El track número siete del dvd, Mein Teil ("Mi sabor", en alemán) es probablemente el momento definitivo de este paquete. Cuando las primeras guitarras anuncian la canción, Till Lindemann, cantante del grupo, irrumpe en el escenario disfrazado de cocinero, con una cuchilla por micrófono y manchado de sangre mientras empuja una enorme olla. Dentro de ella aparece el hombre-insecto y tecladista Christian "Flake" Lorenz, quien posteriormente recibirá llamaradas de un lanzallamas disparado por el cantante. Esto es solo uno de los tantos efectos que la legandaria banda alemana muestra en estos shows registrados en las ciudades de Nimes, Moscú, Londres (en la famosa Brixton Academy) y Tokio.
Verdaderos innovadores y perfeccionistas en el arte de mezclar teatro y performance con espectáculo musical, Rammstein parecía un producto de fines de los años noventa, al nivel de otras bandas que se fueron diluyendo como el caso de Prodigy, por citar apenas un ejemplo dentro del género musical en el que los alemanes se mueven. Con la influencia a nivel visual de artistas como Kiss y Alice Cooper, Rammstein va mucho más allá. Es más, logra que estos números queden bastante atrás en cuanto a puesta en escena, agresividad y verosimilitud. Mientras que Alice Cooper hoy parece una adaptación musical de las películas de "Clase B" tan comunes en aquella época, los Rammstein no se quedan en asustar. Se empeñan en que te lo creas, y lo mejor de todo es que lo consiguen. Su puesta en escena tampoco tiene a la muerte como eje conductor, sino algo mucho peor: la posibilidad de un futuro lleno de morbo y retorcimiento. Algo interesante hoy, cuando también Marilyn Manson se reperfila más hacia un diablito inutilizado que a la encarnación del mal que supo ser en los años en que Rammstein asomaba.
Tanto CD como DVD se complementan y, aunque las imágenes permiten desentrañar mejor el fenómeno, el disco es un registro que compensa tanta explotación visual y obliga a que el oído reciba a la música de Rammstein. Podrá discutirse luego si el metal industrial puede seguir manteniéndose como género, pero la conclusión al ver Völkerball es que estos alemanes siguen justificando su existencia en base a un show como probablemente no debe haberlo en todo el mundo.
Por la boca vive el pez | Fito & fittipaldis (warner)
Algunas canciones de este nuevo disco de la legendaria banda española llaman la atención no tanto por su música como por sus letras. La poética de Fito describe en su mayoría escenas y situaciones marcadas por la cuestión amorosa, pero lo hace con un vuelo y una sinceridad que escapan al lugar común de la mayoría de los músicos españoles. Otra cuestión es la música. Más allá de algunos rockitos rápidos y divertidos, como de taberna vieja (No soy Bo Diddley y 214 Sullivan Street) y alguna reminiscencia stone, lo de Fito & Fittipaldis es un pop rock que no reniega del sonido característico del rock español. A la mitad del disco la cosa se vuelve un poco monótona; pero algunos temas funcionan.
Me verás volver | Soda Stereo
"Pruébame y verás que todos somos adictos a estos fuegos de artificio", dice Cerati en Zoom. La frase, en días previos al regreso del grupo a River, cobra más actualidad que nunca. A pesar de ser un grandes hits conmemorativo-oportunista, este disco es también un documento del crecimiento del trío como músicos y compositores. Desde la nostalgiosa Sobredosis de TV hasta la cabalgata emotiva de Prófugos o las oscuras distorsiones de últimos éxitos como Primavera 0. La vuelta de Soda es un fenómeno latinoamericano, y esta música nos invita a disfrutarlo y dejar de pensar en cuánto les pagaron por volver. De yapa viene un código para bajar el primero de los conciertos de reencuentro.
Tocando el agua | Rossana Taddei
Pese a la variedad de ritmos que suenan por detrás, la dulce intensidad de la voz de Rossana se destaca por encima del sonido. Esto, para un concierto en vivo como el que aquí se registra, es un doble logro: el de su banda por acompañarla utilizando una amplia paleta de ritmos reconocibles pero que nunca deja de entender su función de "colchón" para la voz de Taddei, y de la propia cantante que se ensambla de forma que cada palabra de cada letra de su autoría sea escuchable. Entre sus canciones también puede visitar a algún Zitarrosa (Mariposa negra) o a un Darnauchans (Final). En ninguno de los casos las versiones rechinan.