Por: Ximena Aleman
Natalí Kessler tiene 22 años. Aunque estudió criminalística y técnico viscerador, quiere ser famosa y conductora de televisión. Su pasaje por Gran Hermano fue fugaz, como su estadía en Montevideo, en donde habló del juego con Sábado Show.
-¿Por qué entraste a la casa?
-Yo hice el casting hace dos años en Santa Fe cuando tenía 19 años. Al final no se hizo ese Gran Hermano porque se hizo Operación Triunfo. Como había poco tiempo para hacer esta edición, se utilizó el casting viejo para la selección en las provincias y me llamaron para ver si estaba interesada. En Buenos Aires sí se hizo uno nuevo donde podía participar gente nueva. Fue el único casting que hice, estaba bastante metida en la carrera y me olvidé un poco. Mi sueño era que la gente me conociera, ser famosa y llegar con el tiempo, y obvio que con estudios, a la conducción. Sin embargo, mi prioridad era la carrera. Pero surgió que me llamaron, y dije: "Voy y lo hago".
-¿Cómo fue el casting?
-Fueron dos entrevistas en dos semanas consecutivas, en noviembre. Me hicieron preguntas con pruebas de cámara y mucha gente atrás que me iba preguntando cosas de mi vida para ver cómo me desenvolvía delante de la cámara: "¿Por qué querés entrar?, ¿Qué expectativas tenés?, ¿Te gustaría trabajar en los medios?" Después tuve sesiones de fotos, pruebas psicológicas, psiquiátricas, los análisis de sangre: todo lo médico. Dos veces por semana me llamaban y me decían: "Natalí, no digas nada, tenés un 50 % de posibilidades de quedar adentro de la casa, tenés un 70 % de posibilidades de quedar seleccionada..." Estaba nerviosa. Me ponía a estudiar y estaba en otra. Hasta que me llamaron y no lo podía creer, porque los castings no son fáciles de pasar. Ellos me trataban de sacar mi personalidad y para eso te hacen un poquito sufrir. Yo salía un poquito mal y no me tenía mucha fe.
-¿Por qué salías mal?
-Tratan de ver si te hieren, te dicen cosas malas para que vos te pongas mal y saques tu personalidad. Para ver si te podés defender. Yo, por ejemplo, en le último casting lloré. Me decían: "Bueno… sí, sos linda… el pelo... puede ser, pero no vas a vender nada en la tele porque no tenés onda". Cosas así, que son contrarias a lo que vos querés ser. Pero era para ver si yo podía enfrentarlos y durar en la casa, porque ellos lo que quieren es que vos dures; no que te vayas.
-¿Cómo es vivir en la casa de Gran Hermano?
-A mí me costo bastante. Es difícil adaptarse porque adentro de la casa hay gente que no conocés y con personalidades fuertes. Si a veces es difícil convivir con amigos durante las vacaciones, con 19 personas que no conocés es muy difícil. Yo me pude adaptar y encontré un grupo con el que me sentía bien. Me hubiera gustado quedarme más y mostrar más mi personalidad. Pero sí, es muy difícil. Hasta por la comida nos peleamos… por el presupuesto. Cuando te dan la mitad del presupuesto no es que te morís de hambre, pero tenés solo dos comidas. No tenés desayuno, ni merienda. No te alcanza y por ahí te ponés de mal humor. Si sos una persona de tener mal humor, en la casa tenés 50 veces más. Se multiplica tu personalidad.
-¿Cómo es la rutina de la casa?
- Y ahí no tenés mucho para hacer: dormir, tomar sol, comer, y las pruebas semanales. La última prueba que vi, la coreografía, estaba buena porque requiere tiempo. Pero mientras estaba en la casa las pruebas que me tocaron eran bien tranquilas. Las últimas dos fueron medio aeróbicas y eso nos encanta. Nosotros queríamos que nos dieran actividades, por eso pedimos música y pelotas. Por eso también dormíamos tanto… la gente se pregunta porqué dormimos tanto: ¡porque no hay otra cosa para hacer! Cenábamos a las tres de la mañana. Nos despertábamos y eran las cinco de las tarde, por eso nos acostábamos tan tarde. Cenábamos y nos quedábamos charlando un ratito, y cuando mirábamos afuera estaba amaneciendo. No tenemos reloj, por eso nos acostamos tan tarde y no llevamos las horas de las comidas. Pero si bien te aburrís, te divertís. Es como estar de vacaciones. A mí me gustaba cocinar, la pileta y las fiestas de los sábados con los chicos. Más cosas no hay para hacer, así que era lo único divertido.
-¿Quién creés que va a ganar?
-Creo que uno de los candidatos es Alejandro. Él tiene una historia muy fuerte y a la gente le copa. Era una historia que la gente como yo no conocía. Me di cuenta de que lo bancan a muerte y eso me sorprendió pila. Ahora estuvo en placa y nadie lo votó. Desde la casa veíamos que él podía ser uno de los que se fuera y ahora pienso que no lo sacan por nada. (NdR. Alejandro tiene disforia de género y busca ganar el concurso para hacer una operación de cambio de sexo)
-¿Qué hiciste cuando saliste de la casa?
-Primero fue un shock, no pensé que saldría tan rápido. Después vi a mi familia un ratito chiquito, 15 minutos en un camerino y me fui al hotel. Obviamente ellos no me podían contar nada y como son de Santa Fe al otro día se volvieron. Estuve aislada sin televisión y sin teléfono. Al día siguiente hice una nota con revista Caras y después me fui al debate. Tenemos un día entero en que no nos cuentan nada. En el debate me mostraron los videos que no había visto antes, y ahí me dieron el celular y pude hablar con mi familia. Después hice Paparazzi, Intrusos, Zapping, Rumores, Am y todos los programas que por contrato tenemos. El viernes me fui a Santa Fe porque no me aguantaba, extrañaba un montón y necesitaba ese apoyo. Fui 24 horas porque el sábado tenía que estar de nuevo.
-¿Cómo te lleva la estadía afuera de la casa?
- En la casa todo el tiempo dormíamos un ratito. Al tener esa rutina, cuando al otro día de salir tuve que empezar con tantas actividades estaba muerta. Solo quería dormir y dormir. Después me acostumbré y está bárbaro. Me encanta, porque te divertís en el canal. No es un sacrificio. La paso muy bien. Ya pasé por toda la maratón. Me conozco todos lo programas de chimentos.. A mí me encanta la tele, me paso mirando. E incluso el señor de las fotocopias de al lado de mi facultad me decía "Natalí cómo no te presentas en le casting de Gran Hermano". Pero en Santa Fe es muy difícil llegar, si me venía a Buenos Aires sí, pero tampoco me podía mantener ahí. Y me llegó esta oportunidad.