C. C. MINGHETTI | MAR DEL PLATA
Créase o no, juntar a Susan Sarandon con Tim Robbins en público parece uno de los imposibles más imposibles de los tiempos que corren. Sin embargo, hace ya algunos años, los festivales suelen producir el milagro. En Mar del Plata se dio por 48 horas. La actriz y el actor cineasta pasaron por el 21º Festival Internacional de Cine. A decir verdad, el milagro solo duró lo que su paso por el foyer del Auditórium, la noche inaugural, frente a una multitud de fotógrafos, la mayoría tras una valla que los protegía de una avalancha y de sus consecuencias. Conviven hace más de una década, tienen dos hijos y se los define como la pareja más progre del espectáculo, por sus frecuentes declaraciones, por ejemplo a propósito de derechos humanos. Sarandon tiene 58 años; Robbins, 48, no obstante parecen hechos el uno para el otro.
En la master class, de cara a todo tipo de público, Sarandon comentó su satisfacción por la reacción de la ciudad atlántica en 2005, a raíz de la reunión cumbre en la que participó George W. Bush. Robbins no se quedó atrás. Dice que prepara una nueva versión cinematográfica de 1984, el célebre relato de George Orwell acerca de un mundo totalitario, en clara referencia a la actual administración de su país. "A causa de la presión del gobierno de Bush —advirtió— la gente se está autocensurando, no porque les prohíban hablar, sino porque ellos mismos piensan que no deben hacerlo".
En diálogo con La Nación, la actriz que acredita una filmografía con más de treinta títulos, desde que debutó en cine en 1970 en Joe, a las órdenes de John Avildsen, y ganó un postergado Oscar por Quédate conmigo, donde fue dirigida precisamente por Robbins —antes había sido candidata por Atlantic City, Thelma y Louise, Un milagro para Lorenzo y El cliente—, aseguró que en la actualidad "a la industria de Hollywood no le molesta el compromiso político que puedan asumir o no las estrellas, sino el dinero que puedan recaudar con sus actuaciones". No obstante aclara que, en todo caso, "no van a gastar demasiado en películas en que se desafíe al establishment" y que donde sí tuvo problemas fue en los medios "donde no es fácil que te den libertad para hablar, para decir lo que realmente pensás". También dijo que, alguna vez fue víctima de amenazas por hablar de temas comprometidos.
—¿Qué piensa de su carrera?
—Tuve la suerte de hacer numerosos personajes, nunca por ser nada más que bonita, ni tampoco ser encasillada. Fueron personajes elaborados, algunos muy profundos. Eso me permitió crecer. Estoy muy agradecida por todo lo que hice.
—Para el público argentino, uno de sus grandes papeles fue el Louise de "Thelma y Louise" .
—Disfrute mucho aquel rodaje. La pasé realmente muy bien, y no me imaginaba que iba a ser tan importante para tanta gente.
—¿Qué piensa de los Oscar?
—Me parece un honor ganar un Oscar, porque hubo mucha gente importante que lo ha recibido. Pero hay que tomarlo con cierta distancia, porque también hay muchos grandes actores que nunca lo ganaron. Creo que hay que tener cuidado con esto.
—¿Y la última entrega de los Oscar, con la sorpresa del final con el triunfo de "Vidas cruzadas", cuando muchos adelantaban como triunfadora a "Secreto en la montaña"?
—Para mí fue una sorpresa positiva, porque en el resto de las categorías se sabía de antemano los resultados. Está muy bien que haya ganado Vidas cruzadas. Me gustó Secreto en la montaña, sin embargo creo que la película de (George) Clooney Buenas noches y buena suerte, es mucho mejor.
—¿Cree que los cineastas jóvenes hacen un cine más desafiante?
—No siempre es así. Gracias al registro digital, la gente tiene la posibilidad de hacer películas mucho más baratas y entre esas obras se encuentran cosas interesantes. He visto documentales maravillosos hechos por gente muy joven. Sin embargo, en el Festival de Sundance, donde concursan muchos cineastas jóvenes, vi películas sorprendentes pero no desafiantes.
CIUDADANO. Tim Robbins viste un jean gastado y raído, que luce a tono con su saco marrón. Es muy alto, cerca de los dos metros, y siempre luce muy tranquilo. El dice que es porque vive en Nueva York, con Susan y sus dos hijos. "Nos parece más seguro y familiar", coinciden y ahí tienen su base de operaciones. Dice, además, que es muy feliz tocando en la banda que lidera. Algo que salta a la vista es que tiene pintadas de negro las uñas de los dedos anulares de sus dos manos.
—¿Cómo se siente en este momento de su carrera?
—Muy contento (dice en un castellano que suena muy gracioso). No lamento nada. Un día me rechazaron para un papel y cuando vi la película con quien eligieron en mi lugar me puse contento. Conozco mucha gente famosa, exitosa, que esta pendiente de los demás, que es muy celosa y vive en estado de tensión permanente. Para mí eso es una locura: ¿por qué no estar satisfecho con las cosas que uno hace? Me siento muy afortunado, creo que fui bendecido, y todavía sigo caminando por la calle.
—¿A qué se le da prioridad en Hollywood, al talento o al éxito?
—Lo importante es la perseverancia. En Hollywood es distinto que en Nueva York. En Nueva York todo es más normal, caminas por la calle, vas al supermercado, llevas a los chicos a la escuela, y cuando te encuentras con extraños que te reconocen, te pu eden decir "qué buen trabajo", pero no mucho más. En Hollywood todo es diferente. Uno está siendo juzgado por el prisma del negocio del espectáculo permanentemente. Cuando uno alcanza el éxito, Hollywood te consume. El truco para poder sobrevivir en medio de esa tensión es tomarse todo con mucho sentido del humor y no vivir pensando en lo que piensan los demás que deberías ser. Recuerdo haber entrado al bar del hotel Four Seasons en Los Angeles y tener la sensación de que había sido reconocido, sentir que me estaban picando como aguas vivas. Me acorralaban con guiones. No es que fuesen malas personas, sino que no me gustaba esa tensión. Los escuchaba, pero mi vida pasaba por otro lado.
—¿Actuar o dirigir?
—La dos cosas. No tengo gran deseo de dirigir sino de contar historias. Es tan bueno hacerlo en el teatro, como siendo guionista o director, incluso actuando, en especial cuando se trata de historias propias.
—¿Y los últimos Oscar?
—Cuando ganás, es bárbaro. No significa que seas un mejor actor o director. Actuar es muy subjetivo. Recuerdo cuando gané el Globo de Oro por Las reglas del juego y uno de los candidatos era Marcello Mastroianni. Todos sabemos que no se puede ser mejor actor que Mastroianni. Es tonto siquiera pensar que yo le haya ganado.
—¿Qué película pensaba que iba a ganar en la última entrega de los Oscar?
—Pensaba que iba a ganar Vidas cruzadas. Secreto en la montaña es una muy buena película, pero... (hace un largo silencio). Mejor no digo nada porque la última vez que hice declaraciones de este tipo acerca de otra película que era candidata al Oscar hubo un estudio que no me contrató por diez años.
Voto entre los independientes y la industria
Tim Robbins la tiene clara. Dice que elegiría tocar con su banda antes que seguir haciendo cine. Viene de familia, porque su padre fue integrante del grupo folk The Highwaymen. Pero es difícil creerle del todo. Si bien no votó por Vidas cruzadas, está muy de acuerdo con que se llevase la estatuilla a mejor película en la última entrega de los Oscar de Hollywood.
Este actor y director californiano que creció en el Greenwich Village neoyorquino empezó a hacer teatro cuando tenía doce años; una década después, se graduó en arte dramático en la UCLA, con honores. Cuando le preguntaron si creía que Vidas cruzadas había ganado con el voto de los actores porque es una película básicamente de actores, dudó: "No lo sé. Puede ser. Pero yo voté por Buenas noches y buena suerte, que sigo pensando era la mejor de las candidatas".
Para Robbins, no existe una diferencia estrictamente relacionada con lo cinematográfico entre un film independiente y uno industrial. En cuanto al primero, piensa que hay poca oferta. "Cuando se difundieron las candidaturas, dijeron que este año había varias películas independientes nominadas. Pero no fue así", asegura. "En realidad, Vidas cruzadas fue la única independiente candidata al Oscar, porque el resto tiene algún vínculo, directo o indirecto con una gran productora. Hubo un tiempo, en los años 70, en que a las grandes productoras se les había ocurrido hacer películas de gran profundidad dramática y de muy buena calidad, como El Padrino y tantas otras. No eran películas independientes, pero eran excelentes. Poco importa qué se es, si el resultado es bueno. Lo que quisiera es que en el negocio de los estudios lo importante fuera la pasión por el cine y no solamente la pasión por el negocio". ¿Cine independiente? "El cine de John Cassavetes sí era independiente. El sí lo fue."