Alegre retorno

REBAR

Hola!... ¿Qué tal? / Amigos de "Buenos Días"./ Retorno, con alegría,/ el lunes de Carnaval.

Reconozco y acepto que este saludo jubiloso trae reminiscencias de Isidro Cristiá al abrir las populares trasmisiones de "Doble o nada", que hace más de medio siglo monopolizaban la audiencia radial. Pero, ocurre que no es mucha la gente que, pasadas las vacaciones, retoma alegremente a su labor, especialmente cuando ésta se parece demasiado a la rutina: como esa similitud está muy lejos de mi caso, -ya que actúo en un escenario cambiante cada día- me congratulo de poder señalar la particularidad diferencial.

Estoy alegre, entonces, por este retorno. Este mes de ausencia se me hizo interminable. He dicho más de una vez, y lo repetiré hasta el hartazgo, que la columna de "Buenos días" nunca fue considerada como un trabajo por mí: siempre la sentí como un placer; de ahí que, por imperio de la licencia anual obligatoria, deba permanecer cuatro semanas sin escribir... y, en ese período, el descanso que se busca se me transforme en el cansancio de esperar la vuelta.

A propósito de esto último: en ocasiones, pienso si las temporadas de descanso que propicia esa pausa, no constituirán la mejor fórmula para cansarse; porque, si uno hace un resumen de los comentarios de quienes "salieron a disfrutar de la licencia", extrae la conclusión de que son contados con una mano los que vuelven realmente descansados.

-¿Cómo le ha ido?... (le preguntan a uno cualquiera, y el sujeto responde mientras se frota las rodillas)...

-Digamos que bien... pero quedé reventado. Claro, porque lo que no caminé ni troté en once meses, quise acumularlo en veinte días.

Otro interrogado:

-¿Lo pasaste bien?...

-Puede pasarla bien, si no hubiera sido porque me propuse escalar sierras y montañas, así vinieran degollando. Estoy "desencuadernado". No sé si los huesos son míos, o prestados...

Un tercero, documenta con su sola presencia cómo le fue:

-¿Y ese tobillo vendado?

-Un esguince. Me lo hice en Colonia del Sacramento: le erré a un adoquín. Uno se queja de las vereda de aquí, de Montevideo, pero allí no se puede pisar.

Ahora tengo ordenado reposo... pero en casa.

Y otro ciudadano -éste, del país de la lectura- que carga con un baúl de libros adonde vaya de vacaciones, y se lee la licencia de punta a punta- lo pasó en soledad y paz, pero el saldo no fue enteramente satisfactorio. Me confesó:

-Leí mucho... muchísimo... pero no descansé del todo. Volví con la vista cansada, muy cansada.

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