POR ANALÍA FILOSI
OPINIÓN
La TV es imagen, todos lo sabemos. Pero eso no quita que también se deba cuidar un instrumento como la voz. Son varios los comunicadores que no advierten este detalle. Una es Sara Perrone, cuya belleza encandila a los hombres, pero que no logra el mismo hechizo con su voz, calificada de chillona por mucha gente (hombres incluidos). Es verdad, Sara grita y eso, a la larga, se torna molesto. Algo similar ocurre con Claudia Fernández, que en Bendita TV se pega algún que otro grito. En el otro extremo, cuando no era una de las preferidas de "Bailando por un sueño", estaba Eunice Castro. Si se la quería escuchar en Bien despiertos no había otro remedio que subir el volumen, su voz era casi un susurro. Y pobre de usted si su próximo paso era un zapping a Canal 4... porque allí estaba Sara Perrone. A bajar rápido el volumen. Después están los que hablan con cantitos, como Roberto Moar y Sandra Rodríguez (Punto Penal), que dicen una frase y, antes de concluirla, hacen una pausa y cambian la entonación para cerrar la idea. Muy artificial, señores, nadie habla así. En el mismo programa cuesta entender lo que dice Américo Signorelli, quizás debiera pedirle auxilio a su colega Fernando González, que vocaliza exageradamente. Los ejemplos podrían seguir y no con ánimo de ridiculizar a nadie, sino de marcar que si son comunicadores y trabajan con la voz, hay formas de corregir esos problemas. Es una de sus herramientas de trabajo, no la descuiden, puede atentar contra el producto que integran.