Papá Noel para todos

Tres embajadores de Papá Noel cuentan las peripecias del traje rojo y cómo es llevar la Navidad a todos lados.

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Por: Ximena Aleman

¿Pablo cortás dos minutos... o aguanto más? Papá Noel entre niños y perros San Bernardo se sentía mal. El calor de diciembre, del shopping, de los kilos de barba se sumaba al traje brillante, asfixiante. El desmayo se anunciaba cada vez que un niño se le subía a la falda. Entonces Papa Noel pensaba que debería inclinarse hacia atrás para que el niño no se lastimara. Llamó a Pablo, su colaborador en el set del Portones Shopping. Tenía que cortar la fila otra vez. Se hizo a un costado. Se quitó el sombrero, y con un ventilador de mano trató de enfriarse la cabeza. Pasaron dos minutos. La fila de niños seguía creciendo. Volvió a su trineo con renos.

Ser Papá Noel no es fácil. Todos los días de diciembre. Cinco horas. De lunes a viernes 600 o 800 niños. Los fines de semana: mil o más. Y repetir:

-Hola, ¿cómo éstas? ¿Cómo te llamas? Dame un beso. ¿Cuántos años tenés? Según al edad: ¿a qué escuela vas? ¿cómo te fue? ¿pasaste de año? Te felicito. Tomá un caramelito. A ver la foto. Sonreí. Beso. Chau. ¡Feliz Navidad!

Y los padres que esperan a Papá Noel, que lo persiguen, para que le dé un beso al niño, para que se saque una foto. Y el niño que no quiere, que llora, que ve un monstruo rojo y barbado. Y los padres que insisten.

Sí. Cruel. Insalubre.

No para todos. Ellos, los representantes de Papá Noel en Montevideo lo disfrutan.

Vidas paralelas. Es una casa colonial de la Ciudad Vieja, con una escalera de mármol blanco y un patio central ocupado por ficheros. Allí entre escritorios de madera, mapas y papeles trabaja Alejandro Bellocq. Es el Instituto de Colonización, la guarida matutina del Papá Noel del Portones Shopping, su trabajo fijo, porque cuando termina la temporada navideña en el polo norte no precisan trabajadores estivales.

Ser Papá Noel no es fácil. Bellocq se corta la barba y el pelo una vez al año. En enero. Luego deja que crezca y en los últimos días de noviembre se decolora, para que quede blanco. Hace diez años que repite el tratamiento. "Es todo un sacrificio cada decoloración: quema, pica. Durante 50 minutos estás con el olor a amoníaco. Tuve que inventar un snorquel: respiro por la boca para no absorber los productos por la nariz. Sale plata, pero tengo la comodidad de que con la ropa estoy pronto, no tengo que producirme. Imaginate antes de salir a trabajar tener que pintarte el pelo y la barba frente a un espejo con pintura en aerosol para pelo, que con el calor se empieza a derretir, te ensucia el uniforme y se les pega a los niños en la cara".

Los sacrificios del vestuario no parecen tanto si se consideran los psicológicos. Para Bellocq, contratado por San Nicolás desde hace once años, a veces es difícil mantener la cordura. "Hubo un año en que casi me vuelvo loco por la cantidad de trabajo. Trabajé en 099 NAVIDAD, el call center de Navidad de ANCEL. Eran 16 personas atendiendo el celular en nombre de Papá Noel. Ese año trabajaba desde las siete de la mañana hasta las dos de la tarde atendiendo a los niños que llamaban. Fue una experiencia preciosa. Pero salía corriendo y entraba al shopping hasta las nueve de la noche. Eran catorce horas diarias interpretando un personaje. Después de 20 días me pasó: ¡me creía Papá Noel! Eran 600 llamadas y 1.200 gurises de tarde. Una mentira dicha mil veces se convierte en realidad. Al final te empezás a convencer que realmente sos él".

Eduardo Melone es novato en los avatares vinculados a la barba y el pelo blanco. Es portero de noche y también es modelo en una agencia de publicidad. Pero tiene cinco nietas que lo adiestraron en la picardía infantil. Esas fueron las mejores referencias de currículum navideño. Para él ser representante de Papá Noel en el Punta Carretas Shopping ha sido un gusto y un desafío. Ni el calor, ni la alergia por la barba sintética se comparan a los nervios que pasa en los duros interrogatorios de los niños: "me encontré con comentarios de los niños que si no estás acostumbrado no esperás. ¡Te vienen con cada pregunta! ¿Por qué tengo lentes? ¿Si entro por la chimenea o la ventana? ¿Cómo hago para estar acá y en Montevideo Shopping? ¡Esa última la respondí a través de la clonación! Tuve que explicarla como pude, pero la niña quedó convencida".

Un mensaje de esperanza. Ser Papá Noel no es fácil. "Lo mas fácil es cuando viene un chiquilín y te pide un play station tres, y vos sabés que tal vez no se pueda y tenés que darle esperanza. Entonces decís: mirá, me voy a fijar en el depósito, creo que no me quedan, aparte vos no te portaste muy bien este año. Y cada vez hay mas niños en el planeta y no es fácil, pero quedate tranquilo que algo te voy a llevar", cuenta Bellocq. A veces los momentos son muy difíciles. "Tenés que estar preparado para cosas fuertísimas. Como cuando viene un chiquito con parálisis cerebral. Cuando se va atrás tenés otros nenes con los ojos enormes. Vos estás súper movilizado y al niño que viene le decís: ¡Feliz Navidad! Y tiene que estar todo bárbaro y el chiquito ese te pide una moto de agua. Todos lo años me pasa. A veces es cruel. El otro día fue una seguidilla: vino una chiquita preciosa, rubia, de ojitos claros, con cablecitos en el pecho y un holter. A los cinco minutos otra nena de cinco años con una gaza en la garganta por una traqueotomía. Se va, y viene otro chiquito con una prótesis en la rodilla. Y después otra muchacha con una beba preciosa. La toco y tenía una cicatriz. Le habían sacado un riñón. Todo eso en un día. Te cambia la vida. Es cierto que hay una contrapartida económica, pero en este trabajo te convertís en un símbolo de ilusión. La gente se descarga en uno y uno puede hablar. Eso te permite transmitir esperanza. Porque la Navidad es un mensaje de esperanza".

Un Papá Noel muy especial. Es también el Marqués de la Cabriola. Y el socio de Agadu más antiguo. Tiene 85 años y cinco nietos a los que cuida mientras su hija estudia. Cuando tiene tiempo, como no tiene jubilación, con su esposa se suben a los ómnibus y por $10 venden una revista de humor que ellos mismos hacen. Desde hace veinte años la semana antes de Navidad Roberto Capablanca se pone el gorrito con el pompón y también es representante de Papá Noel. Su mujer, Graciela, es la payaso Pimpollo. "Vamos a hogares con niños con problemas, y a zonas pobres. Nos disfrazamos, vamos igual en un carro con caballos y le mangueamos a los comerciantes o a los vecinos caramelos. Nosotros ponemos las pinturas y mientras pinto a los chicos les explicamos que Papá Noel recibe las cartitas. Lo hacemos para continuar con la ilusión. Los niños se acercan a Papá Noel, lo ven y se tienen que portar bien, y los padres te dicen cosas para que él les haga comentarios y ellos se porten mejor", cuenta Graciela

-¿Trabajan gratis?

-Sí, porque lo hacemos de corazón. Yo soy feliz, tengo 85 y ando bien.

-¿Qué es lo más lindo?

-Me dan mucha tristeza los niños que me piden y no tengo para darles. Pero cuando me ven vestido los pibes se llevan una ilusión tan linda. ¡Quedan con una cara...! Si algun orfanato o escuela precisa Los Capablanca podemos ir. Que llamen al 094-792-518.

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