"Ilusión", pintura de Alejandro Rodríguez Lasalvia, y "Reminiscencias", pintura de Silvia López Bravo, en las salas "Carlos F. Sáez" del Ministerio de Transporte y Obras Públicas, Rincón 575, de lunes a viernes entre 9:30 y 18, hasta el 27 de abril.
En una exposición no es fácil atrapar la mirada del público con obras de 9 centímetros de lado, pero Alejandro Rodríguez Lasalvia sabe manejar la seducción de su trabajo adecuando las delicadezas de lenguaje a ese formato minúsculo, como si afinara proporcionalmente el juego de sus recursos visuales. Pinta cientos de esos cuadraditos sin otro auxilio que una tinta monocroma y un manejo discretísimo de los temas, que pueden ser unas bandas horizontales y ondulantes, unos peines de diminuto rastrillo, unas flechas que viborean sobre una red de fondo o unos prismas lineales articulados en distintas direcciones, invitando en todo caso a que el observador se interne en esos diagramas como a través de una lente de disminución.
El encanto que logra es de una levedad acorde a la escala elegida, pero lo robustece al eslabonar las unidades, agrupando sus piezas en paneles que pueden recorrerse como una secuencia, donde cada obrita actúa con variantes mínimas del diseño, para otorgar al conjunto una sensación de movilidad cuyo ritmo también armoniza con el miniaturismo de la formulación. Y ese efecto está suavemente potenciado por las habilidades de un montaje donde la cuadrícula se aglomera o se expande, traza sobre el muro rectas o ligeras curvas, aportando al resultado la gracia adicional de esa geometría de su distribución.
CONTRASTES. El sereno minimalismo de Rodríguez Lasalvia contrasta con la vecina muestra de la pintora Silvia López Bravo, que opta en cambio por el colorismo de composiciones abigarradas, resueltas con suerte desigual en su manejo de formas vagamente orgánicas e imágenes sinuosas, donde ocasionalmente vuelca algunos aciertos de textura superficial, algunos empastes felices, algún empleo interesante del color, aunque en otros casos el cromatismo desdibuja los diagramas en lugar de valorizarlos, impresionando como una etapa de búsqueda expresiva algo incipiente, con altibajos, donde la calidad táctil que a veces extrae de la materia es más atrayente que las soluciones formales que propone con su temática.