LONDRES - O GLOBO
EDUARDO GRAÇA
A Anne Hathaway le gusta decir, antes de disparar una sonora carcajada, que la desnudez en su más reciente película "De amor y otras adicciones" es apenas una metáfora.
También canta en prosa y verso que jamás hubiese imaginado que un día le pagaran para quedar desnuda, en una cama, con Jake Gyllenhaal, durante semanas.
En el film dirigido por Edward Zwick (responsable de Diamante de sangre y El último samurai), la actriz es Maggie, precozmente diagnosticada con el mal de Parkinson, una joven artista con comprensible recelo para invertir tiempo en una relación más íntima. Hasta encontrar a Jamie, un representante farmacéutico mujeriego, vivido por Gyllenhaal, envuelto con la distribución del primer lote de un remedio destinado a curar la impotencia sexual. Inspirado en el libro de memorias de Jamie Reidy -Hard sell: the evolution of a viagra salesman (Venta agresiva: la evolución de un vendedor de viagra)-, el film mezcla drama, romance y comedia, lo que llevó a la prensa internacional de Hollywood a nominar a Hathaway como mejor actriz en comedia o musical para el Globo de Oro de este año. La ceremonia se realizará el próximo domingo.
exposición. Vestido blanco y un suéter negro para combatir el frío londinense, pantalones de cuero ajustados al cuerpo y tacos altos, Hathaway juega con un dije de oro en forma de llave colgado en su cuello mientras conversa con el periodista.
"Estaría mintiendo si dijera que no da un miedo terrible sacarse la ropa delante de un mundo de gente. Da. Pero es parte del trabajo. A la hora de filmar, uno simplemente filma".
Su compañero de escena, Jake Gyllenhaal, con quien formó una pareja romántica menos feliz en El secreto de la montaña, hizo los cálculos y afirma con precisión matemática que "yo y Anne estamos desnudos exactamente un 65% de la edición final del film". La cuenta generó una gran farra en Hollywood, con galancetes pidiéndole a la Academia que incentive a Hathaway a aparecer por lo menos un 65% desnuda cuando fuera a presentar, el 27 de febrero, al lado de James Franco, el Oscar. La actriz de 28 años, que tuvo que adelgazar para interpretar a Maggie, encuentra graciosos los chistes.
"En el set, uno nunca olvida que está sin ropa. No hay tiempo real de preparación para sentirse más natural. Y debía tener presente que estaba componiendo a una mujer en tratamiento médico, por lo que no podía ser el cuerpo más lindo del mundo. Mi vanidad tenía que quedarse en un segundo plano. No podía trabajar los músculos, ser más rígida. Pero creo que la desnudez no es tan aterradora así. Es menos impactante, por ejemplo, que en Secretos íntimos. Y, al fin, son ustedes, los de la prensa, los que deciden si este es el hecho o tópico más interesante de la película", dice.
La provocación es de la misma actriz que posó desnuda de vientre hacia arriba, al lado de Gyllenhaal, en la tapa de la revista Enterteinment Weekly. Y que aparece protegida apenas por una solitaria almohada, nuevamente al lado de su compañero de filmación en la cama, en el póster gigante de De amor y otras adicciones.
"En Hollywood es común negociar cuánto de su piel aparece en la pantalla. Pero esta vez decidí no negociar nada sobre desnudos. No tuve un agente investigando, familia, nada. Dejamos en la mano del director. Y creo, de verdad, que él consiguió hacer una gran investigación sobre la intimidad de una pareja que vive una historia realista de amor en los días de hoy".
Recibido con reserva por la crítica -Mary Pols, en Time, escribió que la película, que ella llamaría "Lecciones de anatomía de Anne Hathaway", es una mezcla mal lograda de Love story con Jerry Maguire-, De amor y otras adicciones también tuvo su lado serio. Zwick apunta el dedo indicador en dirección al sistema de salud público estadounidense y a la industria farmacéutica sin hacer concesiones. Los médicos son corruptos y reciben favores de las grandes corporaciones, pacientes necesitan llevar mucho dinero a los consultorios para ser atendidos y, en una de las escenas más fuertes, Maggie organiza un viaje con compañeros de Parkinson -todos más viejos que ella- a Canadá, con el objetivo de comprar los remedios más baratos.
"Al lado de El casamiento de Raquel (por el cual fue candidata al Oscar), este fue el film en que tuve que investigar más. Comencé en Internet, hablé con neurólogos, leí los libros de Michael J. Fox, conversé con pacientes. Trabajé los detalles, como usar pajita para beber los líquidos y agarrar los vasos siempre con las dos manos. Pero lo que quería manifestar era la ansiedad de estar enfermo en los Estados Unidos de hoy, muchas veces sin la posibilidad de pagarse un plan de salud, sin amparo social, como es el caso de Maggi", cuenta.
Críticas. Hathaway, cuyo caché es estimado en torno a los 5 millones de dólares por film, obviamente no forma parte de los 46 millones de estadounidenses que el gobierno estima no tienen condiciones de pagar un plan de salud. Ella cree importante referir que De amor y otras adicciones es, no obstante, esencialmente una historia sobre la negociación de una relación amorosa. Que, en un paralelo con la vida real, ella inició su alianza con Gyllenhaal en El secreto de la montaña, cuando filmaron apenas ocho días, y decidió concretarla, en la cama y casi sin ropas, en el set de rodaje de Edward Zwick. Una elección, en las palabras de Gyllenhaal, extremadamente corajuda de una de las nuevas estrellas de Hollywood.
"Sólo tengo miedo a una cosa: la soledad. No tengo miedo de estar solita, pero la soledad es diferente, es cuando nadie te entiende, cuando no hay nadie para conversar sobre cosas íntimas, cuando no hay posibilidad de conexión. De eso tengo miedo. Hacer a Maggie me obligó a pensar en el futuro. No sé decir algo específico, pero puedo garantizar que mi mayor deseo, después de haber hecho De amor y otras adicciones, es ser una gran mujer", dice, con las gruesas cejas arqueadas al máximo, antes de desaparecer por los corredores de un hotel londinense.
"No podemos negar que nos queremos"
Gyllenhaal asegura que la relación que mantiene con Hathaway desde 2005, cuando filmaron El secreto de la montaña, es "estrecha, amistosa, complicada". Entre las complicaciones estuvieron las propias dudas de la actriz acerca de aceptar el trabajo en De amor y otras adicciones. Para el actor y el director, la película sin ella no se podía hacer. "Teníamos que convencerla de que podía confiar en nosotros", recuerda Jake.
Hathaway quedó encantada con el resultado y no duda en señalar que en parte fue por la actitud protectora que suele tener Gyllenhaal y que ella aprovechó más de lo usual. Paradojalmente, lo que más le atrae de ella a él es su aspecto fuerte: "Me gusta la gente capaz de tomar decisiones". Además de diversión y sinceridad hay otro condimento en su colega que admira: "me encanta, sobre todo, que tenga ángel. Y eso es algo que se ve de lejos. Cuando conozco a alguien u oigo a alguien hablar, incluso en una entrevista, ese ángel es el que me mueve".
Sobre estas bases construyeron un nivel de confianza tal, que Jake no duda en llamatar telepatía. "No podemos negar que nos queremos, nos respetamos, y nos encanta trabajar juntos".
Querida por Batman pero odiada por Tom Cruise y señora
Hathaway es una actriz que está en pleno apogeo de su carrera. Ayer mismo, The Hollywood Reporter aseguró que ella es, junto a Keira Knightley y a Jessica Biel, una de las más firmes candidatas para ocupar uno de los roles preponderantes en el tercer y último Batman que dirigirá Christopher Nolan.
Casi al mismo tiempo se supo que el hecho de que Hathaway sea la conductora del Oscar junto a James Franco, lo que supone un reconocimiento extra, cayó bastante mal en dos colegas suyos de mucho nombre: Tom Cruise y Katie Holmes. Tanto que la pareja no concurrirá a la gala de la Academia. El malestar surgió porque ellos la consideraban una verdadera amiga pero cuando Hathaway aceptó hacer una parodia de Holmes para Saturday Night Live, sin decirles nada antes, ellos decidieron cortar la relación. Se sintieron traicionados.