Publicidad

Miguel Barriola íntimo: sus romances, el codazo que marcó su carrera y la terapia para mejorar su temperamento

"Me propuse cambiar, siento que estoy de pie y andando de nuevo", asegura el reconocido basquetbolista después de un año en el que la polémica estuvo a la orden del día.

Compartir esta noticia
Miguel Barriola se animó a una producción de fotos en Miami.
Miguel Barriola se animó a una producción de fotos en Miami.
Foto: Agustín Madero y Carolina Nigra.

Si hay un basquetbolista uruguayo que no pasa desapercibido en la opinión pública, ese es Miguel Barriola. Consagrado como uno de los más destacados de su generación, la reciente incorporación al equipo argentino Ferro ha sabido protagonizar varias polémicas dentro de la cancha. Una de las más sonadas data del año pasado, cuando con un codazo provocó la fractura de cráneo de Frank Hassell (Macabi). “En el momento no me di cuenta de nada”, asegura. Como si fuera poco impacto mediático, su 2023 también estuvo marcado por el romance con Giuliana Pérez, la contadora que fue noticia por integrar delegaciones encabezadas por el secretario de presidencia Miguel Ángel Toma. Por primera vez, el deportista habla del vínculo y sostiene que aquella polémica hizo mella en la relación. Reinventado como “sport celebrity” y recién llegado de sus vacaciones en Hawaii, Barriola habla sin cassette.

-En las últimas semanas se te ha visto en producciones de fotos y programas de televisión por fuera de lo deportivo, ¿estás adquiriendo un perfil más alto?

-Estoy explotando herramientas que no sabía que se podían usar. Es todo nuevo para mí. Pepe (Álvarez Pou) me ayudó a contactarme con marcas y estar más en los medios como una sport celebrity. La primera vez tenía muchos nervios porque tenía que opinar de cosas que uno habla en su casa con la familia. Después uno ve que hay buena onda y se va soltando. De a poco me voy sintiendo mejor con las cámaras y con hablar de temas que no tienen que ver con el deporte, como cuando fui a hablar de Gran Hermano que lo miro con mi familia. Después vi que habían tuits que se preguntaban “qué hace Miguel Barriola en Gran Hermano”.

-¿Notás que hay cierta resistencia a ver a los deportistas desempeñando otro rol mediático por fuera de la cancha?

-Puede ser. Cuando digo que voy a sacarme fotos me dicen “¿pero vos sos modelito?”. Entre mis amigos ahora dicen “ahí viene el influencer”. Es parte de esto en lo que estoy incursionando, pero mi foco es el básquetbol. Si yo no hubiera hecho carrera en el básquet, no iba a venir ninguna marca a buscarme. Mi prioridad es el básquet y lo otro un anexo.

-¿Pero te gustan los medios en sí?, ¿te gustaría volcarte al periodismo deportivo, por ejemplo?

-Los medios me gustan, aunque estoy más acostumbrado a los deportivos. No me veo haciendo periodismo porque si bien me gusta compartir opiniones, muchas veces me siento frenado para hablar de jugadores que conozco. Capaz que lo podría hacer en unos años cuando todos los jugadores sean de otra generación. De lo que estoy seguro es que quiero seguir para siempre vinculado al básquet. No lo podría hacer como entrenador porque tengo un temperamento muy especial y me gusta que las cosas se hagan de determinada manera. Estoy trabajando para mejorarlo.

-¿Se te viene el pensamiento sobre un retiro en unos años?

-Lo pienso en un 10%. Por suerte no he tenido lesiones, pero tengo 33 años y sé que la vida útil de un deportista da solo para unos cuatro o cinco años más. Quiero terminarla de la mejor manera, pero estos años que quedan son un montón de tiempo. Soy consciente de mi edad, del paso del tiempo y de que las generaciones que vienen por suerte tienen mucha fuerza.

Miguel Barriola.
Miguel Barriola.
Foto: Agustín Madero y Carolina Nigra

-Hacías referencia a tu temperamento, ¿cómo es?

-Soy impulsivo y eso me ha generado bastantes inconvenientes dentro de la cancha. Soy calentón y no me gustan las injusticias. Capaz que llama la atención mi forma de jugar, que marco y hago faltas fuertes. No tengo dudas de que eso me ha jugado en contra a la hora de cerrar contratos. Se ha creado una imagen fuerte de que soy un tipo mala leche o con calificativos que no comparto, pero en general vienen del lado contrario al que estoy jugando. En el día a día tengo otra personalidad: soy amable, sociable y no tengo problemas con nadie.

-El año pasado se habló mucho del golpe con Frank Hessell, que provocó su fractura de cráneo. ¿Fue un episodio aislado o parte de tu “forma de jugar”?

-Fue algo aislado. Tengo la imagen en la cabeza de ver venir al tipo, saltar con los dos brazos tratando de tocar la pelota, y él tocándome el antebrazo con su frente. Yo no me di cuenta de nada. Cuando cayó boca abajo pensé que estaba haciendo circo porque yo ni siquiera sentí dolor; me tocaba el brazo y no sentía nada. Sin embargo cuando se dio vuelta y le vi la frente quedamos todos paralizados. Fui el primero en llamar al médico.

-¿Qué viste?

-Tenía como un cenicero hundido en la frente. Me corrió un frío por dentro. En el momento él se enojó mucho y encima le llegaban comentarios de que yo lo había hecho con mala intención. Yo quería ir al sanatorio, pero me decían que lo mejor era que no fuera. Llamaba todo el tiempo para saber cómo evolucionaba hasta que le escribí una carta por Instagram explicándole cómo habían sido las cosas. Un mes después me encontré con unos directivos del básquetbol que me contaron que él tenía una deficiencia de calcio que hacía que eso que le pasó conmigo le pudiera haber pasado golpeándose contra cualquier cosa. No fue un golpe de una fuerza desmedida. En aquel momento empezó una campaña en mi contra y si ya tenía haters en la prensa y en los hinchas de equipos contrarios, después de esto me gané muchos más. Aunque muchos creen que me sancionaron por esto, en realidad fue por un encontronazo que tuve después con (Miguel) Romero.

-Dijiste que los comentarios que se hacen te pueden perjudicar profesionalmente, ¿también te afectan en lo personal?

-Había trabajado esa capacidad de bloquear las cosas negativas. Cuando ganaba un partido con Aguada, venían todos los de Goes a decirme de todo y se sumaba la gente de Peñarol que sabe que soy de Nacional. Al final me terminó afectando especialmente por mi hijo. Una cosa es cuando él tenía cuatro años, pero ahora él ya tiene 10 y entra a internet, y lo mismo el resto de sus compañeros que le hacen comentarios. Eso me choca. El presidente y vicepresidente de Macabi decían que no podía jugar más, y eran los mismos que poco tiempo atrás decían que era el número uno. Me afectó ver que me atacara gente con la que había tenido buen trato. Recibí palo de mucha gente. Salía a la calle y sentía que la gente me miraba. Fueron días complicados. En aquel momento también creí que iba a renovar con Nacional y rechacé ofertas de otros equipos, sin embargo llegado el momento hubo un cambio en directivos que me hablaban todos los días y pasaron a no hablarme más. Nadie se animaba a levantar el tubo para avisarme que no me iban a tener en cuenta. Eso me dolió.

-¿Hacés terapia?

-Sí, me ayuda en un montón de cosas. Me sirve para controlar lo impulsivo que soy. Apenas me atacan yo siempre ataco más fuerte, y eso no está bueno. Siempre redoblo la apuesta, pero eso no da ningún rédito positivo. Reacciono mal y a los dos segundos pienso “¿qué dije?, ¿por qué contesté así?”. También hay situaciones puntuales para las que la terapia me ha servido. En algunas relaciones que he tenido me he desconocido por permitir muchas cosas y dejar de ser yo. Perdí mi esencia, mi frescura y dejé de verme con amigos por estar pendiente de otra persona. A veces hay que hablar con alguien que no esté involucrado para ordenar las prioridades.

-¿Es lo que te pasó en tu última relación pública, con Giuliana Pérez?

-Con ella me tuve que acostumbrar a situaciones que me costaban. Yo como deportista no salgo mucho y a ella sí le gustaba salir. Yo creo que si uno se mete en una relación con más de 30 años los objetivos deberían ser formar una familia o pensar proyectos en común y no pueden ser ir a un baile o mostrarse en redes sociales.

-¿Lo mejor no es estar con alguien que tenga los mismos objetivos?

-Sí, pero uno va conociendo a las personas a medida que se va enganchando y cuando quiere salir o ve una red flag ya está metido hasta el cuello y cuesta más. Yo en ese momento me aislaba y no quería hablar con nadie de esta situación para que no me dijeran “salí de ahí”. Yo no quería escuchar eso. No quería salir porque veía destellos de que la relación podía avanzar, pero eran solo destellos.

-¿Eso fue lo que hizo que la pareja se termine?

-Sí, nos separamos porque teníamos objetivos distintos de vida. Hablábamos de darle seriedad a la pareja y formar una familia, pero después las acciones no coincidían con las charlas. Había peleas, idas y vueltas, hasta que me tocó irme a jugar a Ecuador y ahí pude ver las cosas con otra perspectiva. Seguía viendo acciones que no me gustaban y llegamos a tomar la determinación de decir “hasta acá fue”. Ella entonces se fue de mi departamento y cada uno siguió su vida por su lado.

-¿Cómo siguió el vínculo?

-Nos hemos cruzado en algunas circunstancias pero no hablamos nunca más. Ella se muestra feliz y yo me alegro. Le deseo lo mejor, por más que uno haya salido más o menos dañado de una relación. Ya no quedaba más para hablar. Se terminó y listo.

-¿Sentís que vos saliste más dañado de la relación?

-Sin duda llegué a engancharme más de lo que se enganchó ella. Fue una relación muy pública por todos los escándalos que ella cargaba por lo del secretario de presidencia y por mi trabajo como deportista. La pareja se expuso mucho, y ella además es de salir a confrontar en Twitter. Después los hinchas de los equipos contrarios usaban cosas de ella para atacarme. A mí nunca me habían gritado nada en la cancha con respecto a una pareja y empecé a sentir que me gritaban “cornudo” o “le pagan los viajes a tu mujer”.

-¿Cuánto afectó a la pareja el hecho de que tiempo atrás ella haya sido involucrada en la polémica por los viajes oficiales con el exsecretario de presidencia Miguel Ángel Toma?

-Cuando empezamos a salir, ella ya venía con toda esa mochila. Lo hablamos, me dio su versión y siempre le creí. Nunca le perdí credibilidad con ese tema. Pero esa mochila terminó pesando adentro de la pareja. Yo le decía que tenía que bajar un poco el perfil, guardarse un poco más y no contestar todos los mensajes de Twitter, pero hacía todo lo contrario. Es que a ella le gusta la exposición, las cámaras y que se la nombre, por más que no le gustaran los motivos por los que la nombraban. El tema también era que toda esa situación me terminaba afectando a mí. Veía mensajes que decían “está la novia de Barriola en tal lado”. Yo le pedía que bajara la pelota, que no saliera a los lugares en los que todos me conocían y se pusiera a hablar con todo el mundo. Yo me acostaba a dormir y me llegaban mensajes de “está tu novia en tal lado” y fotos de ella. Yo le planteaba este tema y ella se enojaba.

-¿La acompañabas a las audiencias contra los medios a los que les hizo juicio?

-Sí. Fue un tema delicado. Ella se sentía vulnerable y estaba yendo contra todos los medios uruguayos, así que me necesitaba como pareja. Yo no dudé y la acompañé. Una de las audiencias fue con (Orlando) Petinatti. Justo había pasado lo del codazo y él había usado el programa para pegarnos a los dos. Yo fui con buena onda y si me saludaba lo hubiera saludado, pero me esquivó la mirada. Hizo como que estaba en una llamada y se fue por el costado.

-¿Volviste a salir con alguien después de terminar con Giuliana?

-Estoy conociendo a alguien que no está en el país, pero no diría que estoy en una relación.

-¿Es Romina Uhrig, la ex Gran Hermano con la que se te asoció este verano?

-No. Romina es una mujer hermosa pero no tengo nada con ella. Yo justo estaba en Buenos Aires y compartimos una cena con la gente que me representa y figuras de allá. Ella me habló de su familia y me pareció una gran mujer. Alguien sacó una foto en un momento que quedamos solos en la mesa y se viralizó.

-Acabás de llegar de unas vacaciones en Hawaii, ¿cómo fueron?

-Muy buenas. Arreglamos con uno de los hoteles más grandes de Hawaii para mostrar sus instalaciones para la gente de Latinoamérica. Fueron unos días divinos. A mí me encanta la historia y visitar Pearl Harbor fue muy emotivo.

-Tu carrera se caracteriza por tener que estar gran parte de tu vida en el exterior, ¿cuánto tiene eso de positivo y cuánto de negativo?

-Tiene esa dualidad. En estos momentos pesa más poder estar cerca de mis hijos. Me ofrecieron ir a jugar seis meses a Indonesia o Islandia, que son destinos exóticos que puede estar bueno conocer. Pero hoy le doy prioridad a estar cerca de mi hijo. Vivo para él y es lo más grande que tengo.

-¿Cómo estás hoy anímicamente?

-Mejor. Hice un click en el último tiempo. Me pasaron cosas injustas, aunque en algunas puedo tener parte de culpa. Estuve sin equipo por actitudes mías y por estar en el ojo de la tormenta, pero me propuse cambiar. Quiero recuperar el valor que había perdido. Siento que estoy de pie y andando de nuevo.

¿Encontraste un error?

Reportar

Temas relacionados

Liga Uruguaya de Básquetbol

Te puede interesar

Publicidad

Publicidad