Es probablemente uno de los acontecimientos cinematográficos del año. Ha llegado a pantallas montevideanas Sueño de invierno, el film más reciente del talentoso cineasta turco Nuri Bilge Ceylan, ganador de la Palma de Oro y del premio Fipresci en el último Festival de Cannes.
Vagamente inspirado en Chéjov, Tolstoi y Dostoievski, propone su estudio de personajes a partir del caso de un actor popular de la escena turca (Haluk Bilginer), ya retirado, que administra un pequeño hotel en la estepa de Anatolia central. Convive con su mujer (relación que pasa por un mal momento) y con su hermana, que acaba de romper con su pareja. Cae el invierno, y el hotel es menos un refugio que el espacio claustrofóbico donde las rispideces de la convivencia se acentúan.
Conociendo algo de la obra previa de su director (Nubes de mayo, 1999; Lejano, 2003; El pequeño pueblo, 2005; Climas, 2006; Tres monos, 2008) corresponde abrirle un crédito al film. Esos antecedentes mostraban ya a un auténtico creador en Nuri Bilge Ceylan, un hombre preocupado por los temas sociales (tradición y modernidad chocaban en Nubes de mayo, trabajo y urbanismo corrían al fondo de la conflictiva relación entre dos hermanos en Lejano), los sentimientos y las emociones (la exploración de otra crisis de pareja en Climas) pero también un cineasta atento a las formas, en cuya obra la naturaleza suele ser un personaje más, y los planos largos establecen a menudo una particular relación entre ella y los agonistas humanos. A alguien de por aquí cerca, el cineasta le ha hecho recordar al maestro iraní Kiarostami. No se equivoca.
Ceylan, quien también escribe sus libretos, se reconoce a sí mismo como "un maniático del control", que se interesa en todos los aspectos del proceso de producción, e incluso está detrás de su fotógrafo ocupándose de la gradación del color. "Considero que los directores deben tener unos conocimientos mínimos sobre cuestiones técnicas", afirma, "porque si no sabes nada de la parte técnica te conviertes en un esclavo de los técnicos".
Hace por lo menos cuatro películas que Ceylan dejó atrás el trabajo en 35 mm y optó por la base digital. Ha explicado también sus razones: "Lo que me gusta de la producción digital es que puedo controlarlo todo. Para mí, el cine es una forma de contar la verdad utilizando elementos artificiales. La producción digital es fantástica porque me permite controlar todos los elementos artificiales; puedo cambiarlos para ayudar a desvelar la verdad". Películas más recientes como Tres Monos y Erase una vez en Anatolia respaldan esos dichos.
La crítica internacional ha sido entusiasta con Sueño de invierno. En The Hollywood Reporter, Deborah Young ha dicho que "el mundo esotérico del magistral director turco Nuri Bilge Ceylan se muestra vibrante y perturbador como nunca" en este film. Y en Variety, Justin Chang definió Sueño de invierno como "una obra maestra, ricamente absorbente y arrebatadoramente bella".

Se estrenó “Sueño de invierno” de Nuri Bilge Ceylan