MATÍAS CASTRO
"La vida útil" es la cuarta película uruguaya estrenada en cines este año. Es, además, el segundo largo del director y productor Federico Veiroj, quien antes hizo "Acné". Cinemateca Uruguaya y personajes populares pueblan su película.
Primer dato curioso o extraordinario en el panorama nacional: es un film en blanco y negro. Segundo dato curioso: su protagonista es Jorge Jellineck, un crítico de cine que desde hace años ejerce en Uruguay. Su personaje se llama Jorge, tiene 45 años, vive con sus padres y desde los veinte trabaja en una cinemateca. Su oficio es el de programar salas de cine, pero también ofrece servicios técnicos y conduce un programa de radio con noticias sobre cine. Esto es lo único que sabe hacer y por eso, cuando las circunstancias cambian, se ve obligado a buscar nuevas formas de sobrevivir, para lo que deberá buscar inspiración en el mundo del cine. Veiroj declara que sus intenciones en esta película eran explorar qué puede ocurrir con una actividad que está por terminar.
"La película empezó a funcionar en mi cabeza cuando uní esa idea del primer guión con la cara y fisonomía de Jorge Jellineck", explica el director. "Estuve durante un tiempo escribiendo para él y un día hablé con él, le expliqué que estaba pensando en probarlo. Yo pensaba que sin Jorge no iba a hacer la película". Todo surgió de un guión que escribió hace nueve años y que refería a un joven empleado de una filmoteca en España que viene a Uruguay a trabajar a una cinemateca. De esa idea surgieron apuntes y algunos elementos más que se conservan en el film que se estrena mañana.
Mientras esto se fue gestando, Veiroj continuó con su trabajo como director y productor, haciendose responsable de cortos y documentales producidos en buena parte para el extranjero. En ese tiempo también logró terminar Acné. Para La vida útil prefirió trabajar con más autonomía y no depender de los tiempos de espera que imponen los fondos estatales e internacionales. Es así que ofició de productor, una tarea que había hecho en parte en sus películas anteriores.
"No partí de la idea de que tener actores no actores podía ser un problema, porque no lo veía como tal, sino como gente que iban a estar frente a la cámara", explica. Además de Jellineck, en la película aparecen directivos de Cinemateca reproduciendo situaciones no tan ajenas a la realidad. Pero no toda la película está hecha así, ya que es una historia minimalista de ficción en la que también trabajan actores profesionales como Paola Benditto.
"Esa idea de que la gente que no vive de la actuación es complicada para poner delante de la cámara no es tan acertado, porque hay mucha gente que tiene capacidad o son actores naturales. Yo me basaba en la naturalidad de cada uno de los actores. Ensayamos con Jorge para sacarlo con naturalidad y obtener el tono. Y con Manuel Martínez Carril ya habíamos trabajado juntos e incluso yo lo entrevisté para un documental que hice sobre la Cinemateca Uruguaya. Así que cuando pensé en él tenía un registro de cómo podía salir frente a cámaras y por eso lo quise usar. Me manejé con gente que sabía que tenía ese potencial".
El subtítulo de esta película es "Un cuento de cine" y notoriamente hace referencia a esa inspiración cinematográfica que busca el personaje. Pero también alude a la ambientación de la historia, en Cinemateca Uruguaya. Para Veiroj pensar allí la trama fue algo natural, porque ha colaborado con Cinemateca (además de haberse formado como espectador ahí) y trabajó durante un tiempo en la Filmoteca de Madrid. El asunto de la preservación y difusión del cine no le es ajeno, cosa que en tiempos de Internet y de invasiones hollywoodenses parece tener una vida útil con límites a la vista.