostrarle al público la magia en aquellas cosas que pueda reconocer".

El productor Bruckheimer comparte la idea: "Amo el mundo de la magia y me resultó realmente atractivo poder brindárselo a un público contemporáneo", sostiene. "Siempre me han gustado las historias con un elemento mágico, y El aprendiz de brujo es una de la más grandiosas de todos los tiempos. Creímos que sería tremendamente emocionante desarrollar esa idea en una historia completamente nueva, ubicada en el mundo moderno".

De hecho, los cineastas buscaron lo más reconocible de la Gran Manzana para ubicar la acción de su película: en la pantalla asoman Times Square, el Edificio Chrysler, Wall Street, el Barrio Chino, Greenwich Village y el Rockefeller Center, entre otros. El guión fue escrito por Doug Miro y Carlo Bernard, quienes también escribieron El príncipe de Persia (otra fantasía de rápido consumo). Bruckheimer no solamente logró el protagonismo de Cage sino que reclutó a otros rostros conocidos para el elenco secundario: el excelente Molina, Monica Bellucci, Alice Krige.

Una película poblada de efectos especiales implica que, muchas veces, el intérprete se encuentre haciendo su trabajo con una pantalla verde al fondo, y no interactuando realmente con lo que luego el espectador verá en la sala. Nicolas Cage reconoce que eso es una complicación, pero al parecer ya se ha acostumbrado. "Actuar es usar la imaginación", declara. "De eso se trata todo, en definitiva. Yo realmente disfruto actuando contra una pantalla verde, porque puedo imaginarme todo lo que se supone que está pasando a mi alrededor. Hice una película llamada El ladrón de orquídeas, donde interpreté escenas que tenían cuatro páginas de diálogo y en las que hablaba con mi hermano mellizo, que en realidad no era más que una pelota de tennis y una máquina expendedora de combustible. De modo que estoy acostumbrado. Puedo entender a los actores que tienen problemas para actuar cuando nadie les habla, o no tienen delante nada ante lo que puedan reaccionar, pero yo disfruto con la pantalla verde. Y también con la azul".

MITOS. Había por lo menos otros elemento que atrajo a Cage (además de la necesidad de arreglar sus problemas con la Impositiva norteamericana) para rodar El aprendiz de brujo. "Siempre me interesaron la mitología arturiana, el ciclo del Grial y las historias y leyendas de la antigua Inglaterra", explica. "Quería hacer una película que tuviera esas resonancias, y al mismo tiempo fuera familiar. Soy un ecléctico. Me gustan las películas de medianoche, pero también los entretenimientos que pueden ser compartidos por padres e hijos. Démosle algo que puedan ver juntos, y reírse juntos. Tiene sentido para mí que si interpreto a un personaje que se apoya en la magia y no en las armas de fuego, puedo entretener a toda la familia".

Cage está seguro de que esa idea es compartida por su director y su productor. De Turteltaub asegura que era el director adecuado para el film, como lo fue según él de la saga del Tesoro perdido. Y con respecto a Bruckheimer (para quien ha trabajado ya en siete ocasiones) asegura también que se trata de "un hombre que sabe entretener al mundo". Y está seguro de que lo ha logrado una vez más.

Cuando un ratón encarnó al aprendiz

Originalmente, El aprendiz de brujo fue una balada escrita por nada menos que Johann Wolfgang von Goethe, el autor de la más conocida de las adaptaciones de la historia de Fausto. Más cerca (1897) fue un poema sinfónico compuesto por el francés Paul Dukas.

Para mucho aficionado cinematográfico veterano, la conexión que surge de inmediato es empero el episodio de Fantasía (1940) de Disney, que ilustraba la música de Dukas con el ratón Mickey como protagonista (incidentalmente, Mickey también aparecía estrechando la ma-no del director de la orquesta, Leopold Stokowski).

Jon Turteltaub, director de la nueva versión, admite que su película posee "una gran genealogía Disney". A su juicio, los ocho minutos del episodio de Fantasía son "lo más icónico que se ha creado para el cine", y que era su deber hacer una película que estuviera a la altura de las expectativas a que obligaban los antecedentes. "Y allí es donde empieza a saltar la creatividad", asegura.

El Cage que viene

Tal vez sea por el aco- so de la Impositiva, pero lo cierto es que Nicolas Cage está muy activo. Ha completado una película (Season of the witch), tiene otras tres en postproducción (The hungry rabbit jumps, Drive angry 3D, The croods; en esta última solamente aporta su voz) y una en `pre` (Office paranormal), y en su carpeta están también dos secuelas (la tercera entrega de La leyenda del tesoro perdido, la segunda de El vengador fantasma) y una `remake` (The court- ship of Eddie`s father, película que antes hizo Glenn Ford).

Los aprendices anteriores que ya ocuparon la pantalla de cine

El tema del aprendiz de brujo a quien las cosas se le escapan en determinado momento de las manos es por cierto uno de los más reiterados de la historia. En cine existe, por supuesto, la versión animada de Disney incorporada a su largo Fantasía (1940), pero no ha sido la única. Un listado seguramente incompleto puede empezar, por ejemplo, por un ballet de 13 filmado por Michael Powell en 1955, a partir de la música de Dukas.

Apenas un año después, la televisión norteamericana ofreció una variante del tema, actuada por Art Carney y un elenco de marionetas. Hay una versión canadiense animada de 1980, hecha también para televisión, y que acredita a los hermanos Grimm como autores de la historia original (que en realidad les precedió aunque la recogieran). En 1985 hubo un corto rumano dirigido por Bob Calinescu. Y hubieron otras cosas.

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