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Escribió un libro sobre los nacimientos del cine uruguayo y elige sus películas nacionales preferidas

Alvaro Lema Mosca acaba de publicar una historia completa del cine que se hizo en Uruguay y es un detallado recuento de una vida llena de comienzos

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Alvaro Lema
Nota a Alvaro Lema, escritor uruguayo, frente a las oficinas de El Pais en Montevideo, ND 20230808, foto Darwin Borrelli - Archivo El Pais
Darwin Borrelli/Archivo El Pais

Presentado como “Una historia completa” del cine nacional, Los nacimientos del cine uruguayo (Sujetos editores, 990 pesos) es el resultado de una investigación de seis años que fue una tesis doctoral para la Universidad Autónoma de Madrid y ahora un libro. Allí, Álvaro Lema Mosca aporta una detallada perspectiva sobre todas las veces que intentamos construir una industria o una identidad cinematográfica nacional.

-Eso de “los nacimientos del cine uruguayo” viene de una frase del crítico y gestor Manuel Martínez Carril...

-Es una idea muy repetida sobre todo a lo largo del siglo XX: cada vez que aparecía una producción importante se hablaba del nacimiento del cine uruguayo y de una industria. Martínez Carril decía que ningún cine nació tantas veces como el uruguayo y tomé esa idea para estructurar el relato de 120 años de historia.

-¿Cuál es el período que más le interesó?

-Muchos pero uno que más que interesarme me pareció un descubrimiento fue el que equivale a la década de 1960 y comienzos de la de 1970. La historiografía siempre dice que en esa época no se hizo cine en Uruguay y es una absoluta mentira: se hizo muchísimo y muy interesante. Fueron, además, cines alternativos: había animación, ciencia ficción, erótico, educativo, experimental y, claro, documental. Eso está bastante inexplorado hasta hoy y me parece un acierto haberlo puesto en el libro. Lo tomo, además, como una bisagra entre un cine que miraba a Europa y una segunda etapa que llega hasta hoy más centrada en lo que pasa en la región.

-Uruguay siempre alardeó de una cultura cinéfila pero ¿Por qué no hicimos más películas si nos gustaban tanto?

-Puede tener que ver con el nivel de exigencia que teníamos los uruguayos. Acostumbrados a ver buen cine, exigían que fuera así de bueno. Y claro que no lo eran. Los críticos de la década de 1940, por ejemplo, siempre le exigían que fuera como el mejor cine europeo o norteamericano.

-¿Hay un factor que atraviesa todos esos nacimientos?

-Un eje que a mí me interesaba mucho trabajar es la identidad nacional y cómo la noción de ser uruguayo va cambiando en el cine. No es lo mismo la concepción que se tenía en la década de 1920, cuando se empezó a hacer cine en Uruguay, en la de 1950, con el Maracanazo o en la dictadura, en la década de 1990 u hoy. Esa idea de cómo reflejar lo uruguayo en el cine ha ido cambiando y sí es algo transversal en todo el libro. Trato de reflejar cómo ha ido variando la discusión en torno a si es importante que una película refleje la identidad uruguaya o qué hace que una película sea uruguaya.

-Pero descubrir nuestra identidad en el cine puede generar rechazo en los espectadores. Pienso en el prejuicio que muchos tienen de un cine triste, lento...

-Lo que pasa en el periodo del último nacimiento -o sea estos 20 años- es que se discute lo de la identidad pero a la negativa. Ya no hay grandes pretensiones como había en el siglo XX sino que la identidad empieza hacerse manifiesta en historias mínimas, en pequeños detalles, en personajes. Y hay muchos realizadores que no les interesa en lo más mínimo reflejar la identidad uruguaya en el cine, que van por la universa.

-Usted que las vio casi todas, nómbreme las tres que más le gustan.

-Whisky, Pepita, la pistolera y El pequeño héroe del arroyo de oro, sobre Dionisio Díaz que es la última película del periodo mudo y me parece una obra bellísima.

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