Cuando de sexo no se puede hablar

| El film de Bill Condon recuerda a un sexólogo que conmocionó a la sociedad estadounidense

INTIMIDADES. Liam Neeson protagoniza al investigador que fuera comparado con Galileo Galilei y con Charles Darwin. 200x146
INTIMIDADES. Liam Neeson protagoniza al investigador que fuera comparado con Galileo Galilei y con Charles Darwin.

H. A. T

Entre 1948 y 1960, el apellido Kinsey fue en Estados Unidos una alusión al sexo y un motivo de controversia en la prensa y en diversos actos públicos. Algunos observadores vindicaban y elogiaban al profesor Alfred Kinsey (1894-1956) como un valiente explorador de verdades ocultas, que en dos libros revelaba a la opinión pública los laberintos de la conducta sexual humana. Otros lo aborrecían, en cambio, porque lo veían como una encarnación del demonio, como un promotor de perversiones sexuales, como un maldito que no debía ser tolerado en una sociedad occidental y cristiana.

Aquella controversia se apagó con el tiempo pero renació a fines de 2004, cuando se anunció el estreno de Kinsey, una película producida por Francis Ford Coppola, dirigida por Bill Condon, protagonizada por Liam Neeson. En el bando opositor a la película se pueden leer hoy contra Kinsey algunos insultos más duros que los pronunciados hace medio siglo.

HOMBRE SERIO. Kinsey nació en Hoboken, New Jersey, en una familia de costumbres religiosas y puritanas. Fue un destacado boy-scout y después un notable estudiante en Harvard, donde se graduó en entomología. Había profundizado estudios en zoología y particularmente en la vida de los insectos, con una variada colección de más de dos millones de ejemplares. Hacia 1920 pasó a ser profesor de zoología en la Universidad de Indiana. También se casó con la novia de su infancia y llegó a tener cuatro hijos.

En 1937 la Universidad inició cursos sobre educación sexual y matrimonio, temas nuevos en los programas. Puso a Kinsey al frente de ese plan, pero él descubrió que sabía poco del tema. Así emprendió en 1938 una encuesta que le ocuparía diez años, preguntando sobre sexo a sus alumnos y a todo varón accesible. (Después se extendió a mujeres). Cada entrevista le llevaba entre una y seis horas, abarcando quinientas preguntas, cuyas respuestas quedaban guardadas en tarjetas de IBM, mediante códigos sólo conocidos por él y sus tres ayudantes. Llegó a tener 5.300 respuestas, que luego pudo clasificar según los códigos. Aunque Kinsey no fumaba ni bebía, llegó a hacer moderadamente ambas cosas para aumentar la cordialidad de algunas entrevistas. Estaba preguntando temas delicados y no podía esperar que todos contestaran con franqueza. Su trabajo de diez años estuvo financiado por el National Research Council, por la Universidad de Indiana, por la Rockefeller Foundation y por aportes menores de otras fundaciones.

LIBRO RUIDOSO. En 1948 la editorial W. B. Saunders Co., especializada en libros de medicina, publicó Sexual Behavior in the Human Male (Conducta sexual del varón) con 820 páginas a $ 6.50. Se agotó de inmediato la primera edición de diez mil y en ocho semanas las siguientes, hasta los doscientos mil ejemplares. El éxito fue explicado en parte por la reiterada denuncia católica, que suele hacerle un favor a lo que ataca. Las opiniones críticas fueron muy variadas. En un extremo, los elogios a un libro revelador incluyeron la idea de que "Kinsey hizo por el sexo lo que Colón hizo por la geografía". En el medio, muchos lectores descubrieron que ese libro sobre el sexo no era excitante sino una acumulación de estadísticas y porcentajes, un frío mundo al que Kinsey había trasladado un resumen de miles de experiencias masculinas sobre masturbación, homosexualidad, vida sexual antes del matrimonio o a espaldas de la esposa, frecuencia de esos actos, relación con prostitutas, posturas para el acto sexual, velocidades para la eyaculación y otros detalles que ningún libro previo había mencionado. En el otro extremo hubo fuertes críticas. Las más fundadas señalaron que la encuesta había incluido pocos hombres negros y pocos hombres pobres, con lo cual quedaba limitada su representación del sexo en Estados Unidos. Otras críticas más duras se quejaron de que el libro era pornográfico y de que destruía las bases de una sociedad cristiana, por lo que se pedía la total censura.

LA OTRA MITAD. Y además faltaba la mujer. Tras revisar y clasificar otras 5.940 fichas de entrevistas, Kinsey publicó en 1953 su nuevo libro Sexual Behavior in the Human Female (Conducta sexual de la mujer), también con la editorial W. B. Saunders y con 872 páginas. El método era similar al precedente pero algunos hallazgos fueron distintos. En la mujer era más frecuente la relación homosexual en la adolescencia. Abundaron los testimonios de mujeres capaces de alcanzar varios orgasmos sucesivos en muy corto tiempo, lo cual es habitualmente imposible en el varón. Pero también abundaron los testimonios de mujeres que rara vez llegaron al orgasmo, ni siquiera en el matrimonio. Sobre esa deficiencia y sobre la presunta frigidez de algunas mujeres, Kinsey opinó que se trata en realidad de una ignorancia o una incompetencia masculina.

El segundo libro recibió tantas objeciones como el primero. Muchos desconfiaron de la veracidad de las respuestas, porque las mujeres tienen una mayor tendencia a ocultar su vida privada. También fue señalado que el libro trataba a seres humanos "como insectos", sin tener en cuenta la unión del sexo con el cortejo, con el amor y con la maternidad.

Kinsey falleció en 1956. No se enteró de esta película del 2004 y de las tardías acusaciones que volvió a recibir. Ahora le hacen culpable de los niños violados, de los avances del movimiento gay, de la educación sexual en los colegios, de las propuestas para legalizar el aborto. No es probable que Kinsey haya ejercido influencia sobre hechos sociales tan extendidos, pero importa recordar una observación de George Bernard Shaw sobre la censura: "no conozco un solo caso de una mujer que se haya prostituido por leer un libro".

Kinsey tuvo antecesores como Von Krafft-Ebbing (Alemania), Havelock Ellis (Inglaterra), T-H-Van de Velde (Holanda) y Marie Stopes (Escocia). También tuvo continuadores, como la pareja de William H. Masters y Virginia Johnson, como el médico inglés Alexander Comfort y como la modelo americana Shere Hite. Ellos y otros investigaron y divulgaron la conducta sexual, con lo que sería erróneo atribuir la exclusividad a Kinsey, aunque este fue finalmente el único que recibió una película con su nombre. Sobre su original profesión de sexólogo, algo señaló el profesor Colin Hindley, de la Universidad de Londres: "Si nos inclinamos a considerar la unión sexual como algo tan sacrosanto que no puede ser investigado, debemos recordar que una opinión similar se sostenía sobre las estrellas en la época de Galileo".

"Creo que cambió al mundo"

BERLIN | GUILLEM SANS

El estadounidense Bill Condon traslada a la pantalla la idea del sexólogo Alfred Kinsey (1894-1956) de que "la sexualidad de cada persona es única" y que, por ello, el intento de compaginarla con la pertenencia a un grupo social origina tensiones y conflictos. Su película Kinsey, protagonizada por Liam Neeson y Chris O’Donell, cerró el viernes la Berlinale, en función fuera de concurso.

La de Kinsey "es una figura muy importante y creo que cambió el mundo, pero no como Galileo", señaló el director en relación con una de las dos figuras históricas —la otra es Charles Darwin— con las que el propio biografiado se comparaba.

Aunque alejada de la estructura del "biopic" (film biográfico) tradicional, la película cuenta en formato hollywoodiense la vida de Kinsey, desde su difícil relación con un padre muy conservador, su pasión por la biología y su afición de entomólogo hasta la fama que alcanzó con sus informes, que le pondrían en el punto de mira de las fuerzas más conservadoras de su país.

En la cumbre de su fama, la Fundación Rockefeller le retiró la financiación de sus estudios por las presiones de círculos ultraconservadores que creían —o querían creer— que el comunismo tenía algo que ver con la promiscuidad sexual.

Un colaborador de Kinsey que murió hace poco contó a Condon que al sexólogo "los movimientos de liberación sexual le hubieran horrorizado", porque "la conclusión del film es que la sexualidad de cada persona es única, y lo importante es la tensión entre esa sexualidad y el deseo de calidez, de pertenecer a un grupo social".

El principal mérito de Kinsey es que "tomó una instantánea de un país en un momento determinado, y concretamente retrató la sexualidad de los hombres estadounidenses durante la guerra. Esas entrevistas siguen siendo la base para muchas cosas", explicó. Es un personaje "olvidado por todo el mundo y había esa necesidad de recuperarlo", consideró.

Respecto a la sociedad estadounidense de hoy, Condon opinó que se trata de "una cultura muy esquizofrénica, muy puritana en general, en la que al mismo tiempo hay demasiado sexo". "Como respuesta a eso, en la educación hay cada vez más gente de derecha que realmente intenta cambiar la cultura popular. Se está convirtiendo en una batalla", consideró.

El director, al que disgusta la estructura tradicional de las películas biográficas —"especialmente el flash back"—, ha recuperado con Kinsey a un personaje de la historia reciente de su país que ayudó a muchos de sus compatriotas a entender mejor y, sobre todo, a disfrutar más su vida sexual. EFE

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