Por: Mariángel Solomita
Yo me hago muchas películas con las canciones". Malena Muyala se imagina un cabaret. Mucho humo. A un tipo tocando en un rincón. "Pienso en el espíritu y en la textura que quiero que tenga el disco. Puro verso (2000, Ayuí), el segundo, es un disco rojo. Desparejo, sucio. No existe el disco sublime. Es una foto de un momento. En este caso es como si me hubieran tomado una transitando".
Hay que saber decir que no. "Yo he invertido todo lo que tenía en un espectáculo o en un disco. Tenés que confiar en tu trabajo, hacerlo valer." Hay dos factores necesarios, dice: el riesgo y la suerte. Hoy Malena vive de su música. Le costó 20 años.
El público estuvo siempre. La primera vez, a los 12 años, en San José (su ciudad natal), en el Teatro Mació. Malena pasaba letra a los actores hasta que la convocaron. Interpretó a una niña que se paseaba por un conventillo cantando tangos.
En el `91 fue el jurado del Primer Certamen Nacional de Tango. "A mí el tango no me da miedo. Yo siento que siempre tuve un estilo propio que me ha dado algún dolor de cabeza, sobre todo con los tangueros tradicionales. Me decían `chiquilina esto tenés que hacerlo así, con más pasión, el final tiene que ser así`...nunca le di mucha importancia. Me parecía algo superficial." Le ganó a 350 participantes.
Dos años antes, cuando llegó a Montevideo, tenía otro objetivo además de cantar. Se inscribió en la facultad de medicina. Cursó el primer año. Luego el concurso. Luego su participación en la Antimurga BCG junto a Jorge Esmoris. Y en 1998 su primer disco, Temas pendientes (Ayuí).
Ahora, en 2011 debería cursar el cuarto año, pero la medicina quedará una vez más relegada a las lecturas diarias, por placer. Malena termina el 1° de julio la gira "Pebeta de mi barrio" por los barrios de Montevideo. Se va a Cuba. Un mes en Inglaterra. Otro mes en España. Nueva gira, "Criollita de mi barrio": 10 departamentos del interior del país. Y la edición del libro con las historias barriales, tangueras, que los vecinos pueden enviar a su sitio web. Y la realización del documental, que registra cada uno de estos shows impredecibles, que recorren la ciudad generando espacios alternativos. Construyendo con el público. Creando junto a las comparsas de cada barrio que la recibe con un respeto y una complicidad que le hace buscar el sentido a esto que está ocurriendo: "al evento artístico en comunicación con la gente."
-¿Qué aprendés de la gente?
-Todo lo que soy como artista. Muchas veces, cuando te transmiten lo que sintieron, cómo lo interpretaron, eso es lo que a vos te enriquece. Te marca el camino.
Hace 10 años los escenarios extranjeros eran impensables. Estas giras también. Son gratuitas. Están financiadas por empresas privadas, en su mayoría debido a que el proyecto ganó los Fondos de Incentivo que otorga el Ministerio de Educación y Cultura. "Además hace 10 ó 15 años no se le daba importancia al tango. A medida que ha pasado el tiempo el público cambió totalmente, mi público cambió. Es muy heterogéneo. Está pasando que viene gente muy desestructurada: les gusta el tema y punto".
Viajera (2007, Bizarro) fue un punto de inflexión. "Tiene muchas composiciones mías y casi todas son milongas. Ahí empecé una búsqueda hacia el milongón, que te lleva directamente de la mano al candombe y por ende al tango. De hecho hay una frase de Zitarrosa que dice `el tango es hija de la milonga como la milonga es hija del candombe`. A partir de ahí comprendí que el tango abarca mucho más de lo que generalmente se concibe. Yo me siento muy cómoda en este tango, que me parece que tiene mucho de las raíces de la música uruguaya, hasta de folclore. Siento que puedo crear más en este territorio que en el tango más ortodoxo".
-¿Tú te sentís tanguera por arraigo por una cuestión de intereses? Me refiero a las posibilidades interpretativas que te da este género...
-Yo me siento tanguera. Desde niña decían Malena canta y canta tangos, pero yo siempre sentía la necesidad de explicar qué tangos hacía. En el tango me siento cómoda, me permite hurgar más dentro de mí que otros géneros. Pero no te imagines el prototipo de mina de medias caladas reventando los finales. Muchas veces cuando veo ese tango tan estereotipado me parece que se da de bruces con el intérprete, porque tenés que interpretar de esa forma solamente, la que permite el tango más arrabalero. No te permite ser libre, te metés en un traje que te queda apretado.
-Hace algunos años decías que el problema del tango era que muy pocos se animaban a componer, ¿hoy qué pensás?
-Que no hay muchos compositores tampoco. Sigue siendo un terreno medio desierto. Fijate la cantidad de gente que está interpretando y cantando ahora y mirá el repertorio. Recurrís a temas que ya están en el repertorio tanguero o de otro género que lo adoptás al tango, o te vas a los tradicionales de toda la vida.
-¿Cuáles son los problemas del tango?
-A mi modo de ver hay mucha gente haciendo tango y me parece que muchos de los grupos, sobre todo en Buenos Aires, parecen cortados por la misma tijera. Uruguay estuvo mucho tiempo alejado del tango, como que le cedidos la posta a Buenos Aires. Y ahora es volver a mirar un género que lo dejaste un día en un cajón. Se da una nueva conexión con el género. Me parece que la gente que se acerca a interpretarlo está tratando de buscar su propia impronta, con más responsabilidad, sin copiar otros modelos que ya existen. Yo estoy muy entusiasmada con lo que está pasando en este momento en Uruguay.
-¿Falta animarse a dominar el género?
-Sí. Lo que pasa es que el tango es difícil de componer. A mí me pasó en Viajera: la mitad son composiciones mías, la otra mitad las dejé fuera. Es difícil el color del tango, son temas muy profundos. Primero tenés que ver qué querés decir, luego si tiene que ver con esa temática, respetando también que tenés canciones de compositores mayores. Después hay otra veta que a mí no me atrae que es la del tango de parodia, el más lunfardo, el de la mina y el bulín y me dejaste...110 años atrás era así porque los tipos componían así los tangos. Una situación que estamos viendo ahora la escribían en el momento. Luego surgió la época de los grandes poetas en los años `30, `40, `50 ya hablaban de otra cosa. Pero en 2011 volver a escribir un tango como hace 100 años yo no le veo el sentido.
-¿Harías un disco sólo con temas tuyos?
-Capaz que sí. El próximo puede ser. Cuando uno recién empieza el camino tenés determinados reparos: qué le parecerá a la gente, qué crítica le van a hacer...A mí cada vez me importa más que el disco me guste a mí. Justamente como cada vez me importa más el receptor es que cada vez tiendo a creer que cuando a mí realmente me guste, eso va a ser lo más auténtico que puedo hacer. Creo más en mí.
-¿El tango te hace bien?
- Sí, me hace bien. Me enseña mucho. Más que nada eso que decíamos de la generación de compositores que empezaron a ver cosas de la esencia del ser humano y la plasmaron. Te enseña el tango.
-¿Por qué cantás?
-Eso no lo puedo responder todavía. Cantar siempre estuvo en mi vida, desde niña. Yo realmente no sé cómo surgió. Tengo fotos mías a los tres años...me paraban en una silla y me decían `cantá`. Si pienso en mi infancia, pienso en estar cantando.