Después de la censura

| Solo dos de los cuatro galardonados pudieron recibir sus premios porque los otros ya fallecieron

JORGE ABBONDANZA

Nunca es tarde para desagraviar. A fines de 1971 se preparaba en Buenos Aires el "Segundo Certamen de Investigaciones Visuales", un concurso dirigido a los artistas plásticos que frecuentaban nuevas tendencias expresivas. En esa convocatoria resultaron premiadas dos obras que "denunciaban la represión de una dictadura militar que llevaba más de cinco años" en el poder, a la cabeza de la cual figuraba entonces el general Lanusse. Enterado del carácter de las propuestas premiadas, ese gobernante suspendió la inauguración (prevista para el 12 de noviembre en el Palais de Glace de la Recoleta) e hizo declarar desiertos los premios, ordenando el retiro del salón de esas dos obras, que fueron depositadas en el sótano del edificio.

Treinta y tres años después, la Secretaría de Cultura de la Argentina ha resuelto otorgar a los artistas censurados en 1971 el monto de aquellos premios, según las remuneraciones actuales para certámenes de ese nivel: por ello corresponderán 12.000 pesos a Made in Argentina, que había obtenido el Gran Premio de Honor, y 9.000 pesos a Celda, que había recibido el Primer Premio. A esta altura conviene describir ambos trabajos: Made in Argentina de Ignacio Colombres y Hugo Pereyra, consiste en una caja de acrílico dentro de la cual se recorta una figura humana invertida y amordazada, entre algunas herramientas de tortura, y Celda de Gabriela Bocchi y Jorge Santa María es la puerta metálica de un calabozo por cuya mirilla enrejada se ve un espejo donde cada espectador se refleja como si estuviera encerrado, junto a lo cual se alza un panel con los nombres de cientos de presos políticos.

Made in Argentina fue destruída por el paso del tiempo y debió ser reconstruída en 1998, pero Celda se encontró hace algunos años en el sótano del Palais de Glace. Ambas fueron expuestas en 2002, como parte de la muestra "Arte y política en los años 60", y ahora —según se estima en Buenos Aires— volverán a exhibirse en el mes de julio. Lamentablemente, la reivindicación resulta tardía para dos de los cuatro creadores de aquellas obras, porque Colombres y Santa María ya han muerto, pero Bocchi y Pereyra sobreviven, de manera que recibirán el demorado premio en nombre de sus compañeros desaparecidos. Conviene aclarar que se pagarán ambas remuneraciones pero no se otorgarán formalmente los premios, porque eso equivaldría a generar un problema jurídico, ya que en su momento los artistas censurados presentaron una demanda en Tribunales y en agosto de 1976 —bajo la dictadura de Videla— hubo un fallo de la Corte Suprema que respaldó la anulación de los premios aduciendo que las obras "disminuyen en el exterior el respeto hacia la República".

En 1971, el jurado que concedía aquellos premios prohibidos había estado integrado por Luis Felipe Noé, Alejandro Puente, Osvaldo Romberg, Eduardo Rodríguez y Gyula Kosice, pero no fue el único al que el poder político desautorizó. Este cronista recuerda que poco antes, a fines de los años 60 y bajo el régimen de Onganía, el artista plástico Roberto Plate había ganado un premio en un salón cuya muestra iba a realizarse en el museo de los pisos superiores del Teatro San Martín: esa obra reproducía al detalle un baño del propio edificio, solemnizando así un recinto nada sacro y bromeando un poco con los pomposos temas habituales del arte, pero los jerarcas ministeriales (o municipales) consideraron que resultaba ofensivo y prohibieron también su exhibición. El episodio permite recordar algunos ejemplos montevideanos de la censura oficial, como el gesto de un intendente capitalino que decidió levantar a fines de los años 80 una exposición de dibujos de Oscar Larroca en las salas de la calle Soriano por considerarlos obscenos, medida que movió a la ministra de Cultura de la época a ofrecer las salas de la Biblioteca Nacional para volver a montar esa muestra, cosa que se hizo de inmediato.

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