El actor estadounidense Dennis Quaid vive a sus 50 años la etapa más fructífera de su carrera, lo que él considera su particular "sueño americano".
En una rueda de prensa para presentar la película In good company, Quaid explicó que en este film encarna a un "verdadero héroe", un hombre "que acude diariamente a su trabajo y en torno al que gira este mundo. Ama su trabajo y su familia y, un buen día, se lo quitan". Y es que su papel es el de un cincuentón que, debido a ciertos movimientos empresariales, queda como subordinado de un joven que acabará acostándose con su hija.
El director de la película, Paul Weitz, cree que ésta "pone en tela de juicio ese viejo concepto del sueño americano. Se plantea si ese sueño existe y las consecuencias que puede tener comprender de que realmente no existe". Pero Quaid discrepa con esa opinión. "El sueño americano sigue existiendo, yo lo estoy viviendo", afirma el actor, quien ha visto cómo, después de años de estancamiento, volvía a primera plana gracias a trabajos más "curtidos" y elaborados, como el abogado traidor de Traffic.
El actor cuenta cómo vive esta segunda oportunidad: "Lo que me está pasando en los últimos cinco años es lo que debería haberme ocurrido cuando tenía treinta y tantos. Ahora disfruto más que cuando empecé", asegura Quaid, quien considera la fama "un efecto secundario de mi trabajo que sólo sirve para conseguir reservas en los restaurantes, y para de contar".
Lo que ha notado es que "antes los directores eran más paternales porque siempre eran mayores, pero no sé en qué película concretamente esto cambió. Sin embargo, a mí me siguen moviendo las ganas de aprender". Quaid también se refiere al cambio experimentado por Hollywood desde que él comenzó a actuar: "Los setenta fueron años muy emocionantes, era como si los reclusos se hubieran apoderado del asilo; se hacían películas que hoy ya no tendrían cabida en un gran estudio". Para Quaid, hoy el cine es "una ecuación entre arte y comercio. La cuestión es dónde está el equilibrio entre los dos conceptos".