"Dudé si quería volver a subirme a un escenario"

| No Te Va Gustar se recompone lentamente de la pérdida de su tecladista Marcel Curuchet. Brancciari habla por primera vez después de la tragedia.

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Hoy se cumplen exactamente tres meses de la triste noticia que sacudió a la banda. "Lo que vivimos fue una pesadilla", dice su líder y principal compositor a El País, en la antesala de la publicación de un nuevo disco, El calor del pleno invierno.

Ya hay fecha para la presentación oficial del flamante repertorio: será el 16 de marzo en el Velódromo Municipal, pero aún NTVG no determinó quién ocupará el lugar de "Curucha" y no descarta seguir adelante sin teclados. Brancciari, que es hipersensible, durante la entrevista se quebró varias veces.

-En el videoclip de A las nueve le das ánimo a tus compañeros en el camarín, previo al primer show después de la muerte de Curuchet. ¿Te transformaste en el soporte anímico del grupo?

-No. Todos somos el soporte de todos. Nos pasaron cosas de todo tipo. Ya no hay nada más que nos pueda pasar, de las buenas, de las malas y de las malísimas. Y estuvimos siempre apoyándonos. Hay situaciones que te terminan de unir para siempre. Esas imágenes que aparecen en el video son de la antesala del primer show del ciclo que acabamos de terminar en La Trastienda. Estábamos muy nerviosos y angustiados. Fue el choque final con la realidad. Por eso me cuesta hablar. Esta es nuestra forma de supervivencia. Ahora más que nunca tratamos de cuidarnos y actuamos como podemos sin pensar tanto en el afuera. Primero tenemos que preservarnos nosotros porque estamos muy vulnerables.

-Después de la tragedia ¿te planteaste si debías o no continuar con la banda?

-Quizás no lo pensé tan así, pero estuve preocupado por momentos y dudé si quería volver a subirme a un escenario. Me acuerdo que antes de empezar este ciclo de actuaciones fui a dos conciertos: al de Jaime Roos en el Auditorio Adela Reta y al de La Vela Puerca en La Trastienda y sentí algo que nunca había sentido antes. Yo siempre tengo ganas de estar ahí arriba tocando, pero esos dos días estaba distinto, los miraba y me decía: "no sé si quiero subir a un escenario". Y esa duda se mantuvo hasta el primer show del ciclo. Cuando me planté en escena y vi que estábamos todos juntos en el mismo barco, en ese barco que nos llevó tantos años mantener a flote, y que la gente estaba ahí para sostenernos, ya no tuve ningún tipo de dudas. Ahora me subo con todas las ganas del mundo.

-¿El ciclo en La Trastienda fue difícil de llevar adelante?

-El primer show fue el más complicado porque tuvo momentos increíbles, pero estaba todo a flor de piel, además muchos fueron a ver qué nos pasaba y estaba la familia de Curucha. Pero ya a partir del segundo logramos relajarnos y fue mucho más disfrutable. A medida que avanzó el ciclo volvimos a ser nosotros. Otro paso que dimos juntos.

-¿Por qué optaron por no recurrir a tecladistas invitados? Directamente suprimieron el instrumento dejando la parte humana desgarrada en escena durante todo el show, con el costo artístico que eso tiene.

-Dijimos: "Somos nosotros y nos tenemos que hacer cargo de esto, inclusive musicalmente". Creo que había cosas más importantes que decidir. Primero teníamos que ver qué nos pasaba. De la parte musical nos ocuparemos más adelante. Lo pateamos para el futuro. También esto es una demostración de que tenemos fe en nosotros, es como decir: "igual, de todas maneras podemos hacerlo bien aunque nos falte una parte". Y fue por respeto y por no cargar a nadie con la responsabilidad de estar en ese lugar. No era el momento de tomar una decisión así.

-¿Pero cuando tengan que presentar El calor del pleno invierno lo harán sin tecladista?

-Ya estamos hablando de eso pero todavía no lo tenemos bien claro. La idea de seguir así está, pero ya veremos, tenemos tiempo.

-Con todo lo que pasó este no es un disco más. ¿En qué condiciones terminaron su realización?

-Fue una producción larga. Empezamos a trabajar las canciones en grupo y con los productores en febrero y estuvimos muy metidos hasta ahora. Se nos dilató un montón por todo lo que nos pasó. Sucedieron tantas cosas durante la grabación y producción que siento que hay una vida ahí metida. Es el más intenso en todo sentido, por lo que tiene para transmitir y la carga que lleva, no sólo por lo que vivimos en Estados Unidos sino porque también tuvimos idas y vueltas. Y algunas peleas, pero las normales del caso.

-¿Hay alguna canción que hayan incluido después de la muerte de Curuchet?

-No, el disco estaba terminado. Faltaban las voces de los invitados, los caños de algunas canciones y los coros. Cuando volvimos de Estados Unidos, al poco tiempo, algunos prefirieron alejarse del estudio y otros, por el contrario, nos agarramos de eso. Yo me metí en el estudio y no quería dejar para adelante nada más, me fui a encontrar con todo ahí. Por suerte Curucha había grabado todo el día antes de irnos de gira. Terminó a las nueve de la noche, nos íbamos al rato, eso hizo las cosas más fáciles. La mejor forma de homenajearlo era terminar este trabajo. Es claro que nos replanteamos todo, nos decíamos: "¿qué hacemos con el disco? ¿Lo dejamos para más adelante?". Y la respuesta general fue: "no, porque su momento es ahora".

-¿Qué se aprende de una experiencia tan desequilibrante? ¿Te cambió la perspectiva en algún sentido?

-Sí, claro, te caen un montón de fichas. Nos dimos cuenta de lo queridos que somos. A veces a la velocidad que vivimos, porque estamos de un lado para el otro y rodeados de mucha gente por todos lados, no nos damos cuenta. Pero en esos momentos tan difíciles nos sentimos realmente queridos por el público, obviamente que por nuestras familias también, y entre nosotros. Descubrimos que respondemos con valentía a lo que nos pasa porque peor que esto imposible. Encima sucedió en otro país, estábamos desprotegidos totalmente, fue una pesadilla. Pero ahí estábamos todos juntos.

-¿Hubo algo que les haya molestado?

-Sí, varias cosas. Sobre todo gente que iba al hospital y después salía hablando por la tele. Gente que no aportó nada y que hacía como que sí estaba aportando. De todos modos, era tan duro lo que estábamos viviendo que ni nos detuvimos en eso.

-El disco incluye una canción (Religión pagana) que habla del poder curativo de la música. ¿Siempre estuviste convencido de eso?

-Sí, siempre. Generalmente me refugio en canciones tristes, (sonríe), no sé por qué. El poder sanador de la música es real y es mágico. Lo estamos viviendo en carne propia, y la verdad, es muy loco que haya una letra que hable de eso justo en este disco.

-En realidad son muchas las letras que hablan de pérdidas y desencuentros, de decirle al otro que se está yendo antes de tiempo en la discografía de NTVG y en este álbum en particular.

-No sé cómo voy a hacer para cantar. Es bravo. Porque también muchas canciones nuestras cambiaron el enfoque, hay un montón que ahora me hacen pensar en esto. Por otro lado, a veces me meto en un personaje, porque me aburre escuchar discos donde el intérprete siempre lo hace igual y es monótono. Está bien que haya coherencia, pero está bueno de vez en cuando pegar un grito o cantar suave y más íntimo. Eso va a ayudar.

-Uno de los invitados, en la canción Mil días, es el líder de Catupecu Machu (Fernando Ruiz Díaz), banda que también atravesó momentos difíciles en lo humano. ¿Hablaron de eso?

-Sí. Nosotros pegamos muy buena onda hace un tiempo, nos conocimos en México, compartimos escenario en Buenos Aires, son gente muy sensible y cuando sucedió el accidente de Curuchet él se comunicó con nosotros de inmediato. Al poco tiempo lo invité a grabar.

-¿Por qué escogieron la fórmula de Socio para la producción del álbum (Federico Lima-Sebastián Peralta)?

-Tiene que ver todo. Queríamos hacerlo con alguien de acá, apostar a productores uruguayos, cosa que no hacíamos desde Juan Campodónico que trabajó en el primer disco. Después fueron todos argentinos y hubo un chileno. Nosotros también ya estamos grandes y apostamos a hacer todo en conjunto, no esperamos que venga alguien de afuera con la varita mágica, no necesitamos eso. Pero es importante que haya un productor amigo que te da la opinión externa.

-De todos modos, ¿podrían prescindir en algún momento de esa figura?

-Artísticamente sí, porque de hecho coproducimos casi todos los discos, pero creo que no nos haría bien. Necesitamos un juez porque somos una banda muy numerosa. Cuando la cosa no va para ningún lado alguien tiene que tomar una decisión.

-La mayoría de las nuevas canciones fueron escritas en viaje. ¿Ya no tenés un método establecido?

-No, ya no, antes sí, cuando era más chico lo hacía de la misma forma: de noche en mi cuarto. Ahora es cuando viene, porque estamos mucho tiempo afuera. Antes era siempre con la guitarra, ahora lo escribo, canto, tarareo, me grabo en el teléfono, hay más recursos.

-¿Este año van a asistir a la ceremonia de los Grammy? (la banda compite con Público en el rubro Mejor álbum de rock). -El 15 de noviembre estaremos yendo de Catamarca a La Rioja, así que no podemos. Son premios subjetivos, pero ayudan muchísimo, estar nominados nos sirve para generar presencia en países en los que estamos recién empezando a ser conocidos. Pero no nos cambia para nada. El premio vale tanto como un Graffiti, no es mayor o menor. Sirve igual que el Graffiti a una banda que está en desarrollo acá.

"El calor del pleno invierno" estará a la venta este jueves

La presentación oficial de El calor del pleno invierno será el 16 de marzo en el Velódromo Municipal, donde en 2009 NTVG estrenó el repertorio de El camino más largo. También ahí montó un escenario polivalente para ofrecer dos conciertos con una convocatoria superior a las 30 mil personas, en pleno auge del rock nacional.

A partir del próximo jueves el álbum estará disponible en todas las disquerías y ese mismo día se liberarán las entradas para el Velódromo en los locales adheridos a Red UTS y en Red Pagos. El sello discográfico Bizarro, adelantó a El País, que habrá una promoción especial para quienes deseen adquirir el disco y la entrada en un solo paquete.

El calor del pleno invierno es considerado por la banda como el más maduro de sus 18 años de carrera porque "va cambiando de estilos y estados de ánimo pero hay un sonido propio y reconocible".

El material, que respeta la superstición de dejar el surco número 13 libre, atrapa desde la primera escucha y logra sorprender incorporando nuevos matices, sobre todo desde lo interpretativo, sin perder su eje en el rock pop.

El discurso de NTVG se mantiene y está presente su compromiso social. En Hijo de las armas, por ejemplo, habla de la niñez: "La escribí cuando empezó el debate sobre bajar la edad de imputabilidad, porque considero que el problema es más grave y de fondo", explica Brancciari. En Destierro se refiere a "los niños que en lugar de ir a jugar están a la pesca de dos pesos para fumar pasta base. Yo a esa edad jugaba la pelota".

Desde su rol artístico, el cantante y compositor reflexiona: "nuestra misión es decir lo que nos parece y apoyar desde donde podamos. Ser conscientes es un buen paso".

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