GUILLERMO ZAPIOLA
Chaplin, Welles, Hitchcock, Billy Wilder, Bergman, Federico Fellini, Stanley Kubrick, Scorsese, Spielberg, Clint Eastwood. Todos ellos figuran en la colección "Maestros del cine" de Cahiers du Cinéma, que ha llegado a las librerías locales.
La edición española de la serie de libros que la legendaria publicación francesa ha dedicado a esos cineastas ha sido, pintorescamente, impresa en China, confirmando que la globalización va en serio. Cada uno de los tomos aparece firmado por uno de los colaboradores habituales de Cahiers (Charlie Chaplin por Jerome Larcher, Orson Welles por Paolo Mereghetti, Alfred Hitchcock y Stanley Kubrick por Bill Krohn, Billy Wilder por Noël Simsolo, Ingmar Bergman por Jacques Mandelbaum, Federico Fellini por Ángel Quintana, Martin Scorsese por Thomas Sotinel, Steven Spielberg por Clélia Cohen, Clint Eastwood por Bernard Benoliel), y exhibe un formato similar.
Se trata de libros de alrededor de cien páginas cada uno, con un prólogo en el que se presenta al realizador en cuestión y se lo ubica en su entorno, una serie de capítulos a lo largo de los cuales se repasa su obra (en algunos casos casi película a película, en otros agrupando algunas de ellas en función de géneros o temáticas), una cronología que resume en un par de carillas su trayectoria, y una detallada filmografía. Los textos aparecen acompañados por recomendaciones bibliográficas, un abundante material fotográfico y una serie de breves notas (a veces a cargo del propio autor, a veces con otras firmas prestigiosas, a veces con declaraciones de colaboradores de los autores estudiados) que complementan y enriquecen el cuerpo central de cada entrega. En el tomo dedicado a Bergman, por ejemplo, está la crítica que Jean-Luc Godard publicara en Cahiers sobre Un verano con Mónica. En el de Welles, una entrada cuenta quién era William R. Hearst, con datos que ayudan a entender mejor El ciudadano.
Una de las virtudes de cualquiera de los libros de la serie es la de instalarse en un adecuado punto intermedio entre el mero material de divulgación y el texto erudito para lectores minoritarios. De hecho, se trata de un material muy legible, razonablemente manejable, no demasiado extenso pero sí lo bastante como para proporcionar una visión global y considerablemente abarcadora de cada uno de los cineastas de que se trata. Las notas, los recuadros, los cuadros cronológicos, permiten además una suerte de "lectura activa", estableciendo relaciones entre películas, personalidades, períodos. Y algunas de esas relaciones, por lo menos, resultan incitantes e invitan a repensar algunos aspectos de la obra de los autores examinados.
No va a faltar quien se escandalice, por ejemplo, de los vínculos que Bill Krohn descubre, con buenos argumentos, entre el cine de Alfred Hitchcock y Cecil B. De Mille, quien ciertamente fue bastante más que el mero manipulador de "cuarenta mil asirios barajados hasta la total vaguedad" del que se burlara alguna vez Jorge Luis Borges. Krohn retrocede hasta los orígenes de ambos para rastrear una común vocación por la adaptación de obras de teatro y por la comedia mundana (podría haber señalado que De Mille está también detrás de la obra de Lubitsch; no en vano ambos ocuparon, en diversos momentos, el cargo de director artístico de la Paramount), y avanza luego para confirmarlos como los únicos dos cineastas de Hollywood del período clásico que vendían con su propio nombre, y no con el de las estrellas que protagonizaban sus películas.
Otras intuiciones valiosas asoman en otros libros de la serie. Es interesante, por ejemplo, el modo como Benoliel detecta la búsqueda de la utopía y el carácter reiteradamente fantasmal del universo y los personajes de Clint Eastwood, que conducen, casi inexorablemente, al final redentor de Gran Torino.
Ante una colección de libros escrita mayoritariamente por franceses resulta imposible no estar en desacuerdo aquí o allá: habría que reverlo, pero es casi seguro que El proceso de Welles es mejor de lo que cree Paolo Mereghetti; es seguro que El resplandor de Kubrick es una película fallida por motivos diferentes a los que esgrime Krohn, y hasta podría discutirse el calificativo de "maestro del cine" aplicado a Spielberg, aunque no se discuta la enorme artesanía del realizador de Tiburón y Encuentros cercanos del tercer tipo. Hay que agradecerle a Krohn, en cambio, su reivindicación de Cortina rasgada de Hitchcock: sigue siendo una de las películas más subestimadas del Maestro. Todo eso es empero irrelevante: como ya lo ha dicho alguien, no hay nada más opinable que lo opinable.
Y ciertamente no hay mucho margen para la opinión sobre el valor global de la colección. Se trata de una serie de libros inteligentes, escritos por gente que sabe y sobre cineastas que también interesan. Vale la pena leerlos y (antes o después) volver a las películas mismas de las que se habla.