Documentales necesitan críticos de cine para aspirar a un Oscar

Juego. La Academia de Hollywood busca nuevas reglas para la categoría

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EL PAÍS, MADRID | BARBARA CELIS

La Academia de Hollywood sólo aceptará en la carrera por el galardón destinado a los documentales a aquellos que obtengan críticas en The New York Times o Los Angeles Times.

Las palabras de un crítico de cine tienen el poder de santificar o destruir una película, aunque al final siempre sea el público quien acabe decidiendo qué título ver y los resultados de las taquillas no siempre coincidan con lo que dijeron los críticos. Pero en el complejo mundo del documental, con mucha menos audiencia que el cine de ficción, esas palabras tendrán desde el año próximo un poder incomparable: la Academia de las Artes y las Ciencias de Hollywood anunciará esta semana una nueva regulación que entre otras cosas obliga a los documentales que aspiren a entrar en la carrera por los Oscar a tener una crítica publicada en los diarios The New York Times o Los Angeles Times. Sin ella, los directores pueden olvidarse hasta de mirar hacia la estatuilla.

La nueva normativa, que también introduce cambios en quién y cómo se vota al mejor documental, aspira a evitar que las producciones concebidas para televisión puedan entrar en la competición. Paradójicamente su impulsor ha sido Michael Moore, el oscarizado director que gracias a Fahrenheit 911 o Bowling for Columbine consiguió impulsar el interés general por el género documental y conseguir que películas antes relegadas precisamente a la televisión ahora lleguen a la gran pantalla más a menudo.

El boom que ha vivido el documental durante la última década, facilitado también por el abaratamiento de la tecnología, ha provocado que se dispare el número de documentales que optan al Oscar. Y la Academia, en lugar de celebrarlo, parece molesta por ello. O al menos eso deducen algunos de sus miembros, que han criticado la decisión, tomada por su Consejo de Directores, sin previa discusión entre los 157 miembros que pertenecen al área de documental. "La Academia debería estar celebrando haber recibido 124 documentales este año y en cambio dicen que quieren menos. Llevan años tratando de deshacerse de `esos malditos documentales` y ahora encima uno de los nuestros, Michael Moore, crea reglas que sólo favorecerán más películas de estudio en detrimento de los documentales independientes", declaró a este diario Chuck Braverman, quien fue candidato a un Oscar en 2001 por su cinta Curtain Call.

Según declaró en The New York Times Ric Robertson, uno de los responsables de la Academia, el objetivo es conseguir que a los Oscar sólo lleguen los documentales pensados para el cine, evitando que películas hechas para televisión consigan optar al galardón simplemente garantizándose un breve estreno en salas. "Perderemos buenas películas pero no perderemos buenas películas hechas para las salas de cine", admitió.

Eso significará que los filmes con mayor presupuesto y posibilidad de invertir en promoción serán los que primarán en las candidaturas mientras que una película pequeña nunca podría ser candidata al Oscar. La maleta mexicana, de Trisha Ziff, consiguió este año estrenarse en Nueva York y Los Angeles a través del programa Docuweeks, que desde la International Documentary Association ha permitido que 186 documentales independientes se estrenen en los últimos 15 años y se postulen al Oscar. Siete de ellos lo ganaron. Pero The New York Times no hace críticas de Docuweeks y por tanto, el filme de Ziff ni siquiera hubiera podido presentar su candidatura (sí lo hizo pero al final no ha entrado en la preselección). Paradise Lost 3: Purgatory, de HBO y sin crítica en los mencionados diarios, tampoco estaría hoy camino del Oscar.

La normativa también afecta al sistema de votos: todos los miembros del área de documental tendrán que votar a todos los documentales, mientras que hasta ahora se votaba por grupos a grupos de películas, permitiendo que un filme pequeño como Burma VJ pudiera imponerse sobre filmes más populares como Capitalism: A love story, de Michael Moore, que en 2010 ni llegó a la preselección. Para Moore en cambio, se trata de que el proceso "sea más transparente y democrático", permitiendo que a los cinco finalistas los vote además toda la Academia.

Teniendo en cuenta que el 99% de los documentales que se producen nunca llegan a estrenarse comercialmente y mucho menos a conseguir una crítica, en foros como Doculinks, que reúne a cientos de cineastas, la medida ha desatado las iras de la comunidad, que además se pregunta qué opinan los medios `ninguneados` por la medida. A. O. Scott, de The New York Times, ha dicho, por su parte, sentirse "halagado".

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