MATÍAS CASTRO
El actor que interpretó a Columbo durante tres décadas murió a los 83 años, según se divulgó ayer. Peter Falk dejó atrás una larga lucha contra el Alzheimer y varios dramas dentro de su familia.
Triste había sido, en parte, el contexto en el que vivió Falk en los últimos años. Es que su familia sufrió varios enfrentamientos y divisiones internas debido al manejo de sus bienes raíces. Pero no es esa la razón por la que su muerte, que se dio el jueves, resonó en todo el mundo cuando se divulgó ayer. Aunque hizo innumerables trabajos en cine y televisión, Columbo fue su personaje más reconocible.
Este desharrapado y distraído (aunque siempre eficaz) detective, fue el personaje que le dio fama desde que lo encarnó por primera vez en 1968 en el telefilme Prescription: murder. Tres años después, en 1971, su serie de televisión debutó con una curiosidad para cinéfilos: el primer capítulo fue dirigido por Steven Spielberg, veinteañero y primerizo por aquel entonces. Entre el personaje, Falk y el director que años después saltaría a la fama había algunos puntos en común desde su visión: "Soy judío de Virgo y eso significa que soy obsesivamente meticuloso. Tener la mayoría de los detalles no es suficiente, hay que tenerlos todos. Se me ha acusado de perfeccionismo. Cuando Lew Wasserman (ejecutivo de los Estudios Universal) dice que Falk es un perfeccionista, no sé si lo dice como gesto de afecto o porque soy un monumental dolor de cabeza".
Aunque antes y después hubo otros actores interpretando al detective (el último fue Dirk Benedict, el galán de la serie Los magníficos) Falk fue quien lo encarnó por más años, desde 1968, con los primeros telefilms, hasta los últimos episodios que grabó en el 2003. De todos modos, lo hizo treinta años de corrido pero en las sucesivas reapariciones del personaje él siempre estuvo de protagonista.
Su actitud fue la que definió a Columbo casi tanto como el modelo de historias que se contaban, en las que la cara del asesino no era un misterio ya que se revelaba en la primera escena (el truco era cómo Columbo daba con él). Falk, incluso, aportó el vestuario del detective de su propio guardarropas. Entre lo que él dispuso estaba la emblemática gabardina, que apareció por primera vez en el segundo capítulo de la serie. "He estado en pueblos chicos de África donde hay un televisor con suerte y los niños corren hacia mí gritando ¡Columbo, Columbo!", contó en cierta ocasión.
Si bien su rostro no se separará jamás del personaje, su carrera se extendió por muchos más años y en otras áreas. Comenzó con un pequeño papel en un capítulo de la serie Robert Montgomery Presents, en 1957, pero en los años anteriores había hecho teatro en Nueva York. En 1972, de hecho, ganó un premio Tony, los más importantes del teatro, por su trabajo en El prisionero de la Segunda Avenida.
Sus comienzos en cine fueron un tanto azarosos, condicionados porque tenía un ojo de vidrio. Según la biografía que aparece en la web oficial de Falk, el ejecutivo Harry Cohn lo rechazó en una entrevista argumentando que "por el mismo precio puedo conseguir un actor con dos ojos". Sea cierta o no esa frase, sus primeros papeles en cine fueron secundarios. Su situación cambió en 1960, cuando apareció en la película Asesinato S.A., pero en un papel secundario, interpretando a un asesino. Aunque algunos la han considerado una película más de gánsters, le ofreció su salto a la fama. Fue un "milagro" que cambió su carrera tras un casting en el que participaron cientos de actores que venían de Broadway como él, según sus propias palabras.
Esta sorpresa se amplió cuando al año siguiente trabajó a las órdenes de Frank Capra en la comedia Milagro por un día, que fue el último largo del director. Aunque allí hacía un secundario, Falk marcó al realizador y a la Academia, que lo nominó a un premio Oscar. "Toda la compañía de producción agonizaba... excepto por Falk. Era mi alegría y mi ancla con la realidad", comentó Capra sobre esta experiencia en su autobiografía.
En el cine cosechó relaciones interesantes con autores de peso. Una de ellas, tal vez la más comentada, fue la que tuvo con John Cassavetes. Falk actuó para él en Maridos (1970) y Una mujer bajo influencia (1974) y Cassavetes, a su vez, actuó en uno de los capítulos de Columbo de 1972. "Nunca sabías para dónde podía ir la cámara", contó una vez Falk con respecto al trabajo con este director. "John podía meterse en medio de una escena y hablar mientras la cámara seguía corriendo. Así que nunca sabía qué demonios hacía. Pero, en definitiva me hizo menos autoconsciente y menos alerta a la cámara que ningún otro director. Creo que le hizo lo mismo a cada actor que trabajó con él".
El año 2009 marcó el punto sin retorno de su carrera. Estrenó su última película, American cowslip y también se declaró su demencia senil, supuestamente empeorada por una mala aplicación de anestesia durante una serie de cirugías dentales. Uno de los médicos que lo atendieron durante estos últimos años llegó a declarar que su estado se agravó a tal punto que ni siquiera podía recordar a Columbo. Su esposa, Shera Danese se hizo cargo de sus bienes tras un juicio que la enfrentó a su hija adoptiva, Catherine Falk, y se ocupó de mantener alejada a la prensa. A la hora de su fallecimiento manejó con cuidado la noticia y la divulgó con los preparativos ya hechos.