ENTREVISTA

Pinocho Sosa luego del trasplante de médula: "Estoy más tranquilo y me siento como hace 15 años"

El director de Zíngaros atraviesa el febrero más raro de su vida. Sin Carnaval, prefiere que el mes pase lo más rápido posible mientras prepara un espectáculo con Aldo Martínez para mediados de año.

Pinocho Sosa. Foto: Estefanía Leal
Pinocho Sosa. Foto: Estefanía Leal

—¿Cómo estás viviendo este febrero sin Carnaval?

—Es como un duelo que estamos haciendo los carnavaleros. Lo vivimos con una tristeza enorme. Recién caí que no había Carnaval el día en que tendría que haber sido el Desfile inaugural, el 21 de enero. Si bien yo no tengo redes sociales, miro y cuando vi que la gente ponía que ese día hubiera sido el desfile, caí en la cuenta de que no había Carnaval. Me vino un llanto tremendo y de noche pasé mal, con angustia. Tenía la ilusión de que algún tipo de espectáculo podíamos presentar.

—Durante semanas se habló de la posibilidad de que los conjuntos al menos se presentaran con aforo reducido o sin público, solo para la televisión. ¿Apoyabas la idea?

—Sí. Nosotros teníamos la ilusión y estaba la idea de que hubiera un concurso televisado. Pero no se dio. Entiendo que lo primordial es la salud y si el número de contagios no baja, parece inevitable que nos resignemos a que no haya Carnaval. Puede que abra un escenario y algún conjunto presente cosas de otros años, con el protocolo y demás. Pero los Zíngaros bajamos la cortina hasta setiembre cuando empecemos de nuevo a ensayar con miras a 2022. Ya tenemos un 50% del espectáculo trabajado.

—¿Cómo estaba Zíngaros para este año?

—Muy bien. Nos veníamos preparando con mucha fuerza. Ganamos en 2018 y en 2019 tuvimos un año malo, que no pasamos la liguilla. Cuando volvía en 2020 con todo el esfuerzo, en setiembre me diagnosticaron el mieloma múltiple, un cáncer, lo que obviamente nos afectó. Me quedo con la tranquilidad de que hice Carnaval y que presenté el conjunto dignamente, aunque no fue un año bueno. Zíngaros estuvo muy bien pero un poco triste. No reflejaba la alegría de siempre y creo que tenía que ver con mi estado de ánimo que no era el mejor. Este año me venía preparando con mucha fuerza, con la vuelta de Aldo Martínez al conjunto y Panchito Araújo. Tenemos un grupo espectacular, con muy buenos técnicos. Estábamos preparando un espectáculo precioso y tuvimos que parar en diciembre. Íbamos a hacer una presentación en el Monte de la francesa, pero no lo pudimos hacer por la cantidad de contagios.

—¿Cómo se dio el reencuentro con Aldo Martínez?

—Con Aldo somos compañeros de vida. Nos conocemos desde que teníamos 10 años del barrio Nuevo París. Andábamos juntos para todos lados y empezamos juntos en Carnaval. Yo lo llevé a los Charoles en el año 82 y después él me llevó a mí a la música tropical. Ganamos muchos primeros premios. Salimos en los Walkers y en los años 83-84 destronamos a los Gabys y a los Clapers, que ganaban siempre ellos en parodistas. Después hicimos una buena carrera los dos. Estábamos un poco distanciados los dos últimamente. Pero todo se arregló con una llamada por teléfono, un encuentro y un abrazo. No hablamos de lo que pudo haber pasado. Empezamos la relación como antes y la estamos disfrutando. Estoy contento porque le está yendo muy bien. Ganó el Masterchef celebrity. Veníamos preparando el conjunto, iba a ser la figura central de este 2021 y bueno, todo quedará para el Carnaval 2022.

—¿Es cierto que compuso una canción para el final del espectáculo que hacía referencia a esa amistad?

—Sí, él me hizo un tema para mí, que se llama "un abrazo". Cuenta la historia de dos niños que se conocieron en el barrio y la historia de ese vínculo. La canción es muy emocionante. Ahora que somos dos veteranos y vamos a cumplir los dos 59, estamos pasando por un momento precioso. Es más, estamos esperando una decisión para hacer un espectáculo juntos él y yo. Un mega espectáculo con mucha música y mucha producción. Igual que los Zíngaros pero para dos personas. Será en una de las salas más importantes del país. Hablamos con el director de la sala y si sale, va a ser uno de los mejores espectáculos del año.

—En setiembre pasado te sometiste a un autotrasplante de médula como parte del tratamiento contra el mieloma múltiple. ¿Cómo fue ese proceso con la enfermedad?

—Por agosto de 2019 empecé con unos dolores insoportables en la espalda. Fui a la Española cuando no aguanté más. Me trataron en forma maravillosa: me internaron y al otro día me hicieron muchos análisis. Tenía fracturada una vértebra y comprometida otras dos. Me diagnosticaron mieloma múltiple que es un cáncer crónico pero tratable. Tuve la suerte de caer en manos de una doctora maravillosa, como Eloísa Riva. A ella le debo la salud que tengo hoy. Empezamos con sesiones de quimioterapia y radioterapia. El tratamiento cerraba con un autotrasplante de médula, que iba a hacer pegado al Carnaval 2020 pero se atrasó con la pandemia. Hicieron un trabajo notable y les quiero agradecer la forma en que me atendieron. Estoy orgulloso de la gente de la salud en Uruguay. En su homenaje, este año íbamos hacer una parodia de Florence Nightingale, la madre de la enfermería. Yo me siento muy bien. Tengo que cuidarme pero me siento como hace 15 años, con mucha fuerza.

—¿Tuviste momentos de bajón?

—Cuando mencionaron la palabra “cáncer” por un segundo me corrió un frío por el cuerpo. Pero de ahí en adelante siempre fui optimista. Nunca dramaticé porque yo tuve todo: los médicos, enfermeros, amigos... Tuve el cariño de la gente de Zíngaros, los amigos de carnaval. Estuve internado 23 días y me llegaron 2.000 y pico de mensajes.

Pinocho Sosa. Foto: Estefanía Leal
Pinocho Sosa. Foto: Estefanía Leal

—¿Cómo hiciste con el pelo? ¿Te rapaste?

-Cuando empecé con la quimio, me reía de las enfermeras. "Soy Highlander. No se me cae nada el pelo", les decía yo. Se rían. "Espera unos días más", me decían. Al cuarto día me agarré el pelo y me quedé con tremendo mechón en la mano. Ahí decidí raparme y me gustó la pelada. Ahora está creciendo con normalidad.

—¿Cuánto te afectó económicamente la suspensión de Carnaval?

—Mucho. Por suerte los Zíngaros trabajamos bien año a año. Pasamos los 100 tablados y con eso, más lo que queda del premio, como un niño chico hago montoncitos para dividirlo en meses: marzo, abril, mayo, junio, julio… Este año va a ser largo y habrá que gastar lo menos posible porque esa entrada no va a estar.

—Estuviste suspendido en Daecpu y ahora se levantó la sanción. ¿Cómo definirías tu vínculo actual con la institución?

—Estamos en buenas relaciones. Estuve suspendido en Daecpu de 2018 para 2019. Esa fue una de las cosas que me enfermó. Eso más un juicio que tuve. Me lo hicieron por la parodia de Juana Ibarburu (NdR: la demanda fue iniciada por Diego Fisher por derechos de autor). Lo perdimos y eso me hizo mucho mal. Hoy Daecpu me mandó un documento según el cual me levantaban la suspensión. Estoy tranquilo y puedo mirar a la gente a los ojos. No quiero hablar más del tema pero cierro con que yo tenía razón.

—Trabajaste 14 años en Tenfield, ¿Cómo quedó esa relación?

—Soy un agradecido a la gente de Tenfield, a Paco (Casal), al Tano (Gutiérrez), a todos. Conmigo se han portado de forma maravillosa. Nunca voy a hablar mal de Tenfield. Ellos harán sus negocios y es problema de ellos. Conmigo se portaron de manera increíble y me dieron trabajo. Yo tenía 37 años y era un momento complicado. Pude criar a mi hijo con el trabajo que ellos me dieron. Hoy tengo mi casa gracias a Tenfield y a Paco que me dio un empujón para comprarla. No lo vi más para decirle "gracias". Porque al poco tiempo de comprarla, en agosto de 2013, me fui de Tenfield.

—¿Te parecen injustas las críticas hacia Casal y a Tenfield?

—Nadie es monedita oro. A mí me dicen cualquier cosa, que soy drogadicto y no sé qué más. Pero hay gente que dice eso y no me conoce. No habló conmigo ni dos minutos. A Tenfield todo el mundo le pega, pero todo el mundo mira el fútbol o Carnaval por Tenfield. Me gustaría que la gente conociera a Paco y al Tano, como los conocí yo. Capaz que después de eso no piensan así.

—¿Cuál era tu trabajo en Tenfield?

—Me encargaba de la cadetería, pero era una cadetería especial. A veces andaba con 80.000 dólares o con 100.000 en el bolsillo. Veía que la gente salía del Abitab con remesas de 20.000 dólares y con policías y metralletas. Yo andaba con más plata sin nada, con los billetes en el sobretodo. También era el nexo de las actividades solidarias de Tenfield. Paco se iba y me decía: "Pinochito, mi amorcito, me voy por tres meses. Que yo no venga y me entere que se resfrió "Pistolita" (por Daniel Marsicano)". "Quedate tranquilo que yo lo voy a cuidar", le respondía. "Pinochito, venga. Mire que murió este señor que fue campeón de 1950, vamos a ir a la casa y todos los meses le llevamos una ayuda". Paco es de las personas más solidarias que conocí. Pasa que después fue un abuso. El hombre llegaba a Uruguay y lo esperaban 20 personas.

—¿Por qué renunciaste?

—Empecé a tener diferencias fuertes con una persona dentro de Tenfield. Le planteé la situación al Tano. Le dije que estaba a agradecido pero que esa situación era muy complicada para mí, era un acoso mal. Arreglamos un despido y listo. Hoy tengo una relación enorme con el Tano. Hemos pasado las fiestas juntos, en familia.

—¿Cuánto te cambió lo de salud?

—Estoy más tranquilo. Por momentos me entran ráfagas de felicidad porque me siento muy bien. Pienso que le di importancia a cosas que no la tenían. Por ejemplo, no tendría que haber discutido con la gente que discutí muchas veces.

¿Quién es "El plumífero", el que "no se come ninguna caminata"?

—En 2012 hubo un cruce fuerte al aire con Marcelo Fernández, al que calificaste de “tendencioso”. ¿Cómo es tu relación con él?

-A Marcelo Fernández le tengo un afecto grande. Él sabe y yo sé que vamos a pelear 40 veces más. Porque me enoja cuando opina de los Zíngaros y voy a discutir siempre con él. Pero más allá de eso, Marcelo es un señor. Marcelo estuvo a los pies de la cama cuando estuve internado. Es un gran padre, un gran tipo y un gran periodista de Carnaval. Yo me enojo con él como comentarista de Carnaval. Le tengo mucho cariño pero cuando venga carnaval nos vamos a cruzar. Así lo quiero a Marcelo.

—Esa misma noche te dirigiste en al previa al “plumífero", diciéndole que "no te comías ninguna caminata". ¿Quién es el “plumífero”?

—La gente pensó que era Marcelo Fernández, pero no. El plumífero es amigo mío. Ese año íbamos por el quinquenio y me dijeron que fulano de tal estaba "caminando" para otro conjunto. O sea, moviendo sus conocimientos o amistades en favor de otro. Me pusieron una cámara adelante y me salió eso espontáneamente. Me refería a mi amigo el Pato Celeste. Fue una cosa del momento, algo folclórico y nada más.

—¿Cuál es tu visión sobre una polémica muy presente el año pasado por la asociación entre Carnaval y la izquierda?

—Siempre pasó esto. El Carnaval es más de izquierda. Yo soy frenteamplista pero al Carnaval lo veo de otra manera. Los Zíngaros no actúan para los frenteamplistas, para los blancos o colorados. Actuamos para todos. Cuando entra alguien en el conjunto, no pregunto a qué partido vota, si es de Peñarol o Nacional, si es gay o heterosexual. Lo que me importa es que sea buena persona y defienda al conjunto. De la lucha política estoy cansado. No tengo redes pero veo que en cada tema se tiran con todo. Están "las focas", "los fachos", "los blancos pillos"... Se insultan todo el tiempo. En Zíngaros nosotros apostamos más a la emoción, al bullicio, a la risa... No tanto a lo intelectual. No me interesa que la gente vaya al tablado con un psicólogo al lado que le explique lo que estamos cantando.

—¿Sos frenteamplista militante o solo votante?

—Solo votante. Me han invitado a militar pero no quiero mezclar. Soy hincha a muerte de Peñarol también. Me invitaron a hacer animación en los 120 años del club, pero no quise. En la hinchada de los Zíngaros hay gente de Nacional y no quiero entreverar.

—El año pasado se anunció la salida de un libro con tu biografía. ¿Qué pasó que no salió?


—No sé si por timidez pero no lo saqué. Me parece que está precioso el libro. Hice 1.000 ejemplares pero los tengo en mi casa. Vendí 25 libros nomás... Capaz que lo largo el año que viene, para el Carnaval que viene. Se llama "Pinocho, el hijo más loco de Momo". Eso viene por una canción de Tabaré Cardozo, en la que me define así. No me creo nadie en Carnaval. Pero soy el que más ama el Carnaval. Dejo mi vida en Carnaval. Desde el 81 soy el primero que sube y el último que baja al escenario. He comprometido la economía por sacar el conjunto. Y lo volvería a hacer.

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