Victoria Bernárdez: de la televisión argentina a su primera novela en Uruguay

Saico, de Victoria Bernárdez, se presenta junto a Olas (Camilo Baráibar) el domingo 8 a las 17:00 en Sala Roja de la Intendencia de Montevideo.

Victoria Bernárdez
Victoria Bernárdez

Redacción El País
La escritora Victoria Bernárdez edita en Uruguay su primera novela "Saico" (ya disponible en liberías). Llegó hace tres años para una película y se quedó en el país.

-Llegaste a Uruguay hace tres años, ¿qué te trajo a este lado del Río?

-La pandemia o el trabajo. En realidad, una mezcla de las dos. A finales de 2019, renuncié al canal de televisión en el que trabajé durante cinco años y dos meses después, me atrapó la pandemia. No sabíamos cuando íbamos a volver a salir a la calle libremente, mucho menos cuando íbamos a poder volver a un teatro o un set. En Uruguay todo fue más leve y entonces, se empezó a filmar casi todo lo de la región (Brasil, México, Argentina) acá. Me salió una posibilidad de venir a trabajar en una película que finalmente nunca se filmó pero gracias a eso, entré a trabajar en la productora Cimarrón Cine. Gracias a esa oportunidad de trabajo me quedé a vivir acá. Imposible mencionar todo lo aprendido y vivido a partir de ese momento.

-Trabajaste como periodista en la TV en el Canal de la Ciudad en Buenos Aires. ¿Qué te dejó esa experiencia? ¿Te gustó como medio?

-En el Canal de la Ciudad viví una gran etapa que siempre recordaré con mucho cariño. Empecé como asistente de producción, pasé a ser productora, trabajé como guionista, cronista, notera y terminé en el panel de un programa diario en vivo a las nueve de la noche. Durante esos años trabajé y me formé como periodista también en otros medios y lugares. Lo hice todo sin dejar de actuar en distintos proyectos de cine y TV y en teatro. Varios integrantes del grupo humano conformado en esos años, profesionales de los que pude aprender mucho, que tenían más experiencia y me enseñaron y apoyaron, y otros que entraron en la misma y crecieron como yo, se convirtieron en grandes amigos. La adrenalina del vivo (y la de la coyuntura argentina) son muy excitantes y divertidas.

-Saico es tu primera novela, ¿cuál fue el disparador para empezar a escribirla?

-Es muy loco porque todo coincide. Mi decisión de cambiar un poco el rumbo, la pandemia, Uruguay y la novela. Desde un principio. Yo escribí un cuento que hoy es el último capítulo de “Saico” (Se llama “Melodrama Imperfecto”). Eso fue en noviembre de 2019. Lo escribí en veinte minutos, en las notas del celular, caminando por la calle. En ese capítulo la narradora habla de viajar a Uruguay. En ese momento no existía el Covid ni nada de lo que sucedió inmediatamente después. Se lo envié a mis amigos y a todos les gustó, eso me dejó entusiasmada. Durante el encierro, me di cuenta de que la historia que quería contar era mucho más larga y decidí ir un poco más hacia atrás y más atrás y más atrás y terminé escribiendo una primera versión de la novela. Era otra novela: otra historia, otro título, otra extensión. Era súper caótica y ensayística. Cuando me mudé a Montevideo en diciembre del 2020, crucé el charco con ese manuscrito bajo el brazo. Y una vez acá arranqué una clínica de la obra (virtual cómo hacíamos todo en ese momento) con Camila Fabbri donde pude encontrar la forma definitiva de narrar la historia.

-Se presenta la historia “biográfica” del personaje en clave de carta, ¿qué te sedujo de ese formato?

-La segunda persona estuvo desde el principio, desde ese primer cuento. No me animo a decir que fue una elección ni mucho menos. No lo pensé. Salió así. Es una historia (¿de amor?) entre dos personas que viven en la era de la hiper comunicación y lo peor que hacen a lo largo de su relación, es justamente comunicarse. Entonces, quizás parta de una fantasía idílica de parte de ella, de hacer un repaso de cada acontecimiento de su vida, para explicarle a él pero en realidad explicarse a sí misma y tratar de entender lo que pasó. Y hoy me doy cuenta de que hay algo que me gusta de que el lector pueda sentirse un espía, un entrometido en una conversación íntima, casi secreta.

-¿En qué se parece esa historia a tu propia historia como autora?

-Hay una frase que me gusta mucho que dice que es imposible no escribir sobre uno mismo. Lamentablemente creo que no podemos escribir como queremos, podemos escribir como nosotros. Y hay mucho de esa narradora que es mío: su verborragia, su torpeza, su cuestionarlo todo. Hay muchas escenas que las conozco, que fueron robadas de la vida real pero no son necesariamente vividas por mi. Es como un anecdotario de mis amigas puesto en función de una trama y de una tensión dramática y todo teñido por mi imaginación. Y para construir a Saico, también hice un rejunte de cosas que me interesaba contar de los varones de mi generación. Es una mezcla de cosas que si bien salen de mi cabeza construidas por mi historia personal, pasando por el filtro de la escritura, resultan una ficción.

-Se plantean temas de género y de salud mental que han sido muchas veces tabú. ¿Cuánto o qué puede aportar una abordaje desde la narrativa de estos asuntos?

-Son temas de los que me interesa mucho hablar. Y también considerar el impacto que puede tener uno sobre otro. Pero yo no soy palabra autorizada y no es un libro que aborde ninguno de los dos temas desde la información, el estudio, o ningún marco teórico, sino desde la experiencia. Desde lo errático, el cuestionamiento, y la falta de conocimiento pero no por eso falta de registro. Yo escribí esta novela en 2019 y tres años parecen poco pero en los tiempos que corren, pasó de todo. De todas formas y aunque haya habido avances en ambas materias, son temas inagotables. Y creo que son intrínsecos a cualquier historia. Cualquier personaje que querramos contar va a estar inevitablemente afectado por su género y por su salud mental (y la configuración de ambos con su entorno) Por saicos, muchas mujeres han sido demonizadas, mientras que muchos varones, fueron endiosados y alabados por exponer y llevar como bandera su locura. En menor escala, esto es lo que le sucede a esta protagonista. Y en esta “configuración” que mencionaba antes es donde se desata la emoción: ella lo admira, siente algo de envidia, quiere ser como él, se enamora de él, lo quiere y al final... Me dicen mucho que la novela es un retrato de la clase media argentina en los 90-2000s y en esos años no se hablaba ni de género ni de salud mental. Ni en la tele ni en los medios ni en las casas. Desde la narrativa, quizás sea una historia, un testimonio que nos ayuda a recordar cómo era vivir así. Reforzando la necesidad de que estos temas estén en boca de todos y más allá de poder compartir experiencias o ficciones que exista información y que esté al alcance.

-El libro lleva algunos meses editado, ¿qué te generan las devoluciones?

-El libro se publicó en mayo y nos ha dado una grata sorpresa. Camilo Baráibar (el editor) me dijo: “yo confié en el libro porque a mí me gustó pero nunca se sabe…” Y es verdad, es mucho trabajo no solo de quien escribe sino también del equipo que lo corrige, lo edita y a veces puede tardar muchísimo tiempo en ser recibido. En este caso fue muy rápido y ver personas postear fragmentos de mi texto en sus redes es muy emocionante. Esos retazos de “hechos reales” nos empujan hacia el fondo de una época y creo que eso puede generar recuerdos y por lo tanto identificación. Y me da la sensación que los nacidos y criados durante esos años nos entendemos (quizás sólo) entre nosotros.

-¿Cómo imaginás al lector de Saico?

-Como a mis amigas.

-El próximo 8 de octubre se presenta en conjunto con Olas, de Camilo Baráibar, ¿con qué se van a encontrar los asistentes?

-En Olas, Camilo se anima a hacer cosas osadas e interesantes. Escribe como una narradora mujer en el final de su adolescencia, María. Quien, además, es un personaje que aparece en su primera novela “Médanos” (las dos publicadas por Ocho Ojos) Se trata de una chica uruguaya contemporánea de mi Saico, entonces vive cosas muy similares, lidia con los mismos monstruos. Si se hubieran conocido seguramente hubieran sido amigas. Además hace una mezcla de géneros con una fuerte presencia de lo epistolar. Y también se apoya en la ficción y en los detalles de la vida cotidiana para contar una historia que va surfeando varios temas. Dentro de ellos, el amor, el sexo, los consumos, la clase media y por supuesto que el género y la salud mental. Creo que ninguna de las dos novelas tiene ninguna respuesta, sino que son eclécticas. Suscitan más y más preguntas y es a eso a que los invitamos.

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