GUILLERMO ZAPIOLA
Usted qué prefiere: ¿estar casado con un ser humano o con una mujer que se comporta como un robot?. No responda antes de ver Las mujeres perfectas, historia de suspenso con ribetes satíricos y algún elemento fantástico que se estrena el próximo viernes en Montevideo. El film, dirigido por Frank Oz e interpretado por Nicole Kidman, Matthew Broderick, Bette Midler, Christopher Walken y Glenn Close, proviene de una novela de Ira Levin (el autor de El bebé de Rosemary y Los niños del Brasil) que ya fuera llevado al cine en 1975 por el británico Bryan Forbes, con Katearine Ross y Paula Prentiss al frente del elenco. Ese film previo ha circulado en televisión (y quizás video) con el título de Las poseídas de Stepford.
Algo extraño ocurre con estas mujeres del pueblo de Stepford, Connecticut, una suerte de paraíso suburbano donde todo parece funcionar a las mil maravillas. Y justamente, lo extraño es que todo luzca tan bien, especialmente las mujeres. Parecen felices, creativas, son capaces de hornear un pastel, pintar la casa, podar el césped, jugar con sus hijos y esperar a sus esposos a la vuelta del trabajo en provocativas lencerías de encaje, conservando un aire seductor y sensual.
Por supuesto, es demasiado bueno para ser verdad, y cuando una nueva pareja (Nicole Kidman, Matthew Broderick) se muda al pueblo, alguien comenzará a hacer preguntas indiscretas y las cosas empezarán a salirse de control. El marido Broderick está encantado: lo impresiona especialmente la Asociación de Esposos de Stepford, una mansión-fortaleza ubicada en medio del pueblo. Su mujer Kidman es más desconfiada, presiente que hay un secreto detrás de todo ese comportamiento femenino, y se dispone a averiguarlo. Puede meterse en problemas.
ORIGENES. Como hay gente que no ha leído a Ira Levin o visto el film anterior, no conviene contar más. El libro de Levin fue publicado por primera vez en 1972, en pleno auge del feminismo, y podía ser entendido al mismo tiempo como una historia de suspenso con vuelta de tuerca y como una sátira a ciertas fantasías machistas que ya estaban siendo entonces cuestionadas. Si la memoria no falla, el film de Forbes se jugaba sobre todo a su enigma y su terror, con la idea (que estaba también en El bebé de Rosemary) de que nuestro encantador vecino puede no ser lo que parece. Cuando casi treinta años después los productores Scott Rudin y Donald De Line, el director Frank Oz y el guionista Paul Rudnick se reunieron para discutir una actualización del asunto resolvieron introducir algunas variantes en el enfoque.
La más importante de ellas fue la de acentuar su perfil humorístico, un dato que deriva casi naturalmente de las preferencias del director Oz, quien con Jim Henson y sin él ha hecho fantasía (El cristal encantado, La llave mágica, La tiendita del horror), pero que cuando está solo suele preferir la comedia (Tu casa, mi casa, ¿Qué al, Bob?, El director chiflado, Dos pícaros sinvergüenzas, ¿Es o no es?). De hecho, a juicio del libretista Rudnick Las mujeres perfectas es "una verdadera comedia estadounidense moderna". El director comparte el punto, y se declara consciente de sus riesgos: "Es peligroso hacer una comedia con comentarios sociales y culturales, con los sentimientos de los personajes, con temas tenebrosos y con la maldad. Pero pienso que los espectadores verán que el sentido del humor que le hemos dado a la película da en el blanco".
Rudnick, quien ya trabajara para Oz en el libreto de ¿Es o no es?, sostiene que los temas que subyacen en la historia son los hábitos de consumo y la ambición. El escritor explica: "Stepford es el suburbio estadounidense perfecto que en la superficie parece el sueño burgués definitivo. Es un pueblo con mansiones lujosas, autos deportivos y ‘todo terreno’, madres perfectas, hijos que se portan bien y padres felices. Todo es más perfecto de lo que es humanamente posible. Y lo que es demasiado perfecto nunca dura mucho".
IRONIAS. Una parte del humor del asunto proviene del personaje de Kidman, una poderosa ejecutiva que ha perdido por el camino algunos valores humanos, se toma su éxito muy en serio y tiende a desdeñar a su marido. Pero lo que ocurre en Stepford, con alguna ayuda tecnológica, puede cambiar esa realidad y (desde el punto de vista de su marido) "poner en su sitio" a la demasiado activa mujer. La liberación femenina, la reivindicación de los derechos de la mujer y sus alegatos en pro de la igualdad con los hombres han puesto nerviosos a muchos maridos, y lo que ocurre en Las mujeres perfectas puede ser entendido como una manera del desquite.
La realidad como buena consejera
No existe ningún pueblo llamado Stepford en el estado norteamericano de Connecticut, pero se sabe que el escritor Ira Levin se inspiró para ambientar su novela en los pequeños pueblos del condado de Fairfield, comunidades suburbanas con casas enormes y jardines muy cuidados. Para dar vida a ese pueblo ficticio, el director Oz unió esfuerzos con el director de fotografía Rob Hahn (quien ya trabajara con él en ¿Es o no es?), y su diseñador de producción Jackson De Govia (con quien trabajara en Cuenta final y El director chiflado).
De Govia entendió de inmediato lo que los realizadores querían: un suburbio acaudalado de la ciudad de Nueva York donde las personas van a relajarse y a disfrutar de los frutos de su esfuerzo, legal o ilegal. Para establecer un contraste entre ese poblado idílico y el "verdadero mundo", Oz rodó primero en Nueva York, concentrándose en tomas realistas de acero, vidrio y concreto. "Es un poco crudo y quisimos que fuera de esa forma", explica el director. "Así, cuando llegamos a Stepford, todo se ve más encantador y más suave, incluyendo las mujeres".