The empyrean

| Recomendado | Martín Cajal

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John frusciante

La carrera en solitario del guitarrista de Red Hot Chilli Peppers es despareja, pero en todos sus trabajos el compositor refleja fielmente su estado actual. Sus primeros dos CDS son los más ásperos y oscuros: la experimentación era radical, el sonido excesivamente fresco (composiciones inmediatas, como salían); su voz parecía poseída (lamentos, gritos, desafinaciones); las guitarras trazaban una melodía que después se deshacía en disonancias y suciedad eléctrica; en las letras resultaba difuso y hermético. En discos posteriores se volvió más acústico, el cuidado melódico ocupó más lugar y creó algunos álbumes casi redondos como Shadows Collide With People, Curtains o The Will To Death, en los que aparecía más nítido a nivel compositivo.

En The Empyrean su estilo adquiere una mayor concreción y expresividad. Es un trabajo de rock experimental, bien eléctrico y con una tendencia épica en las composiciones - extensas, progresivas, cambiantes-. Entre el ingenio musical, la sensibilidad compositiva, la espontaneidad de la creación, así surge la electricidad catártica de su viola, ajena a un género concreto, a una inspiración específica, y que tiene su momento culmine en el primer tema Before The Begining, una pieza instrumental de punteos similares a Maggot Brain de los Funkadelics. Versiona la balada Song To The Siren del mítico Tim Buckley, y después siguen ocho temas (más dos bonus track en la versión extendida) ferozmente expresivos, rockeros, en los que aparecen instantes folks de auras barrocas y momentos de space-rock. El décimo álbum de Frusciante es una obra conceptual tanto lírica como musicalmente, y sobre todo íntima. El necesario buceo por la oscuridad individual para luego palpar la luz, posible, real y exterior, distraída por el barullo interior: así podría sintetizarse la esencia del disco. Es el trabajo de un hombre que traduce su experiencia, una experiencia bastante universal: la del hombre y sus bestias interiores. Uno de sus álbumes más accesibles y el más confeccionado desde el punto de vista compositivo. Pero lo más destacable de su último trabajo es la agudeza con que ejecuta y canta, reflejada en ese énfasis constante que inyecta su voz y su viola en ciertos pasajes de las letras. De ahí que sea un álbum purgador y sobre todo intenso. La intensidad de la liberación personal, de la claridad alcanzada, del re-nacimiento que logró un tipo y que te lo comunica como mejor sabe, rockeando.

This is electric...

Electric kool-aid (contrapedal)

Lo que este grupo uruguayo hace es enchufar influencias en su mayoría británicas y norteamericanas (The Beach Boys y otras bandas pscicodélicas de los 60`, Joy Divison, Talking Heads, The Cure, The B-52, David Bowie, Franz Ferdinand…) y crear canciones de proyección bailable. El único reparo del debut es que por momentos hay cierta impostación en las voces, un enfoque compositivo demasiado direccionado hacia sus referentes. Pero hacen el disco que parecen querer: canciones que se engrapan en los oídos y que sacuden, y por momentos rozan a diversos titanes del pop que a ellos los inspiraron a hacer lo que les gusta, pop. Producido por Max Capote, This is Electric Kool-Aid engancha de inmediato.

Vivian girls

Vivian girls (In the Red Records)

Un punk desenfrenado, sucio, ruidoso, elemental y de sonido rústico, sin nada de pos-producción y grabado en baja fidelidad. Las violas parecen tocadas por niños enojados que no saben o que recién aprendieron a tocar la guitarra; en realidad por niñas, porque se trata de un trío de mujeres norteamericanas llamadas Vivian Girls. Ubicable en blogs, en su debut entregan once píldoras de absorción veloz al estilo los Ramones o Jesus And Mary Chain. Un disco de veinte y pico de minutos en que se conjugan con magnético efecto esas voces femeninas tan angelicales con ese ruidaje tan crudo. Punk-pop instantáneo e incansable.

To be still

Alela diane (Rough Trade)

Alela Diane es de esas artistas que recurren a muy poco para la composición. Ya dispone de una voz prodigiosa, entre profunda y tierna, y sólo le falta el acompañamiento de una guitarra acústica o banjo y algún efecto slide o arreglo de violín y vientos para delinear sus canciones. En su segundo álbum la cantautora norteamericana prosigue con su folk de inspiración tradicional, ideal para una escucha invernal y acompañada. No hay destaques notables entre un tema y otro y eso es bueno porque el disco se escucha completo; el tema es que esa uniformidad también puede hacer que las escuchas sean un poco inertes, casi `de fondo`.

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