Crónica social y pueblerina con emoción e inteligencia

DVD. En los videoclubes está ya "La mentira", film francés de Xavier Giannoli

 20111118 500x332

GUILLERMO ZAPIOLA

Alguien ha dicho ya que era una de las mejores ilustraciones del concepto de "mentira blanca" que el cine haya aportado. El título es literalmente "La mentira", fue dirigida por el francés Xavier Giannoli, y acaba de salir en DVD.

El protagonista (Francois Cluzet) ha estado en la cárcel, y tras salir de ella va a dar, por toda una serie de circunstancias, a un pequeño pueblo en Nord Pas-de-Calais, cuyos habitantes luchan por subsistir desde que los trabajos de construcción de una carretera cercana se cancelaron.

El hombre se hace pasar por empleado de una gran empresa constructora para perpetrar una pequeña estafa, pero las cosas empiezan a crecer de manera imprevisible. Los lugareños, que quieren convencerse de que su presencia indica que se retomarán los trabajos, comienzan a acosarlo, el hombre descubre que las empresas locales están dispuestas a ofrecerle una comisión para ser subcontratadas, y decide continuar con la farsa. Su idea inicial no es particularmente noble por cierto: se propone, simplemente, recaudar todo el dinero que pueda y emprender la fuga. Pero hay algo llamado la naturaleza humana que a menudo se interpone y frustra los mejores (es decir, los peores) planes de un delincuente. El entusiasmo y el creciente respeto de la gente influyen sobre el aspirante a estafador, y el amor de la alcaldesa del pueblo introduce otro elemento que puede distorsionar los planes iniciales. El resultado final es bastante diferente a lo que el poco confiable forastero había imaginado al principio.

El primer dato a tener en cuenta es que la película relata una historia real, aunque habría que investigar más a fondo para saber cuánta ficción le agregaron el director Xavier Giannoli y su colibretista Romano. Se sabe, por ejemplo, que el verdadero estafador terminó huyendo, pero dejó tras sí una carretera operante, pero que las autoridades decidieron destruirla porque quien la utilizara podría ser acusado de "cómplice de fraude". Aparentemente, la deliciosa incompetencia de la burocracia es un fenómeno universal.

A los efectos de la película, lo que importa saber es que ese punto de partida le sirve a Giannoli y a su equipo para explorar las condiciones de vida y la situación económica de ciertas regiones de la Francia de hoy, y más ampliamente esa mentalidad burocrática ya mencionada como plaga planetaria. La crítica ha mencionado los antecedentes del británico Ken Loach (Pobre vaca, Vida de familia, Mi nombre es todo lo que tengo) o del francés Laurent Cantet (Recursos humanos, El empleo del tiempo), y más atrás, acaso, el ejemplo señero del neorrealismo italiano, como posibles modelos de este cine que entrecruza retratos individuales, pintura de ambientes y una dosis de "atención social", escapa de lo meramente intimista o psicológico para ampliar su registro hasta realidades más abarcadoras.

Lo que los cineastas consiguen es un crónica fluida, bien actuada (junto al protagonista Cluzet asoman entre otros Emmanuelle Devos y Gérard Depardieu, sin ir más lejos) y por momentos legítimamente conmovedora de un pueblo, su gente y sus sueños. En lo que constituye uno de los puntos fuertes del libreto, Giannoli y los suyos se las arreglan para mostrar, de manera minuciosa y pausada, la forma como lo que empieza siendo una pequeña estafa termina involucrando a todo un pueblo, y las cosas se dan vuelta para hacer de un proyectado delito una acción colectiva con efecto positivo sobre la comunidad. Una película inteligente, y la novena realizada por Giannoli (en Uruguay se conoció El cantante). Varias candidaturas al César.

¿Encontraste un error?

Reportar

Te puede interesar