REBAR | BUENOS DIAS
En la madrugada del último 19 de marzo, un avión privado, con algo de misterio, aterrizó en Laguna del Sauce. Su propietario -Robert Allen Zimmerman- no era otro que el famoso Bob Dylan. Entre un marco de camionetas y bicicletas varias, primero bajaron los músicos acompañantes: luego, Bob, con un gorro de lama hundido hasta los hombros, y junto a él descendió una mujer.
Las páginas de Espec- táculos de los diarios argentinos, ya habían comentado la serie de BOBerías -palabra que calza mejor que la eufemística "extravagancias"- protagonizadas por Dylan durante su actuación en Buenos Aires, donde se presentara el 15 de marzo con entrada agotadas, vendidas en enero a precios siderales. Sorprendió que, pese a ello, no faltaran espectadores que prefirieran olvidarse del desembolso, y abandonar las tribunas del estadio de Vélez antes de terminar aquello. Como dijo "La Nación", a propósito del "DYLAN-SHOW": "Muchos no entienden y, entre tema y tema, se van yendo. De a decenas".
En su breve permanencia en la capital porteña, Bob cambió tres veces de hotel. No permitió que se le fotografiara más allá de la primera canción (¿temería no llegar a la segunda?). No concedió entrevistas. Nada de cámaras de TV durante su espectáculo. Paseó por las calles en bicicleta, disfrazado de mujer. (Recordar que con esta simulación carnavalesca se iniciaron muchos). En su aparición en escena, cero saludo: sonrisas, menos cero. Señal de largada: el hojmbre canta (¿?); el público baila cualquier cosa, enloquecido (¿¿??); el estadio todo, delira (¡¿?!) Bob termina. Hasta otro momento. Y se marcha el astro del rock n`folk (?), seguido de los camiones que trasladan sus exclusivos equipos de audio por dondequiera vaya: y de contenedores que transportan los dólares que cobra, también dondequiera vaya, incluyendo el Conrad puntaesteño. Pregunto: ¿alguien hablará de Bob Dylan dentro de 73 años?... Y ahora, se preguntarán ustedes: "¿por qué 73, y no 70 o 75?"... Bueno, pues, porque mañana, 24 de junio, se cumplen 73 años de la desaparición de Gardel, la otra cara de la moneda.
Carlitos llegaba tempranísimo, en el vapor de la carrera. Ricardo Bonapelch (su copia al carbónico) o el gordo Aubriot, estaban esperándolo junto al representante -"Perico" Bernat- para llevarlo en una "cachila" al hotel. De tarde, daba una vueltita por la joya empedrada de su infancia: Isla de Flores. Saludaba sonriente, a las comadres del barrio que salían a las puertas al saber que andaba por esa callecita de tango: "Buenas tardes, vecinas"... Y de noche, cantaba en el 18, sin micrófono, y con una voz que percibían, como de al lado, los leones de la Entrada General de Paraíso. Antes de levantarse el telón, le pedía al histórico utilero a quien todos llamaban "El Tuerto": "Virolita, traeme el banquito p`apoyar la gamba que aguanta a la viola".
¡Y "El Mago" salía a CANTAR!!!
73 años después de la increíble tragedia de Medellín, sigue CANTANDO. Como "Pichuco"... nunca se fue. Es cierto que, de tanto en tanto, se da un paseíto por las nubes, para agradecerles el regalo a los ángeles que le dieron esa voz... Pero, siempre vuelve... Ahora mismo está volviendo... Oigan: "Yo adivino el parpadeo, de las luces que, a lo lejos, van marcando mi retorno"...