Un montón canciones y una vida en un documental en alta definición sobre una de las leyendas de la música

Este jueves se estrena "EPiC", la nueva película de Bazz Luhrmann que es un complemento de su "Elvis" con Austin Butler y que recopila imágenes inéditas de Elvis Presley

EPic
Elvis Presley en "EPiC"

Jason Bailey, The New York Times
Baz Luhrmann escuchó por primera vez sobre ese material mientras investigaba lo que terminaría siendo su biopic sobre Elvis Presley de 2022, Elvis. Le contaron que había un verdadero tesoro de película no usada y nunca vista, filmada por MGM para la película de concierto de 1970 Elvis: That’s the Way It Is y su continuación de 1972, Elvis on Tour. A Luhrmann se le despertó la curiosidad; pensó que quizá podía ahorrarse el trabajo de construir un set enorme usando imágenes ya existentes del showroom de Las Vegas al que Presley volvió para sus presentaciones en vivo.

Pero en vez de eso empezó un viaje de años de rescate y restauración que terminó en el nuevo documental EPiC: Elvis Presley in Concert, que se estrena el jueves 26 en cines en Uruguay.

Ese viaje arrancó, de manera bastante improbable, en una mina de sal subterránea en Kansas. “La gente piensa que es una forma de decir”, contó Luhrmann. “No lo es.” Es en lugares así donde estudios como Warner Bros., que ahora es dueño del material, guardan sus archivos. Y no es barato.

“Cuesta 100.000 dólares solo mandar a alguien a buscar”, explicó. Así que pagó de su propio bolsillo y consiguió que investigadores entraran a la bóveda. “No encontraron uno o dos rollos”, dijo. “Encontraron 69 cajas de material.” Gran parte era película de 35 mm, filmada durante varios shows en Las Vegas para That’s the Way It Is; el resto era material en 16 mm, rodado tras bambalinas para ambas películas y sobre el escenario para Elvis on Tour.

“Pero está todo mal rotulado”, dijo Luhrmann. “Parte fue robada, hay polvo, corrosión, es un desastre.”

Había otro problema, explicó Jonathan Redmond, editor y productor ejecutivo de EPiC y colaborador de Luhrmann desde hace años. “Eran solo 59 horas de imagen. No había sonido, porque la película y el audio se graban y se archivan por separado”, dijo Redmond. “Entonces estábamos mirando todo ese material, cosas increíbles, pero no sabíamos qué estaba cantando.”

Incluso en ese estado tan precario y desconcertante, los cineastas quedaron fascinados por lo que veían. “Tenemos que hacer algo especial con esto”, le dijo Redmond a Luhrmann. “No podemos simplemente devolverlo a la mina.”

Luhrmann coincidió: “Tenemos que hacer algo especial, como una pieza compañera.”

Pero primero tenían que hacer la película a la que iba a acompañar. Mientras filmaban y montaban Elvis, Warner Bros. supervisó el escaneo del material en 4K, y un editor asistente, Jim Greco, se puso a sincronizarlo con todas las grabaciones de sonido disponibles. Al mismo tiempo, Angie Marchese, vicepresidenta de archivos y exhibiciones del museo Graceland de Presley, les facilitó varios rollos de filmaciones caseras en 8 mm y Super-8, muchas también inéditas.

“Pero lo que realmente pasó, el gran quiebre, fue que encontramos esta entrevista”, dijo Luhrmann. Una mañana, después de una larga noche cantando gospel, Presley aceptó dar una entrevista solo de audio a los realizadores de Elvis on Tour, en la que se mostró inusualmente abierto y sincero sobre su vida y su carrera.

“Habíamos leído todos los libros y hecho muchísima investigación sobre Elvis, así que conocíamos su historia; no necesariamente nos estaba contando algo que no supiéramos”, dijo Redmond. “Pero escucharlo decirlo con su propia voz era mucho más potente, de alguna manera. Y eso fue lo que terminó de abrir el proyecto.”

En concreto, ayudó a Luhrmann a responder la pregunta que venía haciéndose desde el principio: “¿Qué hacemos?” No querían hacer simplemente otra película de concierto ni rehacer una de las anteriores con material nuevo, lo que ya se había hecho con That’s the Way It Is en 2001. Tampoco querían hacer otro documental biográfico más, como This Is Elvis, de 1981.

“Son buenos documentales”, dijo Luhrmann. “Pero siempre es gente hablando de Elvis, no él.” Entonces idearon una mezcla de película de concierto, documental biográfico y algo un poco más… surrealista. “Vamos a hacer algo así como un paisaje onírico”, dijo Luhrmann, “donde Elvis venga a vos en tu sueño, cante y cuente su historia como nunca antes. Esa era la idea.”

La fidelidad a los elementos originales de imagen y sonido a veces implicó ir más allá de las fuentes tradicionales. “Conectamos algunos audios que están dando vueltas por ahí, pirateados”, dijo Luhrmann entre risas. “Tuvimos que encontrarnos con gente en estacionamientos y comprarlos, benditos sean. El intercambio de material ilegal de Elvis… están los narcos colombianos, y después están los que trafican bootlegs; y, amigo, creo que preferiría tratar con los narcos.”

Al director le preocupaban menos los pequeños fragmentos de instrumentación que faltaban, que volvió a orquestar y grabar, una decisión estética que encajaba con el concepto general.

“Esto es lo opuesto a Get Back”, dijo, en referencia a la docuserie de archivo de los Beatles de Peter Jackson, “en el sentido de que lo que hace tan grande a Get Back es que es imparcial. Lo que yo quería decir era: no, este es un concierto imaginado, donde todas estas cosas pasan al mismo tiempo.” Aun así, convocaron con entusiasmo a Jackson y a su compañía WingNut Films para el trabajo de restauración, como el que hicieron en Get Back y en el documental de 2018 sobre la Primera Guerra Mundial They Shall Not Grow Old.

“Es el estándar de oro de la restauración”, dijo Redmond. “Así que desde bastante temprano decidimos que, por bueno que fuera nuestro material, lo íbamos a pulir al máximo.”

Eso sí, quiso dejar algo claro. “Quiero subrayar que no hay ni un solo fotograma hecho con IA en esto”, dijo Luhrmann, con firmeza. “Y no hay efectos visuales. Me gusta decir que el único efecto visual acá es el efecto que Elvis tiene sobre su público.”

Con esta exploración de varios años y dos películas sobre Elvis Presley finalmente terminadas -y con algunas breves imágenes del material recuperado incluidas en el corte final, aunque sí terminaron reconstruyendo el showroom de Las Vegas-, Luhrmann y Redmond esperan haber aportado algo relevante a la abundante conversación cultural alrededor del Rey. Para ellos, todo se reducía a una pregunta: quién era realmente Elvis Presley.

“Teníamos una frase: en las grietas se ve la luz”, dijo Redmond, “y eso aplica mucho a un personaje como Elvis, que estaba tan acostumbrado a las cámaras y a estar frente a ellas.”

“Elvis dice en esta película que es muy difícil estar a la altura de una imagen”, señaló Luhrmann. “Dice que un ser humano es una cosa y una imagen es otra.” Para el director, entender a Elvis Presley implicaba lidiar -y empatizar- tanto con la persona como con la imagen. “Espero que las dos películas muestren la máscara”, dijo, “porque a todos nos encanta ver a Elvis siendo el Elvis icónico, pero también quitarle la máscara. Eso fue lo que me propuse hacer.”

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