Una novia que tuve hace más o menos una década solía decirme, en referencia a mis quejas sobre ella, que si uno compra un paquete de arroz no puede esperar encontrar ahí otra cosa que no sea arroz. La discusión sobre qué tan útil pueda ser el comentario para una relación de pareja queda aparte, porque acá aplicaremos el dicho al tema de la columna. Hace unos días me acordé de eso cuando veía cómo Graciela Alfano regresaba a Showmatch. Pensé en su historia con Aníbal Pachano.
Esta semana ella fue sobreseída de la causa judicial que Pachano intentó iniciarle tras su larguísima pelea. Ambos han estado enfrentados como jurados de Showmatch desde hace mucho tiempo. Buena parte de su pelea no ha sido más que un componente del show televisivo en el que viven, cuyo objetivo es solo entretener al espectador y generar puntos de rating. Pero una parte de su pelea ha sido en serio, aunque Alfano haya intentado demostrar una y mil veces que para ella todo es show.
Esa parte seria del enfrentamiento (cuando le gritó "sidoso" en cámaras y cuando le pegó también ante cámaras) es la que llevó a Pachano a iniciar una demanda judicial de la que ella se salvó. No voy a justificar a Alfano, personaje que no me cae precisamente simpática, pero creo que corresponde aclarar que a veces, el dicho sobre el paquete de arroz se aplica perfectamente en el mundo de la farándula.
Pachano se metió en el mundo de la televisión interesado por el mundo de la polémica mediática, del enfrentamiento y del debate del chisme. Este perfil de trabajo también le dio una presencia fuerte que potenció su trabajo en teatro, donde tiene una verdadera historia detrás. Al meterse en ese ambiente, también aceptó sus reglas, que a veces son difusas y tramposas. Y entre esas reglas estaba la posibilidad de lidiar con alguien como Alfano, para quien insultar en cámaras es más o menos lo mismo que pavonearse con Matías Alé. ¿Eso da derecho a queja? En parte si. Por más que sea el mismo paquete de arroz desde el comienzo.