El ícono del Art Nouveau

| El filme retrata la vida del genial pintor fallecido durante al término de la I Guerra Mundial

WANDA RUDICH I VIENA / EFE

La figura del pintor austríaco Gustav Klimt (1862-1918) como un hombre que se ve a sí mismo perdido es el papel que encarna el actor estadounidense John Malkovich en la nueva película del realizador chileno afincado en Francia Raoul Ruiz, que se estrenó en Viena.

La película no ofrece una descripción lineal de la vida del artista, sino más bien una "fantasía o fantasmagoría", explicó el cineasta en una rueda de prensa en el Museo Leopold de Viena, rodeado del elenco de la película y delante de uno de los cuadros del pintor modernista.

El realizador (nacido en Puerto Montt en 1941) dice haberse inspirado en la propia obra de Klimt, donde lo imaginativo y lo real se funden en colores vivos y espacios transfigurados.

Así, los protagonistas de Klimt son personajes reales de la vida del artista, como el también pintor y amigo Egon Schiele (encarnado por el actor alemán Nikolai Kinski, hijo de Klaus Kinski), o Emilie Floegl (Veronica Ferres), amiga, confidente y patrocinadora.

La excepción es el papel a cargo de Saffron Burrows, que es el de una bailarina imaginaria.

La coproducción austríaco-alemana-británica-francesa comienza y termina con la muerte de Klimt y se mueve al ritmo del recuerdo, que se confunde entre sueños y episodios reales, dejando aparecer, en medio de historias de amor, pasión y erotismo, reflejos de la sociedad europea y vienesa de principios del siglo XX.

Ruiz dice buscar siempre "el máximo de libertad" en su creación como cineasta y a la hora de retratar a Klimt se inspiró en descripciones que lo muestran como un hombre de "carácter curioso: pacífico, melancólico y al mismo tiempo revolucionario".

"He hecho cien películas y estoy seguro de que un filme nunca se termina, no sé lo que es el cine: un arte, una especie de hipnosis... a la pregunta de si el cine existe o no, diría que, si fuese literatura, sería un lenguaje sólo con verbos", subrayó.

"En el cine todo es movimiento, de forma similar a ciertas lenguas, llamadas primitivas, de indios en América, donde existen sólo los verbos, no los sustantivos", precisó Ruiz.

"Me gusta hacer movimientos muy complicados, jugar con la luz y la sombra, lograr que se sienta el cambio de luz", explicó el realizador de Trois vies et une seule mort (1996).

La forma de trabajar de Ruiz fue el factor decisivo para que Malkovich aceptara actuar en este papel, explicó el actor, para quien el hecho de que alguien pinte no es de por sí suficiente para convertirlo en motivo de un rodaje.

"El guión me divirtió desde el principio", agregó Malkovich, que reveló que la clave para su visión del personaje es "que (Klimt) fue lo suficientemente inteligente como para decir que estaba perdido".

"Esto supone, por un lado, que otra gente está también perdida, pero él lo dice de una manera especial, no como si fuese por culpa de otros, no como algo necesariamente terrible, sino como una forma abierta de moverse y ver el mundo", añadió.

"Una de las cosas interesantes es que Viena tiene un carácter especial en la película", y la época en que vivió el pintor es, para Malkovich, "única".

Viena se había convertido en un centro "donde los pintores, filósofos, literatos, juristas, científicos como (el padre del psicoanálisis, Sigmund) Freud y sus teorías, parecían creer en un futuro y poder hacer algo" para "contribuir a construirlo de forma sólida", añadió el actor.

"Quizás fue la última vez que en una sociedad occidental la gente miró hacia adelante con confianza, una confianza que se perdió durante la guerra", añadió.

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