ALEXANDER LALUZ
Con los mismos bríos que en los años noventa, Faccini, Berocay, Pérez y Laner, vuelven al escenario para inyectarle otro aliento bluesero a El Conde de Saint Germain. El reencuentro de este histórico cuarteto será el jueves (21 horas), en la sala Zitarrosa.
La memoria de parabienes. Y los cuatro, cuenta Juan Faccini, "vamos muy bien, ensayando duro y con mucho entusiasmo. Será una forma de recuperar un capítulo que quedó con puntos suspensivos allá por 1995, cuando Roy (Berocay) se alejó de El Conde para formar su propio proyecto, La Conjura".
Los años han pasado, inexorables para todos, con nuevas opciones, proyectos, los varios cambios en la integración del grupo, y las huellas (inevitables) en el físico. Casi dos décadas es mucho tiempo, pero igual "hemos logrado rescatar la atmósfera de antes, y lo lindo fue reencontrarse con amigos y comprobar que sigue existiendo entre nosotros la misma química personal y musical".
Para memoriosos y curiosos por conocer lo que pasaba en estos pagos a fines de los ochenta y comienzos de los noventa, van los datos indispensables del concierto: jueves 2, 21 horas, en sala Zitarrosa, con entradas a $120, las anticipadas, y $150 el día de la función. Los protagonistas, Faccini en voz y guitarra, Berocay en voz y guitarra, Waldemar Pérez en bajo y Rubén Laner en batería: la formación primera (o, una de las primeras) de El Conde de Saint Germain, que dejó huellas indelebles en los escenarios locales y en la reafirmación de un espacio propio, personal, para el blues, y fue pieza clave de una época muy diferente en materia de apuestas musicales.
Ahora, explica Faccini, la banda está disfrutando de esa recuperación de la energía primera: "de vuelta nos sentimos como muy plenos, muy involucrados con el proyecto; vamos a ver el jueves si la gente percibe esa química igual que nosotros". En los noventa, cuando El Conde se afirmaba como marca bluesera, "teníamos una audiencia que si bien no sabíamos cuántos eran en realidad, muy difícil de medirlo, pero era muy cálida con nosotros".
Antes, hasta fines de los ochenta y primeros meses de 1990, Juan y Waldemar (Pérez) seguían en las filas de la Incandescente Blues Band. Luego, hacia fines de ese año, ambos deciden abrir otro camino con una nueva formación, primero con la cantante Érika Herrera, luego con la incorporación de Berocay. "Y con el nombre El Conde de Saint Germain debutamos en junio de 1991, en Callejón Yulelé, que era un pub que funcionó como un par de años, y estaba al lado del teatro El Galpón".
Ese año fue el comienzo de una historia en la que "tocamos muchísimo, por todo el país y no sólo aquí en Montevideo". Al día de hoy, muchos todavía recuerdan un hecho casi insólito: la banda se aposentó en el local de Paralelo 27, "claro, que estaba allí en 18 y Convención, donde tocamos ininterrumpidamente por casi dos años, y alguna vez con más de un concierto por semana". La experiencia fue única, y también "rara, porque había gente que iba absolutamente a todos los días que tocábamos. Ya trascendía lo musical, era como una tribu, un punto de encuentro".
Tiempo después, en 1993, el grupo recibió otro espaldarazo para su trabajo: fue elegido como telonero de aquel recordado espectáculo que dio B. B. King en Montevideo (experiencia que Faccini repitió, pero con Todos por el Blues, en la nueva visita del maestro histórico del blues en 1996).
Al año siguiente, salió el primer registro fonográfico, en formato cassette, bajo el sello Ruta 66. Y ese material, que llevó por título el enigmático nombre del la banda, fue reeditado en formato CD en 2008 pero a través del sello Perro Andaluz. A ese título le siguieron las participaciones en dos compilaciones (en Extrañas visiones, un homenaje a Los Estómagos, y en Rock de primera), el segundo disco, Lame dida del opos ible (en 2008, pero ya con otra formación y sin Berocay como cantante y guitarrista), y el primer DVD titulado Historia.