Beethoven fue un gran ejecutante e improvisador genial en el piano. Sus treinta y dos sonatas testimonian esta preferencia por el teclado, que los cinco conciertos pa- ra piano y orquesta subrayan.
El retorno del pianista irlandés Barry Douglas, quien interpretará la serie completa de los conciertos de Beethoven, junto con la Ossodre dirigida por el maestro Stefan Lano, los sábados 16 y 23 de junio, en el Auditorio Nacional Adela Reta, a las 18:30, da pie para anotar algunas referencias sobre estas obras.
Los dos primeros conciertos son todavía tributarios de Mozart, maestro que, como es comprensible, ejerció en Beethoven joven una atracción semejante a la de Haydn. Ello no impide, en especial en los movimientos lentos, que la personalidad del maestro todavía en agraz se manifieste con su intenso lirismo expresivo.
En cambio, el tercero y los dos siguientes, son ya claramente reveladores del perfil artístico apasionado y dramático del autor. El tercero, en la tonalidad de do menor, tan cara a Beethoven, recuerda al admirable concierto de Mozart en el mismo tono. Desde el comienzo del primer movimiento, el tema inicial es francamente beethoveniano, afirmativo, dramático y con su contraste entre lo melódico y lo rítmico que otorga a este tema gran riqueza y amplias posibilidades para su empleo en el desarrollo y transcurso general del movimiento. Una vez más, el segundo tiempo ("largo") se inscribe en la mejor línea de los movimientos lentos y meditativos que Beethoven supo componer y del que dan cuenta sus sonatas y cuartetos.
El cuarto concierto es de una audacia renovadora que se abre camino desde el primer compás, con una anticipada participación del solista que compite con la orquesta. El lento es de una novedad total a pesar de su brevedad que refuerza la concentración expresiva que posee.
El quinto y último es de un poder heroico que avasalla desde el inicio, comienzo que una vez más permite al piano estar presente sin demoras. La intensidad del segundo tiempo con sus variaciones y la orgía rítmica del "Vivace" que cierra la obra.
Ocasión única, en consecuencia, para seguir el desarrollo de la forma concierto en esta serie excepcional, representativa del más puro Beethoven.