Por: Miguel Bardesio
Más de cuatro contracciones en 10 minutos, es trabajo de parto. En la cena de Nochebuena, familia reunida en la mesa, Emilia Díaz, actriz, conductora y "consentida", sintió que era momento: el cuerpo daba las señales de que su embarazo entraba en la instancia culminante. La suegra y el compañero, su pareja y la hija de él, su hermana y su madre… todos ayudaron de alguna forma a un nacimiento que, según lo meditado y decidido con su esposo Fernando, iba a ocurrir allí, en su propia casa y a la manera más natural posible. Dos parteras se sumaron en esa noche (doblemente buena) para asistirla. Vicente, su primer hijo, nació a las 11:30 del 25 de diciembre. Pesó 3,730 kilos y midió 51 centímetros.
"El momento del alumbramiento fue maravilloso. Fue cuando más cerca estuve de Fernando, abrazándolo. Un momento de pareja hermoso. Él me ayudó a pujar, me colgué de su cuello en una contracción y una hora después de romper bolsa nació Vicente. Vino en nuestra cama, con nuestros aromas, con la foto de mi papá, que ya no está, en la mesa de luz. Estoy súper feliz, me siento muy agradecida. Es como un milagro para mí, el milagro de la vida. No sé por qué esperé tanto para ser mamá. ¡Cómo fue que perdí tanto tiempo!", cuenta Emilia, de 35 años.
El embarazo y el parto fue acompañado por la organización Nacer Mejor, una agrupación dirigida por parteras obstetras que mediante clases de yoga, información teórico-práctica y asistencia durante el parto, ayudan a las mujeres a tener al bebé con naturalidad y en condiciones humanizadas.
Además, Emilia y su pareja sumaron la decisión de tener a Vicente en su casa. No era algo descabellado para ella. "Mi mamá tiene 12 hermanos y todos nacieron con matrona en Villa Carmen, Durazno; lo mismo mi padre y sus 4 hermanos en Pan de Azúcar. Mi suegra y sus 8 hermanos también nacieron con matrona, en San José", relata la comunicadora a Sábado Show.
Tampoco fue un camino que tomaron por militancia de algún tipo de rebeldía hippista. "No lo hicimos por decir: uy qué loco, lo tengo en mi casa. Fue una decisión sólida y madura", dice y añade que en muchas ocasiones las parturientas son sometidas a intervenciones no solicitadas o innecesarias en las instituciones médicas.
Pero la decisión de la pareja estaba lejos de excluir a la medicina. El embarazo de Emilia estuvo monitoreado por un ginecólogo, quien estaba avisado y pronto para intervenir el día del parto en caso de que existiera un traslado a una institución. Eso sin contar la pericia de las dos parteras que asistieron en el parto y que le dieron mucha confianza y seguridad a Emilia. Por eso, las quiere nombrar especialmente: "Sylvia Sosa y Mariana Muslera: buen apellido de partera".
Al mes de Vicente, la flamante mamá conversó con Sábado Show sobre el parto, sobre el bebé y esta nueva etapa de su vida. "Soy mucho más feliz. Yo quería que un hijo cambiara mi vida, que la diera vuelta como está ocurriendo".
Respecto al trabajo, en marzo Emilia volverá a Consentidas TV, de Canal 10. A la vez, participará de un proyecto de nuevo programa de esa señal, del que prefiere no dar detalles por el momento.
-¿Cómo fue esa Nochebuena?
-Nunca pensé que iba a estar en pleno trabajo de parto en la cena de Navidad. Eso fue alucinante porque colaboró mucho en la distracción. Estaba gran parte de mi familia. Les avisé que estaba en trabajo de parto que me parecían muy seguidas las contracciones… En un momento, noté que los fuegos artificiales me estaban molestando, los miré a todos y les dije: "Los quiero mucho, pero necesito que se vayan". Se quedaron Fernando y mi hermana, tal como estaba previsto. Las parteras estaban anunciadas y venían monitoreando por teléfono. Cuando llegaron, tenía cinco centímetros de dilatación. Lo pasé tan bien, tan acompañada que ni cuenta me di.
-¿Te habías preparado para un parto así?
-Sí. Hace cinco meses estoy yendo a Nacer Mejor, donde dan clases de yoga y parto a embarazadas y sus parejas. Todos los ejercicios los hicimos con mi marido. Me sentí siempre acompañada por él, en todo momento. También te dan mucha información de cómo va a ser el parto, el puerperino, la lactancia, además de poder hablar de los cambios emocionales referidos al embarazo, te ayudan a ponerle nombre a lo que pasa.
-¿Por qué resolvieron tener a Vicente en la casa?
-Porque sabemos que existe un alto índice de intervenciones no solicitadas por la mujer que va a parir. No solamente cesáreas, que sería lo más extremo. Estoy hablando de enemas o dejan a las mujeres monitoreadas y no pueden hacer el trabajo de parto caminando, como recomienda el reglamento del MSP.
-Las parteras acompañaron el parto, ¿cuál fue su trabajo?
-Ellas llegaron en cuanto se fueron los invitados e hicieron su trabajo, que fue hablarme mucho en las contracciones más fuertes, respirar conmigo, hacerme algunos masajes y controlar los latidos del bebé… Ya teníamos las toallas lavadas cinco veces, planchadas y envueltas en papel, como es solicitado. Igual que cama pronta, con un forro de goma, varios juegos de sábanas… la lista de cosas que se pide para la preparación de un parto en la casa es enorme.
-¿Cómo recuerdas el momento del nacimiento?
-Maravilloso, fue cuando más cerca estuve de Fernando, abrazándolo. Un momento de pareja muy lindo, que en una sala de partos no lo hubieran permitido. Él me ayudó a pujar. La bolsa la rompí porque me ayudó, porque me colgué de él en una contracción. Y Vicente vino en nuestra cama, con la foto de mi papá, que ya no está, en la mesa de luz, con nuestros aromas. El cordón se cortó cuando dejó latir y lo cortó el papá. En las instituciones suelen cortarlo enseguida. El cordón late porque el bebé se sigue comunicando a través de él. Y debe cortarse cuando no late más: es lo que recomienda la OMS y el MSP, pero muchas veces no se hace.
-¿Cómo fueron esos primeros momentos?
-Hermosos. Sentirlo moverse en mi pecho, buscando mi pecho y yo apoyada en Fernando. Los tres éramos uno. Mimos y besos mientras lo miraban las parteras y hacían los controles que tenían que hacer pero sin despegarlo de mí.
-Vicente cumple un mes en unos días…
-Y el idilio permanece, a pesar del poco sueño y de la emoción contenida. El parto es un evento muy cercano pero a la vez, es una separación de mi bebé. Él se fue de mi cuerpo. Pero estoy fascinada de verlo crecer, de ver cómo se relaciona conmigo y con el papá.
-¿A quién se parece?
-Todo el mundo dice que se parece al padre. Al principio pensaba que era así, pero ahora no tanto. Tiene algunas cosas mías: las orejas y el dedo gordo del pie. Me parece que también la boca o la forma de la nariz. Pero es muy particular. Vicente tiene cosas propias, que ni el papá ni la mamá tenemos.
-¿Ya ven marcas de personalidad?
-Es un bebé manso, pero tiene un carácter fuerte cuando no consigue lo que quiere, nos damos cuenta por la intensidad del llanto. Le encanta que le canten, la música. Yo escucho mucha música, así que desde que estaba en la panza tomó ese gusto. Sonríe mucho para la edad que tiene. Se ríe dormido, se ríe conmigo, con el padre, con la hermana, con la abuela. Es un bebé satisfecho, al menos es lo que yo creo. De noche, duerme hasta cuatro horas seguidas si es que tuvimos un día tranquilo, sin idas al médico, ni muchos cambios o salidas.
-Se dice que ser madre cambia la vida. ¿En qué la está cambiando para ti? -Y... yo soy mucho más feliz. Yo quería que cambiara mi vida, deseaba profundamente que mi hijo la diera vuelta como está ocurriendo. Y descubrirme madre. En este momento, siento un gran conexión con una cosa muy femenina, muy de hembra en el sentido mejor de la palabra, muy de animal, si se quiere, de piel con piel. Estar en contacto con el bebé, intercambiar emociones, que no siempre son buenas, por cierto. Porque cuando llora mucho hay que desarrollar una contención importante y acunar y abrazar y comprender cómo un llanto es distinto al otro y descifrar cada uno. Pero estar en función de él es lo que yo necesitaba, en función de una vida que fue un proyecto de pareja. Estoy re contenta. Es una aventura traer niños al mundo. Es tener la convicción y la certeza de que la vida y este mundo valen la pena.