The New York Times | Brooks Barnes
Mientras la princesa Rapunzel corre a través de los místicos bosques de "Enredados", nadando en los ríos y metiéndose en túneles secretos, debe dedicar una parte importante de su tiempo a mantener la paz con su novio, un sinvergüenza llamado Flynn Ryder. No le falta valor, pero tanto pelo es mucho para su pequeña cabeza animada.
El lugar que la película ocupa en el mundo real resulta no menos abrumador. Como el largometraje animado número cincuenta de la empresa Disney, el estudio que inventó el medio pero que está teniendo problemas para reencontrar una voz propia, Enredados puede ser la respuesta a una pregunta etérea pero importante: ¿Cuál es exactamente la identidad del cine de animación de Disney al día de hoy?
"No parece haber una sensibilidad conductora, y ese es un enorme problema en este tipo de esfuerzo cinematográfico", dice Neal Gabler, autor del libro Walt Disney: the triumph of the american imagination. "Para hacer arte, hay que tener sensibilidad".
Enredados puede constituir un vuelco. Por primera vez desde que John Lasseter y Ed Catnull fueron puestos al frente de los Walt Disney Animation Studios, un trabajo que vino junto con la compra de Pixar por Disney en la suma de siete mil cuatrocientos millones de dólares en el año 2006, el dúo ha tenido suficiente tiempo para hacer de Enredados una obra maestra. Lasseter en particular pasó tres años trabajando en la película, mucho más tiempo del que le ha dedicado a algunos títulos de Pixar a lo largo de los años.
"Esta película es tan buena como una de Pixar, pero es Disney clásico, y me encanta. Tiene corazón, humor, belleza, música, maravilla, una historia de amor", dice Lasseter. Y agrega: "Algunos piensan que al público no le interesa el estilo clásico de Disney. Que somos más cínicos. Pero yo no lo creo".
El núcleo del cuento está, pero ha sido muy expandido. Cuando un bandido seductor cae en la prisión de la torre de Rapunzel, ella lo convence de que la acompañe en una gira por el reino, en una agitada aventura que termina en amor.
Hasta cierto punto, esto es Disney clásico. Hay una princesa, la figura materna es la villana, y el decorado es mágico. Está cargado de humor físico. Rapunzel entona canciones compuestas por Alan Menken (Aladdin, La bella y la bestia). Y algunos momentos remiten directamente a clásicos de la casa: cuando Flynn y Rapunzel se miran a los ojos un lento paseo en un bote de remos, es inevitable recordar el suntuoso número Kiss the girl de La sirenita.
La propia Rapunzel tiene fluidez y gracia, los que los viejos artistas de Disney llamaban "las poses doradas". (Para lograr esa apariencia, la empresa desarrolló una herramienta que permite a sus dibujantes trabajar en una pantalla computarizada con un lápiz electrónico en lugar de un ratón).
Pero Enredados es también un punto de partida. Hay elementos modernos en la historia, avances tecnológicos nunca vistos antes, y montones de toques Lasseter.
Los directores han dicho que querían que las persecuciones a caballo se sintieran como las de los autos lanzados a toda velocidad en las películas de Jason Bourne. La princesa es ruda: deja atontado a Flynn golpeándolo con una sartén cuando él trepa hasta su torre, y utiliza su cabello como látigo. Hacer del protagonista masculino un ladrón poco simpático es otro giro sutil pero llamativo en una película Disney.
"Quisimos hacer una película de Disney para el público de hoy, pero no copiar el pasado", dice Lasseter. "Quisimos captar la esencia".
Que el pelo de Rapunzel luciera real fue un enorme desafío tecnológico. Byron Howard, codirector con Nathan Greno, cuenta que los técnicos le dijeron desde el principio que sería preferible que Rapunzel nunca se mojara, nunca fuera tocada por otro personaje y, si se pudiera, ni siquiera se cepillara el pelo sobre los hombros. Él se limitó a decirles: "¡Hola! ¡Ahí tenemos toda la película!".
Lasseter está confiado. "Hay una evolución. Las ideas vienen y son muy fuertes. Estamos en el candelero", dice.
Las razones de un cambio de título
Algunas decisiones de "marketing" de Disney han sido controvertidas. En primer lugar, el estudio generó algunas reacciones negativas al retitular la película. La empresa temía que "Rapunzel", el título original, estuviera an- ticuado y demasiado orientado a un público de niñas.
Tenían sus motivos: "La princesa y el sapo", la anterior animación de la empresa, no funcionó bien en taquillla (recuperó apenas cien millones de dólares en Estados Unidos y Canadá) porque, según una encuesta, los muchachos no querían ver "una película de princesas".
El cambio de nombre parece claramente "interferencia corporativa", algo que Lasseter siempre dijo que quería evitar. Los "trailers" de la película también han rebajado los elementos musicales. No querían oír frases del tipo: "¡Oh, otro de esos musicales de Disney!".
El esfuerzo por revitalizar una gran tradición
Las películas animadas de Disney solían ser algo muy específico. Eran fantasías pictóricas, a menudo centradas en un joven héroe involucrado en un conflicto generacional, salpicadas con imágenes sofisticadas (piensen en los bordes cuadrados de La bella durmiente, o la turbulenta escena del baile en La bella y la bestia). La música era irresistiblemente pegadiza (traten de desembarazarse de Bibbidi-Bobbidi-Boo en La cenicienta). Villanas femeninas que dominaban la escena (Cruella de Vil, Úrsula la Bruja del Mar) se mezclaban con característicos, inesperados protectores (los enanos, Rafiki en El rey león) entre canciones, lecciones de vida y momentos cómicos. Como el propio Walt Disney lo dijo en cierta oportunidad: "Por cada risa, tiene que haber una lágrima".
Pero el estudio abusó demasiado de las fórmulas que alguna vez funcionaron (especialmente la animación dibujada a mano), y de pronto una serie de lanzamientos fallidos (El planeta del tesoro, Tierra de osos, Vacas vaqueras, Chicken liittle, La familia del futuro) alejaron al público, desplazándolo hacia la sorprendente imaginería digital impulsada por Pixar y DreamWorks.
La gente aprendió que una película de Pixar implicaba toques cinematográficos más maduros (tomas dinámicas, sutiles cambios en la textura de la luz), anécdotas menos convencionales (una fábrica de gritos, un anciano en un globo aerostático), y cuidadosamente editadas escenas de persecuciones, generalmente en el rollo final.
DreamWorks se destacó especialmente con sarcásticas historias promotoras de secuelas, llenas de referencias a la cultura pop y voces aportadas por grandes estrellas. ¿Una película animada de Disney? En los últimos tiempos, a menudo no ha significado otra cosa que una confusa mediocridad.