ENTREVISTA
El periodista uruguayo, radicado en Argentina desde hace seis años cuenta cómo se vive la cuarentena por coronavirus y cómo ha sido hacerse un nombre en ese país

Llegó a Buenos Aires con una mano atrás y otra adelante, y se convirtió en una de las caras Crónica TV que desde hace un tiempo tiene un cambio en su forma de comunicar. Hace seis años que el minuano Marco Bustamente trabaja en ese canal, donde en los últimos meses vivió momentos complicados cuando fue a cubrir el golpe de estado en Bolivia o en la cobertura del día a día de la pandemia en Buenos Aires, una ciudad cerrada. “(Alberto) Fernández fue vivo. Si no, hoy tendríamos los mismos casos y muertos que Estados Unidos”, asegura.
—¿Es complicado hacerse un nombre en Buenos Aires?
—Y sí. Lo que tenemos los uruguayos es que somos competitivos, pero no matamos al otro, lo dejamos ser. En cambio en Argentina, al ser 40 millones de personas, siempre hay 1.000 que quieren lo mismo y están dispuestos a todo. Yo soy de Minas y no se hacen cosas multimedia, ni hay facultad de comunicación, es como que estamos menos preparados. Y cuando llegás a Buenos Aires, cualquier periodista es egresado de una facultad, porque acá hay seis para elegir; y todos te editan, filman, se hicieron cursos de capacitación multimedia, y el uruguayo que llega con una mano adelante y otra atrás, sin preparación, lo tiene más complicado.
—Vos lo lograste.
—Sí, pero soy uno en un montón. Generalmente el destino de los que llegamos de Uruguay es trabajar en lo que uno no quiere o se formó. Hay excepciones como el flaco Roberto Peña que es vecino de Minas, a él lo fueron a buscar, y eso es distinto porque encima lo fueron a buscar para hacer humor; pero a mí no me fueron a buscar, yo llegué con 1.000 pesos y dos pasajes que había conseguido en un canje de una empresa de viajes, y no sabía nada, no conocía a nadie, no sabía dónde bajarme, dónde iba a vivir, nada.

—Ahora sos periodista de Crónica, hacés móviles, tenés segmentos y conducís especiales.
—Hicimos cosas divertidas, el año pasado hicimos la cobertura del golpe de estado en Bolivia, han sido tiempos interesantes.
—Crónica ha tenido una evolución en los últimos tiempos, ya no tiene esos títulos impactantes y tienen una estética distinta, ¿cómo ha sido vivir ese proceso de cambio?
—Entré a Crónica cuando lo compró Grupo Olmos y a partir de ahí el canal cambia totalmente. Antes lo manejaba García que era el fundador y le había dado su impronta pero había quedado en los años noventa. Lo que hizo el grupo Olmos fue mantener el espíritu de Crónica pero hagamos un canal moderno y a partir de eso, el canal toma otro color y empezaron los cambios.
—¿Qué fue lo primero que cambió?
—Lo primero fue tener una escenografía. El canal nunca había tenido escenografía, salía con unos cromas horribles y se veían lo que se llamaban las hormigas en el borde de las personas. El canal tuvo una escenografía y estudio propio que es de 360 grados, y la gente no lo podía creer porque tenía cámaras, grúa, parecía la Nasa. También se invirtió en tecnología de transmisión de datos y hoy Crónica es líder, entonces las cámaras las prendés y ya se ven en el control. Cuando entré eran pocos móviles y hoy son un montón; y la parte gráfica fue una revolución para Crónica. Ha cambiado mucho el canal.
—Lo que se ha mantenido es esa necesidad de estar en el lugar transmitiendo en el momento.
—Claro, ese es el tema. Es un desafío entrar a Crónica como era antes porque tenías que estar habilitado para contar cualquier historia. No es que te encargues de hacer la crónica roja, o espectáculos, o sociedad, en Crónica hacés todo. Me acuerdo que cuando me enviaron a Bolivia estaba haciendo una nota de color en Avenida de Mayo sobre una fiesta italiana; me llamaron y dijeron que me iba al otro día a Bolivia porque había habido un golpe de estado, y a la hora estaba viajando a Bolivia donde me tuvieron que sacar por un grupo especial de gendarmería porque me querían llevar preso; ese es el vértigo de Crónica.
—No es apto para cualquiera.
—Es lo que te diferencia, y cuando tienen que elegir entre los 30.000 que son como vos, lo hacen porque sos distinto, creo que va por ahí. Te dicen vas para una guerra y no lo pensás. Además crecés como periodista y aprendés un montón de cosas.
—Es un trabajo vertiginoso.
—Sí, imaginate que en seis meses tuvimos que cubrir un golpe de estado, estar corriendo en el altiplano y ahora una pandemia mundial. Son cosas que antes pasaban en una vida a los periodistas y a nosotros en seis meses. En Bolivia para salvarnos que nos querían matar y ahora intentando zafar de una pandemia.
—¿Cómo se vive la pandemia en Buenos Aires?
—El argentino es argentino. Maneja esas cosas como puede. Acá se pensó que esto no iba a llegar nunca y la gente estaba relajada; el gobierno lo tenía más claro y tomó las medidas a tiempo, por suerte, sino tendríamos la cantidad de muertos que Estados Unidos. En ese sentido el gobierno de Fernández fue muy vivo, de hecho fue más rápido que el uruguayo. Se tomaron medidas mucho antes que en Uruguay, eso me sorprendió. Pensá que un barrio en Buenos Aires o una ciudad como La Matanza tiene la cantidad de población de Uruguay; o la Villa 31 tiene la cantidad de población que mi departamento. Entonces cuando acá se tomaron las medidas de que se cierre todo y se pare el mundo, fue lo mejor que pudo haber pasado. Porque ahora la gente ve que es una enfermedad letal y por suerte abandonó las calles, no hay nadie afuera, pero costó. Yo vivo en Buenos Aires y hay distintos tipo de argentinos; en el Conurbano hay gente que no puede elegir no salir porque vive con lo diario.
—¿Cómo se hizo ahí?
—En ese lugar entró el ejército y pasó algo extraño, porque no es como en Uruguay donde todos tenemos un conocido en el Ejército, entonces se respeta mucho más al Ejército. No estamos volviendo en Uruguay todo el tiempo a la dictadura, recordamos ese momento con dolor pero hubo cosas que se superaron y se dio vuelta la página. Acá, con lo que está pasando está permitiendo la gente empieza a valorar lo que es tener las fuerzas armadas, el ejército, prefectura, los sistemas de salud, que estaba todo muy subvalorado. Imaginate, el Ministerio de Salud con el gobierno de Macri lo habían pasado a hacer una dirección, ni siquiera era un Ministerio, algo que en Uruguay es impensable. Esta crísis ha hecho que la gente tome en cuenta las cosas que son importantes.
—Con el coronavirus, ¿es más complicado trabajar para vos?
—Es un desafío y es como una carrera de postas, es hacer periodismo pero a distancia. El canal me dio una caña, que es un palo con un micrófono en la punta y con eso puedo hacer una nota similar a lo que sería antes. Pero ya no puedo entrar a la casa de las personas, no puedo pedirles que salgan a la calle porque rompería la cuarentena; hay un montón de reglas que hay que seguir para hacer las notas y no estar rompiendo estos marcos que puso el gobierno.