Confesiones a medias y una idea equivocada

MATÍAS CASTRO

Debo reconocer que, aunque no me cae simpática como espectador, Moria Casán hizo algo que muy pocas figuras del espectáculo se permiten. "De vez en cuando yo fumo marihuana, no soy adicta pero me relaja. Me divierte un poquito", le dijo ayer a Jorge Rial en un programa de radio para defender a su hija. El diario Libre de Buenos Aires había publicado en su tapa una foto en la que mostraba a Sofía, la hija de Moria, armando un porro. La escena, si uno se pone a pensar, no es rara. Lo que generó el escándalo era que lo hacía una persona conocida. Es la clase de revelación que llama la atención siempre.

Hace un par de meses en unas columnas había comentado cómo lo más frecuente es escuchar a actores y actrices confesando que en su pasado consumieron alguna droga. En esas confesiones siempre queda claro, de forma explícita o tácita, que en el presente no consumen nada de nada. Evidentemente no se puede determinar quién miente y quién no, pero me atrevo a decir que muchos de los que dicen "fumé marihuana, pero cuando tenía veinte años", se drogan en cualquier fiesta.

Al menos ahí está el valor relativo de lo que hizo Moria Casán. Aunque sea para defender a su hija y no posar de madre escandalizada, fue honesta con el público. Mucho se habló en la televisión sobre si consumía o no cocaína y, de hecho, ella llegó a protagonizar una situación bastante ridícula cuando se hizo en cámaras un análisis de sangre.

Por un lado hay que reconocer que nadie en el mundo del espectáculo tiene la obligación de confesar todo lo que hace. También hay que reconocer que la constante presión de las revistas, televisión y páginas de Internet por informar cualquier detalle sobre sus vidas privadas nos genera la sensación de que deberíamos saberlo todo. Eso desfigura un poco la idea de lo que hay que esperar y de lo que, del otro lado, se debe decir. Esa presión puede llevar a confesiones a medias.

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