400 años de economía nacional en un libro sumamente legible

Novedad. Salió "1611-2011", el más reciente trabajo de Carlos Maggi

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GUILLERMO ZAPIOLA

No es tarea fácil resumir en menos de trescientas páginas la historia económica del Uruguay, y lograr un libro ameno, informativo y muy legible. Es lo que logra Carlos Maggi en "1611 - 2011", recientemente editado por Fin de Siglo.

El subtítulo del libro (Mutaciones y aggiornamentos en la economía y cultura del Uruguay) explicita las intenciones del autor. De lo que se trata es de explorar los cambios que la economía del país ha experimentado desde que el gobernador de Asunción, Hernandarias, introdujo la ganadería, hasta aproximadamente el martes pasado, e inscribir ese tránsito en el panorama más amplio de la historia universal. Y, también, de indagar el pasado para tratar de entender qué pasa en hoy.

No hay nada más aburrido que un libro de economía (bueno, quizás la guía telefónica), y el mero hecho de que el trabajo de Maggi resulte comprensible y hasta interesante para el lector no especializado sería ya un mérito mayor. El autor, que a sus ochenta y ocho años para ochenta y nueve sigue disfrutando de una lucidez envidiable y una prosa eficaz, se las arregla para proporcionar una gran síntesis donde las diversas piezas del rompecabezas encajan unas con otras, y el pasado ayuda a entender el presente.

Puede rastrear en la asfixiante burocracia del imperio español el antecedente (o más bien la persistencia) de calamidades más recientes, y también sabe conectar lo que pasó o pasa en otros lados con sus efectos sobre la economía y la historia del Uruguay.

Hay, por ejemplo, un interesante efecto de montaje paralelo (recordar que Maggi fue cineasta) en su narración de la afirmación de la Revolución Industrial en Inglaterra a comienzos del siglo XIX, mientras liberales y autoritarios se dedicaban a masacrarse en América en las luchas de la Independencia, o una agudeza para entender el efecto de las sucesivas crisis globales (1920, sobre todo 1929) en el retroceso autoritario (el terrismo de 1933) padecido por una democracia que parecía afianzada por el proceso modernizador del primer batllismo.

Una de las virtudes del libro consiste en su empeño en comprender la complejidad de muchos de los hechos que narra, sin las simplificaciones "galeanísticas" de creer que todo lo malo que nos ha pasado ha sido culpa de algún otro (sea quien sea "el otro" de turno, desde España a Inglaterra o los Estados Unidos". Maggi no ignora que los imperios existen y actúan en función de sus propios intereses, pero no cree que, en todos los casos, el subdesarrollo ajeno sea la mera consecuencia del desarrollo propio. Hay gente que se subdesarrolla a sí misma.

Tampoco es imprescindible estar de acuerdo con todo lo que Maggi sostiene. El "colorado batllista" asoma, a veces explícitamente, a veces disimulado, en las páginas de su libro. Su lúcida y matizada comprensión de la modernización posterior a 1904 reconoce correctamente, como sus dos principales protagonistas, a Batlle y a Luis Alberto de Herrera, pero reduce a un pie de página o una nota al pasar a Aparicio Saravia, cuyas "patriadas" tuvieron más que ver con ese proceso de lo que un lector desprevenido puede llegar a creer (también es gracioso constatar que muchas de las citas de Herrera que utiliza para apuntalar sus tesis provienen de La tierra charrúa, un libro juvenil con cuyas conclusiones el propio autor discrepó a menudo en su madurez).

Pero habría más cosas para decir sobre el libro, y varias son elogios. Se puede discrepar sin duda con esto o con aquello, y los especialistas encontrarán aún otros aspectos a debatir. Para quienes no lo somos, sin embargo, 1611-2011 es un texto instructivo y frecuentemente estimulante. E invita a pensar, costumbre recomendable.

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