NOTA DE TAPA

Martina Graf: armonía en cuerpo y alma

A un año de su regreso a Uruguay tras estudiar actuación en México, Martina Graf (29 años) tiene muchos motivos para declararse en el mejor momento de su vida. El ciclo Adoptame (Teledoce.com) continúa con gran suceso al conseguir que los animales protagonistas de las historias consigan familia. 

Martina Graf
Martina Graf. Foto: Daniel Ayala.Gentileza: Clínica Jamelia. 

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-Desde junio está on line el ciclo Adoptame que conducís en Teledoce.com, ¿Cómo evalúas los resultados hasta el momento?

-Con Adoptame venimos muy bien. Grabamos varios capítulos. Lo tenemos pensado como un ciclo y luego veremos cuánto perdura. El objetivo específico de cada programa es lograr la adopción del protagonista de la historia y ya lo hemos logrado en la mayoría de los casos. La segunda pata es un poco más codiciosa y consiste en promover valores de adopción y responsabilidad en la tenencia de animales. En eso estamos.

-¿Cómo te sentís en ese ciclo?

-Maravillosamente. Es una forma de no quedarse quieto y en el formato, si bien no inventamos nada, implica explorar formas diferentes de contar estas historias. Seguro que es de los programas con el que más he coincidido. Muchas veces en la tele, por más que esté tu nombre y tu apellido uno está en modo personaje. En ese sentido, Adoptame es todo lo contrario; diría que es muy Martina.

-¿Cuánto creés que falta en Uruguay en materia de derechos de los animales?

-Se ha avanzado. A medida que cada uno alza la voz, se va haciendo cada vez más eco. Lo mismo que sucede con la problemática de género: antes no se hablaban las cosas y ahora sí. Siempre miro el vaso desde la perspectiva de la mitad llena. No ando por la vida enojada o frustrada por las cosas que no se hacen. De todos modos, creo que aún falta mucho en ese camino. Pero no solo en Uruguay, falta en el mundo. Uruguay es un país chico y tiene la ventaja de poder aprobar e instrumentar reformas rápidamente, como pasó con el Plan Ceibal o la ley de la marihuana y otras cosas en las que fuimos pioneros en América Latina. ¿Por qué no hacer un minipiloto y hacer algo con los animales que sea ejemplo en el mundo? Sería bueno pensarlo.

Martina Graf. Foto: Daniel Ayala
Martina Graf. Foto: Daniel Ayala

-Volviste a Uruguay en noviembre pasado luego de varios meses en México. ¿Dirías que ya estás nuevamente instalada en Uruguay?

-Sí, aunque se pasa rápido el tiempo. Este año fue el primero en que hubo meses muy tranquilos. Puedo decir que fue la primera vez en mi vida en que estuve tan tranquila. Eso conllevó a que me replanteara muchas cosas. A veces estar siempre en el ruido y en la exigencia no te permite bajar a tierra ciertas cosas. Trabajo desde que tengo 15 años y tengo 29 y recién ahora pude estar una o dos semanas casi sin ninguna responsabilidad.

-¿Cómo te sentiste?


-Al principio no me sentí muy bien. Soy una persona activa y si bien tengo actividades porque de martes a domingo monto a caballo, me sentí rara, como desencontrada. Es atípico en mi vida. Pero mi personalidad siempre tiende a hacer y resolver, apenas aparece una situación que me afecta. En ese momento traté de buscar cosas en mí para sentirme mejor. Fue superpositivo el proceso y hoy me siento superbien. Ha sido un año muy importante. Hay cosas que son difíciles de apalabrar, pero en emociones fue un año de mucho encuentro y búsqueda interior.

-¿Esos tiempos "tranquilos" se dieron luego de que terminó el programa Todos contra mí, el programa de entretenimientos cuyo elenco integrabas en Teledoce?

-Fue por el cambio, más que nada. Estudiar una carrera a diario o la TV en vivo todos los días implican una exigencia que yo naturalicé durante mucho tiempo. Como soy muy perfeccionista, tenía sobre mis hombros una gran responsabilidad que cuando no estuvo, se sintió. No es que estoy sin trabajo. Simplemente que la rutina cambió.

-En redes sociales te estás dedicando a escribir cada vez sobre diferentes temáticas o vivencias, ¿por qué?


-Me encanta escribir desde siempre. Escribo desde la época de los fotologs. Se ha dado de la mano del impulso de contar situaciones por las que viví, aunque no me gusta hacerlo desde el lugar de la víctima. Empecé a apuntar más a las personas con las que tenía receptividad cuando subía algunos comentarios introspectivos y así le encontré un uso a las redes que me cuadra un poco más. Siempre estoy con la disyuntiva de seguir con ellas o no. Me estresan un poco las redes.

-¿Qué es lo que te estresa en concreto?


-Me estresa la presión que me pongo por la estética de las fotos. Me molesta eso, aunque ahora estoy siguiendo a muchas personas descontracturadas y me ayuda a no buscar la perfección en la imagen. Este año hubo semanas en las que no publiqué nada y me sentía como en deuda. Es una especie de esclavitud pequeña que siento con las redes, pero también implican una herramienta de trabajo y tiene cosas ventajosas. Entre ellas, que ahí me muestro como soy. Hay días más grises y otros cristalinos. Muchos pasamos por los mismos problemas y compartirlo es lo mejor.

-Recientemente escribiste sobre la ansiedad, ¿sos ansiosa?


-Sí, es uno de mis muchos y grandes problemas. En realidad, uno no tiene problemas, sino tendencias. Y cuando identificás esa tendencia, no es que lo resolvés pero empezás a contrarrestar esa tendencia. Soy muy ansiosa del futuro y de muchas cosas. Ese sentimiento se me disparó mucho al volver a Uruguay. En México yo sabía que iba a regresar, pero cuando se concretó y llegué a Uruguay me volví a poner sobre mí ciertas exigencias referidas a mi relación y a mi trabajo. Fue todo un proceso darme cuenta de que no era necesario autoexigirme tanto. Di unos pasos atrás, pero luego, afortunadamente, pude encararlo

-Otro de tus temas ha sido la autoestima. Más de una vez has expresado que no siempre te has sentido perfecta...

-Creo que uno tiene que apuntar a lo perfectible. En el fondo, lo perfecto no existe. Aceptarse y quererse no es mentirse, sino darse cuenta de que somos valiosos igual con nuestros defectos. En cuanto a mí, me siento en una etapa muy linda y muy armonizada. Nunca es un trabajo terminado el que uno tiene que hacer con uno mismo para sentirse bien, pero en eso estamos.

-Y en el amor, ¿cómo te definirías?

-Muy bien. Seguimos con Sebastián (Bertalmio). Ahora está embarcado por su trabajo como piloto mercante. Así es su trabajo y así lo aceptamos. Viene todo superbien.

-¿Hay planes?


-Nos vamos a mudar a la casa de mis suegros para poder ahorrar con la intención de comprarnos algo y así ir creciendo en la relación. Pudiendo aprovechar eso, nos pareció bien aceptar esa ayuda. Estoy feliz.

-¿Cuál es tu próximo proyecto en los medios?


-Voy a hacer cine por primera vez en mi vida. Tengo un proyecto divino para hacer. El rodaje empieza en enero. Estoy hace muchos meses con esto y me da una felicidad infinita. No puedo contar mucho por el momento. Es un protagónico de un personaje muy interesante; es una historia atrapante y atípica basada en el amor y el desamor, algo que me interesó desde muchos puntos de vista. No puedo creerlo. Es parte de lo que yo estudié y quiero para mi vida. Que haya llegado este proyecto, me encanta. Ya tengo el libro: es una producción extranjera y el director es Rafael Cabello Wagner.

-¿Cómo cuidás tu figura?

Siempre fui muy deportista y me muevo. Trabajo desde tiempo con la Clínica Jamelia, para quien hicimos estas fotos divinas. La esencia de ellos es desarrollar más confianza cada uno su cuerpo para luego sacar el máximo potencial de belleza.

-Pero sos ansiosa..., ¿no te dan empujes de comer todo lo que hay?


-En realidad, ya aprendí que no puedo renunciar al chocolate y que hay días en los que me voy a comer 4 alfajores y no pasa nada. Mi cuerpo lo tolera bien. El problema no son los empujes, sino cuando las cosas se mantienen en el tiempo. Soy mucho de trabajar conmigo y si hay cosas que me estresan trato de reacomodarlas. Tiene mucho que ver con el equilibro emocional.

-¿Esa tendencia tuya a la introspección es reciente?


-Siempre fui así. Ha sido la forma que encontré de acomodar todas las cosas que me pasaron en la vida. Era perderme o encontrarme. Y opté por encontrarme y ser feliz. Cuando uno toma esa opción, la vida te va llevando por varios caminos, en los que vas probando. La vida es un experimento; hay que andar siempre a ensayo y error.

-¿Has ido o estás yendo a terapia?


-En México hice psicoanálisis. Fui a psicólogos cuando era chica hasta los 18. Después pasaron casi 10 años y volví. Me encanta la psicología y a la vez siento que conversando, uno va identificando los problemas. A todos nos pasan cosas muy parecidas: el miedo, los desapegos, falta de amor de niños, pérdidas, abandonos... Tenés que aprender a gestionar las heridas que vivís o te hacen vivir. El desafío es poder perdonar, ir más liviano y agradecer. Yo agradezco todo lo que me pasó en la vida y ahora lo siento más que nunca.

-Pero tu historia de vida ha sido dura...


-Mi mamá estuvo enferma de cáncer desde que yo tenía 3 años y murió cuando tenía 11. En mi familia hay depresión y adicciones. Con mi papá la relación se rompió y quedé un poco sola. Actualmente no tengo vinculo con mi padre. Es una decisión que forma parte del proceso de entender qué cosas te hacen bien y cuáles no. Decidir no vincularte más es también parte de quererse. A veces, uno siente que con los mandatos familiares se tiene el compromiso y la obligación de continuar el vínculo, pero no en todas las familias debe ser así. Llegó un momento en que tuve que poner orden en eso y así fue. Por ahora estoy muy bien así.

-¿Fue difícil la decisión?

-En el fondo, lo que hay que plantearse es si uno toma esa distancia por dolor y evasión o si lo hace como resultado de un proceso. Podés pasar toda la vida bloqueando a alguien pero en el fondo porque estás lastimado. Es válido pero es poco útil. Otra cosa es cuando trabajás con vos mismo y hacés el proceso. Ahí ya tenés más claro para decidir con quién compartir tu vida y con quién no. Cuesta pero siempre hay que entender que no todas las personas están capacitadas para asumir el rol que les tocó.

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