Muñeco malo

| Jurado de Showmatch habla de cómo armó su personaje "muñeco de torta" y de los enfrentamientos con Flavia Palmiero y Matías Alé.

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Por: M.B

Galera, traje con cola, bigote geométrico. Aníbal Pachano, jurado de "El musical de tus sueños" (Showmatch) compuso un personaje de muñeco de torta, como él mismo compara. En el juego le ha tocado ser el malo de su tribu, pero eso lo lleva a otro lugar: "No soy el más malo, sino el más justo o crítico. Me avalan 27 años en esta profesión", dijo en Montevideo donde estuvo el fin de semana pasado: vino al programa La city (Canal 4) y aprovechó para visitar a amigos, entre ellos, al diseñador Pablo Suárez.

"Uruguay es mi segunda casa. Vengo desde el 1988", añadió en referencia a los espectáculos Botton Tap y Smoke, que trajo a Montevideo en reiteradas ocasiones.

Ahora, en cambio, llega en medio de la explosión mediática de Showmatch y con al menos dos enfrentamientos que lo tienen como protagonista: Flavia Palmiero dudó (en broma o en serio) de su sexualidad y Matías Alé reaccionó cuando Pachano lo acusó de no mirarlo cuando le hace sus devoluciones en el jurado. Son "estupideces", como él mismo reconoce, pero parte del juego mediático en el que ha decidido meterse para que se conozca su trabajo.

Por otra parte, quiere hablar de su personaje en Showmatch, que mezcla a "Chaplin y Willi Wonka, hace muchos años que no se veía un personaje así en la televisión", dice. Aníbal Pachano persona, en tanto, es un hombre más bien bajo de estatura, pelo rizado y hablar fluido. Es arquitecto, escenógrafo, tiene una hija de 20 años y empezó como actor, director y coreógrafo en 1984.

-Está metido en dos líos, ¿cómo los vive?

-Lo de Matías (Alé) es un invento de él. Tiene que ver con que él no escucha cuando le hablás. Le llamamos la atención sobre eso y armó toda una perorata con todo eso, que la va a hacer él solo. A mí no interesa para nada. A los participantes no les gusta que uno les diga lo que están haciendo. Alé tiene a su pareja anterior en el jurado y a la actual entre los participantes. Hay un juego, que lo entendemos todos y supongo que debe estar convenido con la producción. Pero a partir del juego hay momentos en que la línea cae y no pega bien ni en el jurado ni el público. Lo del barro, por ejemplo, no le gustó a nadie y lo que pasó el otro día tampoco. Pero bueno, es claro, no dejo de dormir por Matías Alé.

-¿Las diferencias con Flavia son de otra índole?

-Sí, porque ella nunca reconoció lo que hizo. Se está metiendo con mi familia, con mi hija. Dijo que faltaba un hombre en el jurado y todo está grabado. Esperaba una disculpa pública, pero como no la hubo, todo está en manos de mi abogada.

-¿Dudó de su sexualidad?

-Toda la vida armé este personaje. Desde que me conocen en Uruguay, en 1988, tengo este personaje que es producido, con mucho maquillaje. Acá las cosas son serias, estamos en un concurso, no viendo qué es lo que hace cada uno en su vida privada. Nunca le interesó a nadie y ahora, están todos interesados en saber si soy, si no soy. Soy artista y trabajo para ser un gran payaso, los payasos se pintan y producen. Mirá a Chaplin, tuvo 10 hijos, ¿es gay? No hablemos más pavadas porque estas son pavadas de una participante que lo que tiene que hacer es bailar y si no sabe, aprender.

-¿Qué evalúa como jurado?

-Me fijo en el cierre de los cuadros, cómo se ubican los bailarines que es de las cosas más difícil, manejar el espacio. Después, miro si expresan o no, si sienten lo que están haciendo o no. Tenemos ahí un problema porque muchos hacen de lindos o lindas y no se meten verdaderamente en el personaje que les tocó. Por otro lado, también me meto mucho en la técnica y en eso Reina Reech es mi par; yo digo algo y ella lo completa.

-¿Cómo ve el nivel?

-Ecléctico, porque así es el programa. Sería muy aburrido si fuera todo igual y perfecto.

-Hace 27 años que crea espectáculos, pero recién ahora reaparece en la televisión, ¿por qué?

-Fue una decisión mía. Hacía muchos años que mi trabajo no tenía un lugar de exposición y de poder contarle a la gente qué hacía, salvo cuando venía a Uruguay que me llamaban de los programas. Pero en Argentina, luego de terminarse los programas de Badía, Bergara Leuman o los de Repetto, no había lugares para mostrarle arte a la gente. Vino una televisión mezcla de chatarras, pero ahora esos mismos programas lo están revirtiendo, ahora llevan artistas que, aunque sea mediante un bollo, pueden contar lo que están haciendo. Que discutan con (Pablo) Echarri es mucho mejor que se discuta con una de estas chicas gatúbelas que andan por el mundo del espectáculo. Lo mismo conmigo. Uno tiene resto y pico como para sostener una discusión.

-Usted mismo lo decidió...

-Totalmente. El primer impacto fue cuando me asocié a (Gerardo) Sofovich. Después, tuve algunos altercados con Marixa Balli, con quien, ahora, me llevo bárbaro. Después, me separé de Sofovich y decidí que quería estar en la televisión. Empecé con Beto Casella (Bendita TV) y de ahí pasé a Showmatch. Les propuse hacer un personaje bien histriónico, con una galera y la vestimenta fashion. Me dijeron que sí y yo cambio de look todos los días. Este trabajo lo hago con dos asesores de imagen que son Fabián Medina Flores y Patricia Fianio.

-Con Sofovich hicieron Varieté para María Elena, ¿cómo fue esa experiencia?

-Una experiencia interesante. Sofovich fue un tipo al que le di con un caño durante muchos años. Y cuando lo conocí, descubrí que había una persona interesante detrás. Lo pude manejar en el ida y vuelta, pero es muy difícil. Soy un director y un creativo que trabaja hace muchos años, puedo ceder un espacio, pero no constantemente. Cuando me ofrecieron un segundo trabajo, yo propuse ser un co-director, pero eso no se entendió.

-En ese espectáculo estaba Eunice Castro, ¿cómo la ve?

-Es un personaje la uruguaya. Es una amiga particular, nos vemos cada tanto, hablamos por teléfono o nos mandamos mensajes de texto, que ella tarda tres días en contestar.

-¿Está preparando algún otro espectáculo?

-Sí, quiero hacer un Smoke 2. Va a estar Marixa Balli, Nicolás Armengol. Y estamos también hablando con Eunice y con María Vázquez. Lo quiero armar más como cabaret. Sería para fin de año, no sé si en Mar del Plata o Buenos Aires. Estos días se define.

-Lleva 27 años en esto, ¿cuánto cambió el medio?

-Mucho. De estar hablando con un Bergara Leuman, que era un creativo, a estar discutiendo con gente sin trayectoria. Antes, siempre se hablaba de arte; se podía contar alguna anécdota de la vida de mengano o sultano, pero ahora eso se transformó en la noticia del día. Hoy, todo es más light, más descartable. Fijate que en lugar de hablar de lo que produce mi personaje en la gente, se habla de dos problemas imbéciles. Yo, igual, me quedo con lo otro.

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