Aniversario de la Antimurga Jorge Esmoris

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Carlos Reyes

La Antimurga BCG está festejando 25 años y de eso se trata el espectáculo que estrena este sábado en la Sala Zitarrosa. "Nacidos para perder" promete ser uno de los grandes atractivos para animar el verano en Montevideo.

En realidad Jorge Esmoris, el fundador y cabeza del grupo, define el aniversario como un pretexto, "o un marco legal", para organizar un espectáculo que si bien tiene referencias a la historia de la revolucionaria murga teatral, no busca ser en absoluto nostalgioso.

"No hacemos un raconto. Hay un guiño al principio, un monologuito de nuestra carrera por el carnaval uruguayo, con los momentos fuertes de la BCG, no solamente en el carnaval sino también en el teatro. Buscamos los pasajes donde pudiésemos desplegar toda esa fuerza de tener una banda de siete músicos, buen equipamiento técnico y un escenario acorde", sintetiza Esmoris.

El show está dividido en bloques: uno trata de la locura de la antimurga, en otro se inventa un origen del grupo (vinculado a su supuesta pasión por los trapos), y hasta se canta una canción hecha por Freud.

"Sí, aparece Freud, en un pasaje poco conocido por la gente, cuando estuvo en Cuba: y lo marcamos como el creador del son cubano, y ahí presentamos una canción que supuestamente es de él", bromea el director, quien define en una palabra la dinámica escénica del espectáculo: vértigo.

"En el espectáculo anterior, La divina comedia humana, éramos nueve y ahora somos 17 en el escenario. Yo lo observo desde abajo y es increíble la mecánica que tiene: es un panal. Realmente, parece mentira, porque el escenario desde abajo parece grande, pero estando allí parado se achica y bastante. Y tener tantas personas moviéndose es todo un trabajo de geometría. Es muy agradable de ver", agrega el talentoso artista.

Con música de Gonzalo Durán, Enrique Bastos y el propio director, el show tiene melodías en su mayoría inéditas, que pasan por todos los estilos, desde el rock a la salsa. "Fue la característica de la BCG en los últimos tiempos, sobre todo cuando empezamos a hacer la sala Zitarrosa: es una música como oriental, no por uruguaya, sino de Oriente, que tiene que ver con gitaneses y que abarca un aspecto muy amplio, con una banda que está sonando realmente muy bien".

El título, Nacidos para perder, alude a una situación que la antimurga vivió bien de cerca: "Se llama así porque si se quiere es lo que marcó a la BCG. Uno de los logros mayores que hemos tenido es que de los llamados conjuntos top de carnaval, que eran 10 o 12, el único conjunto que nunca ganó fue la BCG, el único que no entró a la liguilla".

Sin referencias al pasado año electoral, el espectáculo juega con ese humor desopilante y absurdo que ha caracterizado la historia del grupo, aunque apartándose bastante de La divina comedia humana, que tenía un extraño toque pinteriano. "Este es más festivo, más musical, porque tenemos una banda y el formato es más asociado a lo que puede ser un grupo musical, con micrófonos de pie y todo eso. El anterior era una cuestión muy concreta, de nueve locos en su mundo: acá es una cosa mucho más bacanal, mucho más lanzada que aquélla".

Sobre la historia del grupo, Esmoris señala dos momentos, uno dentro del carnaval y otro como compañía teatral. "Al principio aparece la BCG como una forma de teatralizar el carnaval. Es decir, las concepciones que yo tenía con respecto al teatro trato de volcarlas al carnaval. Poco a poco esas concepciones se fueron carnavalizando, y cuando salimos del carnaval viene ese otro gran momento, en el que la postura teatral se fue modificando también. Y ahí sí hubo una conjunción entre carnaval y teatro. Tanto que nunca se supo, y no sabemos, si lo que hacemos es carnaval o teatro", explica Esmoris con humor.

Comedia del arte con toques brechtianos, según la define él mismo, el hecho es que la BCG impuso un estilo que marcó ambas formas de arte escénico, principalmente al carnaval, al que aportó novedades en la escenificación. "Obviamente, por aquellos años, lo de la puesta en escena no se había visto, incluso chirriaba: ¿cómo una murga se iba a mover así, como nos movíamos nosotros, cuando lo tradicional era otra forma? Después eso empezó a llamar la atención y al día de hoy, lo que en un principio se nos criticaba, que era la puesta en escena, hoy es uno de los rubros más importantes, y prácticamente los directores de fuste del teatro abordan el trabajo de un conjunto de carnaval. En aquel momento no era muy bien visto, ni por la gente de carnaval, ni por la gente de teatro", recuerda el intérprete.

Sin embargo, Esmoris no siente que le han pirateado nada: "Una vez que uno hace algo pasa a ser patrimonio de todos. Nosotros tenemos influencias notorias, y algunas ni sabemos que las tenemos. Yo creo que no se inventa nada, yo tomo todo lo que me sirve, todo lo que anda por ahí, no tengo ningún prurito. Además, como decía Brecht, si uno toma un cliché, no es bueno. Pero si agarra todos los clichés juntos, es una obra de arte".

En cuanto a las perspectivas de futuro, Esmoris anuncia que la BCG tiene cuerda para rato, en parte por las muchas posibilidades que le da su modo de trabajo. "Así como hicimos La divina comedia humana, creo que estamos formados y capacitados para poder abordar cualquier trabajo. Podemos encarar un texto teatral pero con esta forma que nos dio el carnaval. Con el carnaval te acostumbrás a trabajar para la gente, y yo me siento que ahora subo a un escenario y trabajo para la gente. El resto es todo materia opinable, y si me sale mal algo, no hay problema, empezaré de vuelta otra cosa. Pero no le tengo miedo al fracaso".

Consultado sobre en qué medida las espectáculos de la BCG son una creación grupal o solamente de él, el director fue categórico: "En cuanto al planteo escénico, yo siempre digo que yo armo un cuadrado, y lo que se haga dentro de ese cuadrado lo podemos negociar, pero sin salirnos del cuadrado. O sea que hay como esa libertad pero condicionada. Y claro, como hace muchos años que trabajamos juntos, ya nos conocemos, y cuando uno está escribiendo, ya sabe cómo se va a mover aquél, qué vuelta le va a encontrar a esto aquel otro. Y esto hace que el trabajo sea más liviano".

No obstante, el artista destaca las muchas figuras que han pasado por la BCG (Malena Muyala, Álvaro Navia), así como muchas de las que hasta hoy están presentes, como Maia Castro o Christian Font, que integran Nacidos para perder. "No es que los hayamos catapultado a la fama: es que teníamos buen ojo", afirma con orgullo, aunque prefiere pensar en la Antimurga como un grupo más que en cada artista en particular. "La gente ve un grupo, ve una cosa que le pasa por arriba, como una maquinaria, mucho más allá de las individualidades. Nos pasó un poco lo mismo que a Cervantes con el Quijote, que se le fue de las manos. Creo que a nosotros también la BCG se nos fue de las manos".

"A mí lo que más me gusta es perder el tiempo"

"Lo que más me gusta hacer es perder el tiempo", contesta inmediatamente Jorge Esmoris (Montevideo, 1956) al ser interrogado sobre qué le da placer. "Por eso he rechazado muchas propuestas y de hecho, hoy son más las cosas que rechazo que las que hago. Porque me gustan los trabajos donde puedo pasarme si quiero 24 horas pensando en eso. He rechazado televisión (que hice muy poca) y la tengo como descartada. Me gusta hacer lo que puedo controlar. Me gustan esas cosas que me permitan a mí mismo decirme, me quedo todo el día en mi casa para dejar, como el tuco, que se asiente lo que estoy elaborando, y que sea cuando tenga que ser. No puedo trabajar en esas cosas que tienen que salir mañana, sí o sí. Es por eso que siento que el teatro es mi medio natural".

Un cuarto de siglo de locura

Si bien técnicamente la Antimurga BCG surge en 1982, fue un poco después que empezó a calar en el sentimiento popular, en especial luego de 1984, cuando hicieron Sonríe, la BCG te ama. Desafiando las convenciones del carnaval, el grupo se abrió paso aportando innovaciones en distintos terrenos: por ejemplo, sumar a la formación musical murguera, basada en la percusión, una sección de vientos e instrumentos no convencionales. Desde ese lugar surgieron obras inolvidables, como Papitas y boniatos al horno (1991), Sur, realismo y después (1993), We are fantastic (2003) o Sexo, chocolate y BCG (2006).

Ahora le toca el turno a Nacidos para perder, que se estrena el sábado próximo en la Sala Zitarrosa (18 de Julio 1012. Tel. 9014684), donde irá viernes y sábados a las 21.30 horas y domingos a las 20 horas. Las localidades valen $ 190.

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