Cuatro galardones en Berlín, el Oscar, el Globo de Oro, el Independent Spirit Award, el César francés y otras dos docenas de premios de primer nivel avalan a "La separación", elogiadísima película del iraní Asghar Farhadi que se estrena el viernes.
El título sugiere ya que el tema es la ruptura de un matrimonio. Más específicamente, una exploración de ambigüedades y equilibrios entre la justicia y la moral, los asuntos civiles y religiosos, los motivos manifiestos y encubiertos que empujan a un hombre y una mujer a pedir el divorcio.
Básicamente (o al menos en superficie) los protagonistas, Nader y Simin, discuten acerca de abandonar Irán en beneficio de su hija adolescente o quedarse para cuidar del abuelo senil. Lo que empieza siendo una cuestión menor que podría resolverse hablando termina en los tribunales, con la mujer en casa de sus padres, mientras su marido se ve obligado a contratar los servicios de una musulmana ultraortodoxa para atender a su enfermo progenitor. La situación se complica con reproches, denuncias y hasta mentiras, a veces emitidas con la mejor intención (aunque hay también un giro anecdótico que sugiere una oscura culpa que no termina de esclarecerse). No es casual que parte de la historia esté contada desde el punto de vista de las hijas: la apelación a la mirada infantil o adolescente para valorar la conducta de los adultos es un rasgo característico del cine iraní.
EXPERIENCIAS. El director y libretista Farhadi, quien recibiera elogios por un film anterior (A propósito de Elly) ha reconocido en declaraciones de prensa que su película se basa parcialmente en experiencias personales, pero que hay también otras influencias y fuentes de inspiración, y que le resulta difícil señalar de dónde proviene la idea central. El cineasta ha contado que luego de terminar su película anterior comenzó a trabajar en un nuevo guión con su actor Peymon Moaadi, y hasta pensó que podría (como uno de los personajes de La separación) trabajar fuera de su país. De hecho, su familia y la del actor viajaron al extranjero para estudiar las posibilidades. Sin embargo, estando en casa de un amigo oyó por la radio una canción iraní y descubrió que estaba más pegado a su tierra de lo que creía. Simplemente, tenía que volver. Su película, que aún no tenía totalmente clara, debía transcurrir en Irán. Lo habló con su familia y regresaron al país.
No le faltó a Farhadi algún dolor de cabeza. Durante el políticamente conflictivo año 2010 en Irán, durante el cual se habló de fraude en las elecciones que mantuvieron en el poder al presidente Ahmadinejad y algunos cineastas (como Jafar Panahi) fueron a la cárcel por sus posturas opositoras. Farhadi efectuó algunas declaraciones que lo malquistaron con el gobierno. En el mes de septiembre, durante una ceremonia de premiación, el cineasta elogió a algunos colegas mal vistos por el régimen (concretamente el exiliado Mohsen Makhmalbaf y el preso Panahi), y el Ministerio de Cultura y Orientación iraní le prohibió la realización de la película. El director pidió unas borrosas disculpas y la prohibición fue levantada un mes después, pero el incidente sirvió para confirmar lo que ya se sabe: que en Irán se está volviendo cada vez más difícil hacer cine y hasta abrir la boca.
Farhadi parece tener bastante claro lo que quiere. "Hago cine para reflexionar", ha dicho, añadiendo que le gustan las "cuestionadoras", que dejan preguntas en el aire. Sobre La separación, el realizador agrega: "Aunque parezca simple porque cuenta la vida diaria de las personas, este cine es en realidad muy profundo, su realización es más compleja y la recepción ínfima. El espectador está habituado a no pensar demasiado, y cambiar ese hábito es muy difícil, pero los cineastas debemos subvertir los patrones".
La película fue presentada en febrero de 2011 en el 29º Festival de Cine de Fajr realizado en Teherán, y casi simultáneamente arrasaba con cuatro premios principales en Berlín, muestra en la que participara dos años antes con A propósito de Elly. Estrenada en marzo en Irán, llegó a colocarse tercera en el ranking de recaudación de películas nacionales del año.
Luego vinieron los éxitos internacionales. La separación fue candidata a noventa premios en festivales y votaciones de asociaciones de críticos a lo largo y ancho del mundo, y se alzó con sesenta y cinco de ellos. Cuando el film llegó al Globo de Oro, el Independent Spirit Award, el Oscar y el César ya tenía hecha toda una carrera en el circuito de festivales, salas de arte y ensayo, e incluso una más que discreta repercusión en la distribución comercial en Asia, Europa y los Estados Unidos. Al Río de la Plata llegó en primer lugar a través del Festival de Cine Independiente de Buenos Aires (Bafici).
ELOGIOS. La crítica internacional no ha escatimado elogios al film de Farhadi. El siempre confiable Roger Ebert, del Chicago Sun Times, valora su convicción dramática y añade que puede servir para que el público norteamericano aprenda que no todos los iraníes son jinetes de camellos o propietarios de harenes. En Estados Unidos Ebert la votó como la mejor película del año, al igual que Michael Lerman en The Philadelphia Film Society y Joe Morgenstern de The Wall Street Journal, entre otros. También quedó segunda en la lista de la revista británica Sight & Sound y la norteamericana LA Weekly.
Entre críticas, celebraciones y hasta alguna prohibición
El Oscar a mejor película en lengua extranjera otorgado por la Academia de Hollywood a La separación sirvió, entre otras cosas, para sacar a relucir algunas tensiones internas iraníes.
En el momento de su estreno en Teherán, la película de Farhadi fue criticada por personalidades cercanas al gobierno, quienes afirmaron que proponía un retrato "negro y distorsionado" de la sociedad iraní. Cuando se le adjudicó el Oscar, la televisión oficial de Irán se limitó a informar brevemente el hecho, añadiendo apenas que La separación había derrotado al "régimen sionista": en efecto, entre las candidatas que no ganaron estaba la película israelí Footnote, del director Josep Cedar.
Sin embargo, Far- hadi no pudo celebrar su triunfo en Irán. A su vuelta al país, las autoridades de Teherán suspendieron sin explicaciones una ceremonia planeada para festejar el flamante Oscar.