Continúa la gran aventura

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GUILLERMO ZAPIOLA

La traslación al cine de la saga de aventuras fantásticas creada por C. S. Lewis parece afirmarse. El pasado miércoles se estrenó mundialmente en Nueva York y hoy se exhibe en el Festival de Cine de Acapulco "El príncipe Caspian", segunda entrega de la serie "Las crónicas de Narnia".

El príncipe Caspian se proyectó en carácter de primicia mundial en una sala de mil butacas de la Calle 42, ante un público de cien periodistas y novecientos niños y sus padres. El film se estrena comercialmente en los Estados Unidos el próximo viernes y llegará a Montevideo el 6 de junio. La historia retoma a los jóvenes hermanos Pevensie (Peter, Susan, Edmund y Lucy), protagonistas de la "crónica" anterior, El león, la bruja y el ropero, interpretados nuevamente por William Moseley, Anna Popplewell, Skandar Keynes y George Henley. En la Tierra ha pasado apenas un año desde que los hermanos vivieran su épica aventura en el mundo paralelo de Narnia, pero hay que recordar que en ese universo fantástico las cosas son muy diferentes, y una de las diferencias es el paso del tiempo.

Cuando los Pevensie vuelvan a internarse en Narnia descubrirán que allí han transcurrido más de mil años y que las cosas no marchan bien. En su momento, ellos mismos pudieron convertirse en reyes, pero ahora son solamente un recuerdo legendario. La comarca está devastada, la mayoría de las criaturas mágicas han sido destruidas y otras se ocultan para sobrevivir, y el poder es ejercido tiránicamente por el villano rey Miraz, encarnado por el italiano Sergio Castellito.

Los Pevensie conocerán al príncipe Caspian (encarnado por el joven actor Ben Barnes), legítimo heredero del trono y sobrino del usurpador, que intenta animar a los habitantes de Narnia para que se rebelen contra la tiranía. En el correr de la aventura subsiguiente, los personajes se tropezarán con un par de viejos conocidos: brevísimamente, con la Bruja Blanca (Tilda Swinton) que derrotaran en el film anterior: más largamente con el león Aslan, quien en la versión original al menos sigue teniendo la voz de Liam Neeson, sigue siendo una metáfora de Cristo y se encarga de aportar el sentido moral de la lucha.

El film ha sido dirigido por el neocelandés Andrew Adamson, quien ya hiciera Shrek y la anterior Narnia, y que ha dicho que esta vez ha adquirido más confianza en sí mismo y se ha atrevido a tomarse alguna que otra libertad con el querido material literario de Lewis, al que se sintiera más "atado" en la película previa.

El príncipe Caspian adapta el segundo libro publicado de la saga de Lewis (salió en 1951), aunque es el cuarto en lo que se refiere al orden cronológico de la historia. De todos modos tiene sentido que haya sido también el segundo en filmarse. En lo que tiene que ver con los personajes, es el que establece una conexión más directa con El león, la bruja y el ropero. De hecho, a diferencia de lo que ocurre con El señor de los Anillos, Harry Potter o La materia oscura, las Crónicas narran historias independientes entre sí, y en varias de ellas los Pevensie ni siquiera aparecen.

Es todo un dato que durante la premiére mundial del pasado miércoles en Nueva York algunos espectadores infantiles expresaran cierta alarma al saber que dos de los personajes no estarán en la próxima entrega de la saga, basada en la novela El viaje del Explorador del Amanecer (tal vez la mejor de la serie, o simplemente se trata de que a este cronista lo fascina cualquier novela que transcurra en el mar). Uno de los productores que dialogó con el público luego de la proyección debió explicar que los libros de Lewis "establecían ciertas pautas", y que las versiones fílmicas debían atenerse a ellas.

Las "transgresiones" que el director Adamson y su equipo se han permitido son de todos modos, al parecer, secundarias: dos líneas anecdóticas que se entrecruzan en lugar de sucederse una a la otra, como en el libro original, para acrecentar la tensión; un mayor espacio concedido a las escenas de batalla, que en Lewis suelen reducirse a media página y que ya la película anterior había acrecentado con respecto a su original literario. Adamson ha explicado que El príncipe Caspian tiene una estructura muy diferente a la de El león, la bruja y el ropero, entre otras razones porque ya no es necesario que los protagonistas (y los espectadores) sepan qué es Narnia, y se puede entrar mucho más directamente a la acción.

El propio Adamson sostiene que el nuevo film es "mucha más complejo y mucho menos ingenuo" que el primero. Los villanos ya no son seres fantásticos sino humanos bastante crueles, y las criaturas imaginarias a las que tiranizan lucen más salvajes, quizás como consecuencia del sufrimiento. También se insinúa el nacimiento de un primer amor (entre Susan, la mayor de los Pevensie, y el príncipe Caspian) que Lewis omitiera. De todos modos, los productores se han esmerado por que en las espectaculares batallas no haya una sola gota de sangre. Al fin y al cabo, saben que están haciendo una película para niños, no la secuela de 300.

Por otra parte, y aunque el mesiánico león Aslan juegue esta vez un papel menos crucial, no hay que olvidar que Lewis siempre quiso que sus novelas fueran alegorías de corte religioso. Las crónicas de Narmia (en total, siete libros) constituyen uno de los clásicos de la literatura fantástica para niños del siglo XX. Y como sucede en los mejores ejemplos del género, el término "para niños" debe ser manejado con pinzas: los adultos, que son (somos) unos cobardes, nos las hemos arreglado para volver inofensivas ciertas obras condenándolas al "ghetto" de la literatura infantil (Swift, que ciertamente no es un escritor para niños; Carroll, que en todo caso lo es solo por añadidura). No es casual que en las primeras páginas del primer libro de la serie de Narnia, Lewis advierta a su lector: "Algún día serás lo suficientemente grande como para volver a leer cuentos de hadas".

Las preocupaciones religiosas de Lewis, quien no fue solamente autor de historias fantásticas sino filósofo y teólogo, y escribió novelas para adultos donde asomaban las mismas inquietudes (su trilogía de ciencia ficción sobre el planeta Marte, iniciada por la excelente Planeta silente, esconde sin mucho disimulo una reflexión sobre el Pecado Original), nunca estorban empero el placer de la lectura como atrayente ficción novelesca. Muchos lectores pueden entender a la serie como una alegoría de raíces cristianas, pero para aquellos a quienes ese sentido se les escape o no les importe queda todavía un conjunto de aventuras pobladas de acción, sorpresas, personajes insólitos y vueltas de tuerca inesperadas.

La primera entrega fílmica de la saga cumplía a medias con esas posibilidades, aunque era superior a su rival La brújula dorada, la respuesta atea basada en Philip Pullman. Cabe suponer que a Adamson y su equipo le importan más la aventura que cualquier contenido "trascendente", pero cabe confiar en que hayan dado un paso adelante. Material tienen.

Una epopeya que recurre a la más moderna de las tecnologías

Una epopeya que moviliza millones de dólares pide también, al parecer inevitablemente, tecnología de punta para los efectos especiales. Seres que vuelan, personajes animados, rodaje sobre fondos azules para luego integrar las imágenes generadas por computadora. El cine puede hacerse sin eso, pero es posible que Las crónicas de Narnia no.

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