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El clásico que sigue asustando, vuelve al cine uruguayo por una noche y se puede ir a ver disfrazado

El sábado en Cinemateca Uruguaya se exhibe "El exorcista", la película sobre una posesión diabólica que cumple 50 años de su estreno.

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Linda Blair en "El Exorcista". Foto: Difusión

Clásica es aquella película a la que la gente siempre vuelve. Esta semana, por ejemplo, hablando con el escritor Rodolfo Santullo, me contaba el susto adolescente que lo provocó El exorcista. Muchos aún recuerdan y relatan semejante experiencia. Siempre hay alguien que habla de ella.

La fórmula de posesión diabólica y sacerdote peleándola con agua bendita, fundada en la película de William Friedkin, suele tener dos o tres productos por año: está en la vuelta, por ejemplo, El exorcista del Papa con estrella ganadora del Oscar, Russell Crowe, como el profesional del título. Y hoy se estrena La monja 2 sobre religiosa poseída.

El exorcista generó, además, sus propias secuelas oficiales que quedaron lejos de esos méritos, a pesar de que una de ellas, El exorcista III, la dirigió el autor de la novela original, William Peter Blatty, y de que la segunda (quizás la peor) estuvo a cargo de un director competente, John Boorman. En 2004 se estrenó un intento de resurrección con Exorcista: El comienzo que no prosperó.

El propio Friedkin ha presentado cortes distintos de su película original. En HBO Max y NSNow de Nuevo Siglo está disponible, justamente, El exorcista con escenas nunca vistas que, van a ver, no eran tantas. Parece seguro, en todo caso, que la original sigue siendo una película impactante, un acontecimiento cultural, un éxito de taquilla y un tremendo susto.

Sus virtudes se podrán comprobar en pantalla grande en una función que va este sábado a las 22.00 en Cinemateca Uruguaya.

Para convertirlo en un evento, en la cafetería del complejo de Bartolomé Mitre, desde las 21.00, se servirá un trago especial (y verde) como previa, y se anuncia oficialmente que “las 10 primeras personas que vengan con sotana, camisón o con la cabeza girada 180 grados, entran gratis”. Un par de las tres condiciones no son tan difíciles de conseguir y harán la experiencia más divertida y económica.

La excusa para tanto despliegue es doble: la reciente muerte, a los 87 años, de Friedkin, el padre de la bestia y uno de los grandes directores consolidados en la década de 1970, y los 50 años del estreno mundial (que en realidad se celebrarían el 26 de diciembre). A Uruguay llegaría, de acuerdo al sitio Cinestrenos, en agosto de 1974 y fue, según la misma fuente, la quinta película más vista de ese año con 100.563 espectadores.

En Estados Unidos se estrenó en agosto de 1973 en medio de un mundo hecho pelota y un año después de que el mismísimo Pablo VI mencionara presencias de Satán en la sociedad contemporánea. La acción transcurre en Georgetown, insospechado hábitat de entidades diabólicas. El mal podía aparecer en cualquier lado.

Blatty, un católico, se vio impactado en su adolescencia jesuita por la noticia de un presunto exorcismo a un adolescente en Mount Rainier, en el estado de Maryland en 1949. El caso tuvo cierta difusión a partir de los diarios de uno de los sacerdotes participantes del escalofriante rito.

Blatty lo transformó, un montón después, en la anécdota que conocemos todos. La historia de una actriz (Ellen Burstyn) que empieza a notar síntomas feos en Regan, su hija adolescente (Linda Blair). Los cambios de humor, el Tourette, los vómitos verdes y la cabeza girando sobre su eje conducen a una posesión diabólica.

Cuando la cosa se hace evidente, la atea actriz convoca a dos sacerdotes, el padre Karras (Jason Miller) y el padre Lankester Mirren, que es Max Von Sidow en un papel que el estudio quería para Marlon Brando, y a quien vimos en un prólogo que aporta poco excavando cosas demoníacas en el norte de Irak. Da el tono inquietante de lo que se va a venir.

Que es una sucesión de desagradables irrupciones demoniacas en el cuerpo de la frágil Regan, que le dio un exigido papel a Blair, quien nunca se repuso. Hubo artículos periodísticos sobre gente que se sentía físicamente mal en las salas ante lo gráfico de algunas escenas.

Eso (y una resistencia eclesiástica, que siempre ayuda) convirtió el tímido estreno de El exorcista en Estados Unidos en un acontecimiento. La gente hacía cuadras de cola en pleno invierno para verla. Su éxito de taquilla aun la mantiene como una de las películas más rentables de Warner Bros..

Consiguió 10 nominaciones a los Oscar de los que se llevó dos: mejor guion (de Blatty) y sonido. La tonada principal, escrita por el británico Mike Oldfield, aún es estremecedoramente reconocible.

Sigue siendo uno de los grandes ejemplos del cine americano de su tiempo. Parte del mérito es de Friedkin, quien estaba en una racha creativa de las más importantes de su generación: había empezado con Contacto en Francia, se continuaría con El exorcista y cerraría con El salario del miedo. Siempre interesante, Friedkin nunca llegaría a ese nivel.

Vista hoy, y la función de Cinemateca Uruguaya servirá para chequear, la película sigue siendo tan terrorífica como la primera vez. Hay cosas que no se ven tan interesantes, pero a quién le importa cuando se está en el borde de la butaca volviéndonos a asustar con ese empecinado demonio agarrado con la pobre Regan.

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