Algo huele demasiado mal, Sharon

HENRY SEGURA

La cadena de disparates faranduleros, en los últimos días, ha sido extremadamente fértil y no ha respetado talentos. Pero es más que probable que quien merezca el mayor de los premios al dislate sea, precisamente, una actriz que demostró ser bastante más que un cuerpo lindo (que lo tiene y cómo) pero que desde hace un tiempo ha ido derivando en conductas que no reflejan una coherencia mínima. Es Sharon Stone.

En semanas previas a los juegos Olímpicos realizó una muy mala defensa de Nepal y el Dalai Lama al lanzar una ofensa directa hacia el conjunto de los chinos que inmediatamente mostraron su indignación. Pero la tormenta mediática que desató entonces tiene poco que envidiar a la que subyace en otra de sus actitudes que no ha tenido la proyección que tuvo aquella otra. Hace pocos días se supo que la protagonista de Bajos instintos perdía la tenencia de uno de sus hijos adoptivos pero no se sabían las razones. La causal no era, como en el caso de Britney Spears, una notoria debilidad psicológica para contenerse y poder cumplir con sus obligaciones de madre, sino que estaba en la obsesión que había desarrollado ante los olores despedidos por los pies de su hijo. ¿Una locura? No, pero se le parece.

Según un documento del Tribunal Superior, la actriz "parece exagerada en los problemas médicos relacionados con Roan" (su hijo). Es que la bella cincuentona quería inyectarle botox a los pies del niño para evitar los olores que tanto la molestaban. El juez terminó atendiendo una denuncia contra la actriz porque, según sus palabras, "lamentablemente el problema causado por las exageraciones de la madre, es dolorosamente real para el niño", y decidió que la criatura quedara bajo la custodia de su padre, Phil Bronstein, para quien el problema se atacaba con desodorante y medias limpias.

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